La jura de Daniel Lipovetzky como secretario de Relaciones Internacionales no tardó en generar reacciones. Desde LLA y desde el propio PRO salieron a cuestionar el crecimiento del gabinete de Alak, que con esta designación llega a 24 secretarías. El debate ya instalado no es solo sobre Lipovetzky: es sobre el tamaño del Estado municipal y quién paga la cuenta.
La ceremonia en el Salón Dorado todavía no había terminado cuando las redes ya estaban calientes. El concejal de La Libertad Avanza Juan Pablo Allan fue el primero en alzar la voz con un planteo que no apuntaba sólo a los nombres sino al modelo de gestión. Según publicó en su cuenta de Twitter, con la nueva secretaría el municipio llega a 24 áreas, y detrás de cada una vienen subsecretarios, directores, asesores y más gasto. El argumento central: en pocas semanas ya crearon dos nuevas secretarías, y después, según sus palabras, dicen que no hay recursos.
Allan es concejal por LLA y figura mencionada como posible candidato a intendente del espacio libertario en 2027. Su crítica no es sólo técnica: es estratégica. Conectó el crecimiento del gabinete platense con el discurso de ajuste del gobierno nacional, trazando una línea entre lo que hace Milei y lo que hace Alak. Para el edil, son exactamente contrarios: uno achica, el otro expande. El mensaje hacia el electorado que comparten es claro.
Pero el cuestionamiento no vino solo desde LLA. Martiniano Ferrer Picado, exsecretario de Cultura y Educación durante la gestión de Julio Garro y referente de Tercer Tiempo Argentina dentro del PRO, fue más duro todavía. Según publicó en redes, los platenses ya están haciendo un esfuerzo para sostener lo que describió como el aparato político más grande de la historia de La Plata. Ferrer Picado cerró con una enumeración de los problemas urbanos que, a su juicio, quedan sin atención mientras crece la estructura: inseguridad, baches, falta de iluminación.
La voz más interesante, porque viene de adentro del peronismo, fue la de Juan Malpeli. El dirigente del Frente Renovador publicó una reflexión que esquivó el juicio personal sobre Lipovetzky pero no escondió el malestar: lo que le genera ruido, escribió, es la ausencia del Frente Renovador en la gestión local. Una incomodidad que dice en voz baja lo que otros espacios del peronismo no kirchnerista sienten en voz alta: que Alak construye amplitud hacia afuera del peronismo pero no necesariamente hacia adentro.
Lo que emerge de todo esto es una oposición que encontró en la Secretaría de Relaciones Internacionales un argumento fácil de comunicar: más cargos, más gasto, más política. Alak tendrá que responder esa ecuación no solo en el Concejo Deliberante sino en la calle, donde la discusión sobre el tamaño del Estado tiene cada vez más temperatura. ¿Construcción amplia o refugio para dirigentes sin destino propio?



