Metejón. En el lunfardo define un «enamoramiento», «estar metido con alguien». Fue así para Carlos Salvador Bilardo una noche lluviosa que obligó al saco con la «T» de técnico, figura triunfal que en sus brazos al cielo recordó a su maestro fallecido un año antes. Estudiantes gritó campeón del Torneo Metropolitano 1982, el 14 de febrero de 1983, post guerra de Malvinas, motivo por el cual un boletín de la AFA denominó aquel campeonato de treinta y ocho fechas “Soberanía Nacional”. La locura de la guerra ya había dejado heridas insalvables y algunos de los soldados desfilaron por el campo Pincha una de las tardes durante la campaña.
Visitó a Talleres en Córdoba para el desahogo de todos, curiosamente, la provincia donde había sido la primera prueba ante Instituto.

La memoria colectiva guardó a aquel once como uno de los que más brillante en el trato del balón. El “Narigón” juntó a dos manijas, Sabella (llegó en el ’81) y Trobbiani (refuerzo del ’82, luego de estar en el Boca de Maradona). A «Pachorra» y a «Mandrake» era casi imposible sacarle la pelota. Y a falta de Patricio Hernández —transferido a Italia a mediados del ‘82— se sumó un tercer guitarrista, el mendocino Ponce. La ingeniería del doctor tuvo a Camino que arrancaba a las espaldas del equipo, como 4 (con la número 2) y terminaba en una diagonal para llegar de 9 y cara a cara con la defensa o el arquero. Arriba, Gottardi y Trama pusieron el gol. Atrás, los rústicos Landucci, Lemme —dos nuevos—, y hombres hechos en la casa, el «Tata» Brown y el “Petiso”Herrera que en la última parada jugó infiltrado en un tobillo tras la batalla de la anteúltima fecha con Vélez. Había garantía en la valla, Delménico.

Ningún Pincha tenía en la cabeza que ese lunes se saludaban los Enamorados, porque la única que cabía ese día en las almas futbolera era el romance con la gloria perdida tras el último título de 1970 con Osvaldo Zubeldía, el maestro que había dejado este mundo un día triste de enero de 1981.
La movilización en micros y automóviles a Córdoba fue copando el que llamaban “Chateau Carreras”, hoy Estadio “Mario Kempes” desde la reforma para la Copa América 2011.
La previa empezó en los hoteles, en el centro donde se cruzaban varios hinchas, sin problemas. Pero puertas adentro crecían los nervios del “Flaco” Bilardo, que en el hotel Astoria reunió a dos de sus lugartenientes en el campo, Russo y Brown, para descargarles una necesidad… “Estoy harto de escuchar a los jugadores de Independiente hablando cosas de Estudiantes. Llámelo a Trossero (pidió a Brown), y vos Miguel hablale a Marangoni (encargó a Russo) para jugarle un partido donde quieran, y la recaudación se la lleva el ganador”. La “pica” con Independiente que, más tarde, fue la unión de figuras en el camino hacia el Mundial de México ’86, de la mano de Bilardo, intercalando aTrobbiani, Russo, Ponce, Giusti, Bochini, Marangoni, Burruchaga, Clausen, Camino, Agüero…

En la última fecha El Rojo le pisaba los talones y jugaba a la misma hora con Instituto, a pocos kilómetros. El Pincha iba un punto arriba, una diferencia que empezó a marcarse en la fecha 20, de un torneo que en las últimas doce generó el interés del país, que ya hacían sus apuestas por alguno.
Estudiantes liquidó a Talleres 2 a 0, con un penal cometido a Sabella (manotazo al pecho para frenar sus amagues dentro del área) y la ejecución violenta de Brown, de manual, a lo Brown. El segundo fue una obra maestra del contraataque encarnada en Gottardi.

La algarabía fue desatando cánticos y abrazos ante las cámaras del periodismo. La senda había sido áspera, no exenta de problemas cuando se registraba algún atraso de hasta dos meses en los pagos de sueldos y los premios. Sin embargo, el sudor de los muchachos no levantó prácticas. Y siguió siendo puntual a la hora del trabajo. «Si se dice a las doce, es a las doce» (Bilardo, creyente de la disciplina).
La propuesta del DT que contagió a la mayoría de sus jugadores con futuro de entrenadores. El León versión ’82-’83 marcó sus diferencias también con el “trabajo de pizarrón”, dibujando el DT jugadas con pelota parada; mentalizando a cada uno, según sus roles, a través del análisis de video cuando no era frecuente, hace 43 años. Tuvo la empatía del profesor Ricardo Héctor Echevarría, en la preparación física, y la alquimia del doctor Roberto Marelli, entre la salud y la fe.
A veces no sobraba nada y alguna tarde en 57 y 1 se rugía por un gol “con rabia” como el que hizo Trama ante Platense, que dirigía Eduardo Manera, posteriormente el sucesor de Bilardo cuando éste se fue a la Selección y el “Oveja” repitió con doble corona en junio del ’83.

