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Mujeres platenses: Juana Cortelezzi y su legado en la UNLP

Juana Cortelezzi: la primera doctora en Ciencias Naturales de la UNLP y la mujer que abrió el camino a las científicas en las aulas platenses.

En la historia de La Plata, hay mujeres que no solo estudiaron la tierra, sino que movieron sus cimientos: Juana Cortelezzi fue una de ellas. Nacida en nuestra ciudad el 8 de marzo de 1887, era hija de inmigrantes italianos. Su padre, Don Pedro, fue un humilde obrero de la construcción que llegó a ver a sus cinco hijas consagradas a la vida universitaria.

Juana fue la gran pionera de la familia. En 1909, se convirtió en la primera mujer en obtener el Doctorado en Ciencias Naturales en la Universidad Nacional de La Plata.

Una carrera de «primeras veces»

Su ascenso en la academia fue imparable. En 1933, marcó un hito histórico al ganar por concurso el cargo de Profesora Titular en la cátedra de Mineralogía y Petrografía.

Con este logro, se transformó en la primera mujer en alcanzar una titularidad de cátedra en toda la historia de la UNLP.

Su especialidad eran los minerales. Su tesis doctoral sobre el «Ámbar de Magallanes» fue el primer análisis científico de un ámbar sudamericano, clasificando una pieza de millones de años.

Innovación en las aulas y en la ropa

Juana no solo vivió entre rocas y laboratorios. Entre 1934 y 1939 fue la rectora del Colegio de Señoritas (hoy Liceo Víctor Mercante). Ahí, revolucionó la enseñanza: fue la primera en sacar a las alumnas de las aulas para aprender ciencias directamente en la naturaleza, a través de excursiones y salidas de campo. Incluso cambió el uniforme escolar: reemplazó los incómodos bombachones y faldas pesadas por shorts y remeras, buscando que las jóvenes tuvieran libertad de movimiento para el deporte.

El legado de la «sabia platense»

Su pasión la llevó a recorrer las universidades más prestigiosas del mundo, como la de Heidelberg en Alemania, donde representó a la UNLP como embajadora científica.

Incluso después de jubilarse, su espíritu seguía intacto: a los 53 años participó de una expedición científica al cerro Aconcagua junto a grandes expertos de la época.

Falleció en 1973 y sus restos descansan en el Cementerio de La Plata. Hoy es recordada como una de las «Cinco Sabias» de nuestra universidad, una mujer que demostró que el techo de cristal se rompe con estudio, audacia y vocación.

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