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25 de agosto de 1986: cuando Toronto City hizo patria por los pibes

Al club de calle 518 y 140 lo caracteriza el especial amor por los chicos y las chicas, a las que le da la contención de la pelota de fútbol infantil hace cincuenta años. Sigue en la misma liga de origen, LIFIPA. Cada 25 de mayo celebra su cumpleaños, por la inauguración del campo de juego. Sin embargo, la historia de los rojos comenzó en 1973

La Agrupación Deportiva Toronto City Football Club sigue vigente en LIFIPA, la primera liga infantil de fútbol que tuvo la ciudad hace cincuenta años. Eran los tiempos en que un puñado de clubes se organizaron en la fiesta familiar de la pelota, cuando recién iba tomando impulso e interés. No superaba la docena, y entre ellos estaban Toronto, con su camiseta roja, Alianza La Plata, Saladero, Ringuelet, YPF, Protto y Pomerich, Peñarol Olmos, Los Hornos, For Ever, Victoria, El Rayo de 521.

La idea fundadora fue de Ruben Escudero, ex jugador de fútbol amateur del Club Gimnasia y Esgrima La Plata que luego continuó su carrera en Canadá, país donde vivió y jugó… para Toronto City. Este fue un equipo de fútbol canadiense que competía en la United Soccer, una de las primeras ligas de los Estados Unidos, ya desaparecidas.

Fachada actual de Toronto City, afiliado a LIFIPA

Al regresar al país, el hombre siguió absorto en su amor a la pelota. “El gran Ruben Escudero nos veía jugando en la calle, se recorría la avenida 32 de punta a punta, frenaba y nos invitaba a jugar en Toronto. Era un detector de talentos”, define hoy Favio Vaglica, uno de aquellos chicos que encontraron en Escudero a un padre deportivo.

Además, era transportista escolar y en su camioneta pasaba a buscar a sus “jugadores” para llevarlos a entrenar a unos terrenos del Estadio Provincial (hoy Estadio Unico). Armó buenos equipos, especialmente a la ’69, que se consagró campeona en los cinco años que le tocó la experiencia de la cancha chica. Ese equipo le prestó a la liga a varios pichones de cracks para integrar la selección.

La 69. Enloquecían cada vez que los veían jugar

Y esta «fotaza», de una lejana noche, tiene a la 69. Fue un verano en que el histórico presidente los llevó a jugar el Torneo «Víctor Nethol» que organizaba Gimnasia. Parados: Pablo Ventura, Alejandro «Moncho» Díaz (el arquero, hoy presidente de la Asociación de Basquet), Fernando Llanos, Adrián Malacalza, Diego De Marziani; agachados: Esteban Vernazza, Claudio Combi (también cumple años los 25 de mayo), Diego Alvarez, un niño rubio y Favio Vaglica.

También la ’68 dio la vuelta olímpica en los dos últimos años. Son los de la fotografía que verá a continuación. Arriba: Walter «Queque» Fonseca, Martín Escudero, Fernando Bernazza, Mariano Negri, Marcelo Sambraello, Diego De Marziani; en cuclillas: Andrés Botargues, Mariano Cowen (fue presidente del Lobo de 2021 a 2025), Pablo Sarlo, Diego Alvarez, Jorge Onofri.
También se recuerda a una muy buena ’71, que en la temporada 1984 de LIFIPA igualó el primer puesto con Saladero. ¡Grandes clásicos fueron los de los rojos de Toronto con los tricolores de Berisso!

La ’68, dos veces campeona de LIFIPA

Pero pasada más de una década no tenían la cancha propia. A la hora de jugar oficialmente, lo hacían en la calle 23 y 38, pleno barrio de La Loma, alternando con Alianza, y más tarde con Fletes, un sábado cada uno. Durante varios años, el escudito que estaba bordado del lado izquierdo de la camiseta era la flor que representa a Canadá, país que este año albergará la Copa del Mundo junto a México y Estados Unidos.

Gracias a la colaboración de todos los padres compraron el lote de 140 y 518, en lo que se conoce por barrio Las Quintas, o también la localidad de San Carlos. “Me acuerdo que estuve en esa transición”, comenta Facundo Besada, uno de los pibes de la ’74, hoy director técnico profesional. Varios conocen lo que significó comprar esos lotes con la determinación de todos los padres, un manojo de familias que creían en la unión y en la solidaridad.

