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Alberto Delgado se fue y el gabinete de Alak quedó con una pregunta sin responder

Alberto Delgado renunció a la Subsecretaría de Gobierno alegando «motivos personales», pero en el ambiente político platense nadie se tragó del todo esa versión. El hombre que tiene décadas de peronismo encima se va justo cuando el intendente suma figuras ajenas al partido y empieza a construir algo más grande que la gestión municipal. Las razones oficiales y las que circulan en los pasillos no son exactamente las mismas.

La renuncia llegó el miércoles y se comunicó rápido, casi sin ruido. Alberto Delgado, histórico miembro de la «mesa chica» alakista, dejó la Subsecretaría de Gobierno de la Municipalidad de La Plata alegando «motivos personales». La dimisión se dio en buenos términos y el experimentado dirigente se fue en medio de elogios de sus compañeros. El problema con esa versión es lo que no dice.

Delgado no es cualquier funcionario. Es uno de los hombres de confianza más estrecha de Julio Alak, con una amistad forjada durante los años de la dictadura cuando ambos eran estudiantes de Derecho en la UNLP. Había desembarcado en la Subsecretaría de Gobierno a fines de 2024 con la misión específica de fortalecer el vínculo con ONG, clubes, centros de jubilados y entidades barriales, en una etapa en que la gestión municipal buscaba complementar la agenda de obras con mayor presencia política en el territorio. Asumió ad honorem, sin cobrar sueldo municipal, conservando únicamente su jubilación de diputado provincial. Un gesto que Alak se encargó de destacar en el acto de asunción.

Que alguien con ese perfil, esa historia y ese vínculo con el intendente se vaya a menos de dos años de haber llegado no es un dato menor. Según trascendió en distintos medios, Delgado se sentía intrascendente en un gabinete que fue sumando figuras ajenas al peronismo y con poco diálogo fluido hacia adentro. La versión «off» agrega un detalle que la oficial omite: el «Cabezón» habría decidido salir a trabajar el territorio bonaerense pensando en la campaña a gobernador de su amigo Alak para 2027.

El contexto del gabinete le da peso a esa lectura. Pocos días antes de la renuncia de Delgado, Alak había sumado al ex legislador del PRO Daniel Lipovetzky como responsable de Relaciones Internacionales. La incorporación generó rechazos en sectores del peronismo que esperaban ese lugar para «un propio» y dudan de la capacidad de gestión del dirigente amarillo. En ese esquema, la salida de Delgado y la entrada de Lipovetzky cuentan una historia sobre hacia dónde quiere ir Alak: hacia afuera del peronismo duro, hacia una construcción más amplia que le dé volumen provincial.

El tablero político platense se mueve rumbo a 2027 y Alak maneja simultáneamente el plan A y el plan B: la pelea por la gobernación para suceder a Axel Kicillof o ir por la reelección, lo que sería un eventual sexto mandato en calle 12. Cualquiera de los dos caminos exige construcción territorial, y ahí es donde Delgado podría ser más útil afuera del municipio que adentro.

Alak es uno de los dirigentes que más kilometraje acumuló en las últimas semanas en esa carrera implícita que el peronismo bonaerense todavía no oficializó pero que ya todos juegan. Se convirtió en uno de los armadores principales del espacio kicillofista, el movimiento que nuclea a intendentes y dirigentes que impulsan la candidatura presidencial del gobernador. En ese esquema, tener a Delgado caminando la provincia puede ser más valioso que tenerlo gestionando ONGs desde un despacho.

Lo que queda abierto es si la salida fue genuinamente acordada o si hay algo de tensión real debajo de los elogios mutuos. En el gabinete de Alak conviven todos los sectores del peronismo que formaron parte de las PASO de 2023, que presentaron cinco listas. Sostener esa convivencia mientras se suma gente de afuera del partido no es sencillo, y la salida de un histórico siempre puede leerse como una señal de que el equilibrio tiene fisuras.

¿Delgado se fue porque quiso, porque lo empujaron, o porque encontró en la campaña provincial una salida más cómoda que quedarse en un gabinete donde ya no encajaba del todo? En política, «motivos personales» rara vez significa solo eso.

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