El grito espontáneo bajaba de la tribuna y de la platea… “Se siente, se siente, Osvaldo está presente”.
Aquel Estudiantes fue un tubo de ensayo para ese salto de nivel que logró el “Narigón” en México ’86 mientras los analistas del fútbol continúan preguntándose si, de continuar el doctor en La Plata, no hubiera logrado otra Copa Libertadores de América. «Siempre digo que hay tres rayos: jugadoes, cuerpo técnico y dirigentes. Si uno de los tres falla, la bicicleta no camina. En Estudiantes funcionaron los tres». Cuando se fue, a varios en la comisión directiva les dolió por el esfuerzo, algo que manifestó siempre Nelson Oltolina, el vicepresidente primero del Club durante la exitosa gestión de Raúl Gerardo Correbo.

El amor propio de Bilardo fue inmortalizado en su voz entrecortada por radio Mitre desde la más honda emoción de su ser, cuando Ricardo Ruíz le acercó el micrófono y le preguntó a quién se lo dedicaba…
—Es para Osvaldo… Es para Zubeldía.

HINCHAS INMORTALIZADOS EN LA FOTO DE EL GRAFICO
En épocas donde las comunicaciones distaban de ser las actuales, leer el diario —en mano— y conseguir un ejemplar de la revista deportiva número uno —El Gráfico— eran los trofeos de cualquier hincha para guardar en ocasiones especiales. Los Pinchas se movilizaron como pudieron, en épocas de bolsillos flacos, en un país en un país en dictadura, a punto de una guerra, sumido en una debacle social.

Las historias son dignas de una película. El día anterior salieron en un BMW, Juan Cancio (había viajado a Inglaterra siendo un adolescente en la gesta del ’68 y luego fue miembro de Comisión Directiva) junto a Edgardo “Pichi” Mariño (fue miembro del Tribunal de Disciplina y Comisión Electoral del Club por casi 30 años), Jorge Pelitti, y dos personas que ya han partido, Carlos Roberto Romero Mc Intosh, y el papá de Juan Cancio. Se hospedaron en el Hotel Crillón, que habían reservado sin saber que ahí mismo se encontrarían a la delegación de Independiente. “El fana de Pichi dijo que no se quedaba ni loco y nos cambiamos al Hotel Astoria que era la concentración de Estudiantes”, explica Cancio, para luego remontar su memoria prodigiosa al post partido: “Era tarde y nos hicieron de comer en el Hotel de la avenida Colón, y nos permitió compartir los festejos con los jugadores. Así fue que estuve presente cuando Ricardo Ruíz (periodista que trabajó esa noche con Víctor Hugo) vuelve a sacar al aire a Carlos Salvador Bilardo (ya lo había hecho en la cancha) y vuelve a recordar con lágrimas en los ojos a don Osvaldo Zubeldía”.

«A la mañana siguiente regresamos a La Plata (cuenta Cancio) no sin antes pasar por la puerta de la AFA a las primeras horas de la tarde con el cántico Estudiantes Campeón, Estudiantes Campeón, aunque la AFA no quiera, la p m que lo parió«. Este socio, y habitué del café El Costa Azul, tradición platense hoy en la calle 9, entre 48 y 49, comparte otra anécdota personal de esa vivencia. «Pasados los días, el famoso reportero Ricardo Alfieri, hijo, me dio una cita para que fuera a buscar la foto a la revista El Gráfico dándome una recepción importante. ¡Un genio!. Me la regaló en diapositiva y me dijo el laboratorio cercano donde podía ir. Por supuesto que desde ese mismo día tengo impresa esta foto». Si bien no salió publicada quedó en el lugar donde más importa: en el corazón del hincha.

Quedaron retratos, videos que saltaron la nostalgia del VHS a una versión moderna digital..Los diarios ya amarillentos cuentan historias mínimas, como que «dos Estudiantes dieron la vuelta olímpica con 48 horas de diferencia, el de Río Cuarto y el platense». Y la pluma veterana de «Mercurio», que caminó con Cermele, uno de los 36 fotógrafos. La mayoría eligió estar con el puntero, porque otros 25 fueron a Alta Córdoba, la cancha de Racing donde fue local Instituto. Y el aeropuerto con periodistas famosos como el Gordo José María Muñoz de La Oral (otro que fue a la final de Manchester), el uruguayo Morales, Zavaterelli y su moño, los Varela de La Plata y el «final final» que por radio Provincia atronó en la voz de Barinaga.
Dos días después, siguió en La Plata con el partido homenaje al campeón, el miércoles 16 ante Temperley. La ciudad se había vestido de rojo y blanco y hasta la estatua del General San Martín fue vestida para la ocasión.