La imagen de arriba es la 74 que orientaba don “Manolo” Jurado, posando con los chicos en la polvorienta cancha de YPF. De pie: Mariano Alberto, Amílcar Alvarez, Alejandro Morandeira, Luciano Scatolini, Federico Meza. Abajo: Maxi García, Luque, Ezequiel Albertini, Aztorica y Facundo Besada.
“Toronto vive orgulloso” titula una revista deportiva editada en La Plata, en 1986. Durante los días que brillaba Maradona y el doctor Bilardo conducía a la Selección Argentina a la cima, un 25 de mayo inauguraba su campo de deportes y recreación Toronto City, que entonces «era un ejemplo para sus pares». La misma editorial reflejaba en los números anteriores «la carencia alarmante de infraestructura en instituciones del fútbol infantil.
Norberto Lerda entonces presidía a Toronto City. Ya el “Beto” era un referente y cuando hablaba, era como si Toronto hablase de Toronto. “Para nosotros la integración es una filosofía. Una forma de vida. ¿Sabes que las familias vienen a ver a los chicos con la reposera abajo del brazo y los bolsos colgando? La idea fue formar un grupo de amigos cuyos chicos jueguen al fútbol juntos y que la amistad sea una constante. A Toronto casi no viene gente que ve a sus chicos y se va. Vienen desde la mañana y se quedan hasta entrada la tarde”, comentaba a Competencia, aquella reliquia periodística.

Revista Competencia. Una categoría con el escudito de la «flor»

Toronto refutaba con su gran realidad de la cancha que hoy disfrutan las nuevas generaciones. “Los fondos que nos permitieron encarar las obras (decía Lerda) son mérito indiscutible de las familias. Pusimos de nuestro bolsillo y conseguimos importantes donaciones en beneficio de la institución. Todas las mejoras pertenecen a Toronto, porque así está previamente convenido por ley”, declaraba Lerda. Además, ya encaraban las canchas de vóley para que se diviertan las nenas y los chicos que no juegan al fútbol, y la construcción de un quincho y parrillas para que la gente se pase el día a gusto.
Norberto Lerda le llamaba “monitores” a los responsables de cada categoría. El presidente condujo a la ’73, el “Gallego” Manuel Jurado a la ’74, Héctor Morandeira y Oscar Plez a la ’75, “Coco” Escudero a la 76, Ruben Morandeira y “Tito” De Pietri a la 77, Ruben Montoni y “Tito” García a la ’78, Luis Raimundo a la 79, y Oscar del Gesso a la 80.

Temporada 2026. El escudito vigente en las camisetas

Los clubes infantiles jamás forman solamente futbolistas. Forman personas. Y eso se vio con otras camadas, como la ’86 que dirigía David Schenone, de gran calidez humana, quien tuvo entre sus pequeños a un par con destino profesional, Sebastián Dubarbier, ex Gimnasia y Estudiantes, e Ignacio Oroná, destacado campeón con Villa San Carlos.
Otros pibes que hicieron una carrera nos dan más nombres y apellidos destacados: Diego Alvarez, quien fue integrante de una Selección juvenil argentina que disputó el mundial sub 16 de China. Alvarez fue de Toronto a River y finalizó su carrera en Chile, donde se encontró con otro ex Toronto, Mariano Negri, arquero de la 68. El “Pájaro” Vaglica es otro caso para subrayar, llegando a ser elegido por la «Bruja» Juan Ramón Verón para incorporarse a juveniles de Estudiantes.

La categoría 1973

Nadie iba solamente a mirar un partido. Se iba a pertenecer. Y esta foto de la 73 es un claro ejemplo, porque mientras un equipo posa para la maravillosa foto, en el fondo una tribuna está colmada de otros chicos que los alientan. De pie: Martín Maiztegui, Pérez Leonardi, Roberto “Tito” Fernández, Hernán Albertini, “Beto” Lerda, Amílcar Alvarez. Abajo: Martín Favre, Juan Pistacho, Carlos Gil y Javier Jurado.
La posibilidad de brindar a la comunidad un ambiente de contención y de recreación es el tesoro más grande que conserva la institución. Pasaron generaciones enteras. Técnicos, delegados, responsables de mesa, chicos que luego llegaron al fútbol profesional, y la mayoría que no pudo alcanzar esa ilusión pero encontraron algo igual de importante: amigos, recuerdos para toda la vida.

Ropa fachera, equipo de amigos. Así forma en la actualidad

“Así es Toronto. Anónimo e indiferente para la opinión pública. Integrador y consustanciado con la calidez de su barrio. No vive en el campo deportivo de 140 y 518, vive en la piel de su gente”, cerraba el comentario aquella revista. Era 1986, un 25 de mayo. El pastito crecía. Y el club ya tendría un espacio propio para siempre.

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