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La alfombra de la reina y las latas de cervezas tras la expulsión a Rattín sin tarjeta

Rattín fue una leyenda. Uno de los jugadores adorados por el hincha de Boca y la Selección por su personalidad, por lo que irradiaba a sus compañeros.

En aquellos tiempos jugar al “footbal” en Argentina aún requería de otros empleos extras, en algunos casos. Y Antonio era sacrificio desde pibe. Vivía en una isla en el delta de Tigre, donde tenían cocina a leña, lámpara a kerosene y plancha a carbón. “Mi vieja lavaba y planchaba para la gente de la isla, y yo repartía con el bote y sumábamos unos pesos”.

La vida cambió con la camiseta de la Selección. Sacó patente de ídolo cuando volvió campeón de Brasil, al levantar la Copa de las Naciones de 1964, el trofeo más importante que pudo mostrar la AFA hasta 1978.
“Era un cuadrangular y discutíamos cuánto nos iban a dar por salir cuartos. Estaba Brasil, bicampeón del mundo; Inglaterra, campeón dos años después, y Portugal. Italia se bajó sobre la hora y nos llevaron a nosotros. Nos conocimos en el avión, fuimos sin preparador físico, y en la primera práctica, Pepe Minella nos dijo que cada uno hiciera lo que quisiera. Uno saltaba, otro se estiraba, otros hacían jueguito. Una risa”, recordaba el cinco.
No nos metieron goles: 2-0 a Portugal, 3-0 a Brasil (Rattín anuló a Pelé) y 1-0 a Inglaterra

Rattín

Todo un caso fue el Mundial 1966 en el partido de Cuartos de Final contra los dueños de casa. El partido se vio condicionado por un hecho poco usual en el fútbol de ese entonces: en el minuto 35 el árbitro alemán expulsó a Rattín, capitán albiceleste. Rattín recordaba que “con el sorteo de los árbitros ya la empezamos a ver medio fulera. Eso fue muy alevoso: el delegado nuestro y el de Uruguay fueron citados a las 7 de la tarde para el sorteo, pero llegaron y ya lo habían hecho a las 6. Una cargada. Y justo se dio que Argentina-Inglaterra se lo dieron a un alemán y Alemania-Uruguay a un inglés, ¡qué casualidad! Estaba todo cocinado”.

El dato es que todavía no existían las tarjetas amarillas y rojas, por lo que los árbitros de ese entonces anotaban las amonestaciones y expulsiones en una libreta. El 10 argentino le pedía al alemán un intérprete (no hablaba alemán ni inglés), tal como establecía el reglamento y le había recomendado el técnico Juan Carlos Lorenzo. Entonces, ante la insistencia, el alemán lo expulsó, indicándole con ademanes el camino al vestuario. Entonces, bordeando el campo de juego recibió por parte de los hinchas locales una “lluvia” de chocolates —algunos se los devolvió—. Y el “Rata” no tuvo mejor idea que estrujar el banderín del corner que llevaba los colores de la bandera británica, y provocó con algún gesto a las plateas, motivo por el cual de chocolates pasó a recibir algunas latas de cerveza. Al terminar el recorrido a la altura de la mediacancha se sentó en la alfombra de la Reina Isabel II.


En el segundo tiempo, el delantero Geoff Hurst convirtió el único gol cuando restaban doce minutos.
El futbolista hizo historia en Wembley, porque aquella expulsión derivó en el inicio de las tarjetas rojas y amarillas.
Con el tiempo, la figura argentina no se calló nada. “Ese Mundial estaba preparado para que lo ganaran los ingleses, fijate que después no volvieron nunca más a jugar una final de Mundial o Eurocopa. Nada de nada. Y en la final contra Alemania le dieron un gol fantasma. Aquella Selección Argentina fue la mejor que integré, mejor que la que ganó la Copa de las Naciones. Si el Mundial se hubiese jugado acá, éramos los campeones. Una pena que terminamos segundos en el grupo por diferencia de gol, porque si terminábamos primeros, jugábamos contra Uruguay en cuartos y a Alemania le tocaba Inglaterra”.

¿Qué le discutía al árbitro? “Lorenzo me había dicho que si el juez cobraba mal, pidiera un intérprete, porque yo era el capitán y existía una parte del reglamento que me amparaba. Pedí el intérprete porque el hijo de puta de Kreitlein cobraba todo para ellos. No hice ningún foul violento, no insulté a nadie, sólo pedí el intérprete para que nos dejara de embromar, por eso le mostraba la cinta de capitán. El tipo no me daba bola, se iba, hasta que me echó. El partido estuvo parado como 30 minutos. Salí, me senté en la alfombra, ni sabía que era de la reina, y cuando me iba para el vestuario, me empezaron a tirar chocolates, justó estaba la bandera inglesa en el córner y la estrujé, entonces en vez de chocolates, empezaron a tirar latas de cerveza.

https://www.youtube.com/watch?v=ba868RbY45E

Su relación con Gimnasia

Siendo símbolo de Boca, en pleno torneo de 1962, donde pelearon fecha a fecha el título de campeón con Gimnasia, un gol de Rattín (en contra) definió el pleito a favor de los gimnasistas 2 a 0. Esa tarde primaveral de octubre, en 60 y 118, nació el apodo de “El Lobo”, ya que la campaña de los albiazules era histórica, quedando puntero y con siete triunfos consecutivos. Luego, una recaída del equipo le dejó en bandeja el torneo a los Xeneizes.

Pero el vínculo de Antonio Ubaldo Rattín con la ciudad de La Plata sucedió a partir del lunes 28 de mayo de 1979. Fue su primer entrenamiento como entrenador de Gimnasia. Faltaban seis fechas para finalizar el Metro y el equipo necesitaba sumar para escapar del descenso. Las cartas estaban echadas, porque luego tocó disputar el Cuadrangular “De la muerte”, donde de cuatro equipos solo se salvaba uno. Platense, Atlanta, Chacarita y Gimnasia, que orientado por Rattín no pudo escapar a la B. En Villa Crespo, en la última fecha, el 26 de agosto, el equipo cayó derrotado y por otro lado festejaba Platense. Esa tarde se fueron expulsados Forgués y Rattín.

Rattín y el Mundial

La leyenda del “Rata” y aquel Mundial de Inglaterra fue motivo de recuerdos de la prensa y del hincha en general, toda su vida. “Inglaterra no podía perder ese partido de ninguna manera, el árbitro cobraba cualquier cosa. La gente se dio cuenta de la injusticia, porque el inglés es un tipo leal… Al día siguiente no me quisieron cobrar el taxi ni tampoco en las tiendas Harrods. Entraba a un lugar público y firmaba autógrafos. Hace unos años viajé a Londres con mi señora, invitados a un programa cómico: hicieron una parodia de la expulsión, con un tipo disfrazado de reina y otro de príncipe. Me reí mucho”.

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