Futbol

La crisis de Flybondi golpea al Lobo

La aerolínea que luce en las dos camisetas triperas estuvo casi dos semanas sin despegar un solo avión y concentra el 73% de las cancelaciones del país. El contrato con el club vence en febrero de 2027 y nadie explica qué pasa con la plata.

Cuando en febrero Gimnasia presentó sus camisetas 2026, la novedad no fue el diseño sino los dos logos nuevos: OCA adelante, Flybondi en el dorso. La dirigencia de Carlos Anacleto, que había asumido el 4 de diciembre con el plantel recién salido de un paro por deudas salariales, anunciaba 400.000 dólares frescos hasta febrero de 2027. Cinco meses después, una de esas dos marcas prácticamente dejó de existir como empresa operativa.

Flybondi estuvo desde el 1° de julio sin realizar vuelos regulares y recién retomó parte de su operación el martes 14, con un servicio desde Ezeiza a Bariloche. Los números que informó la consultora Adventus son elocuentes: durante el primer semestre de 2026 la aerolínea concentró el 73,73% de todas las cancelaciones registradas entre las 41 compañías que operan en la Argentina. En lo que va de julio, la tasa de cancelaciones ronda el 92%. La empresa licenció a sus tripulaciones hasta el 30 de septiembre, adeuda aguinaldos e indemnizaciones, y perdió a su único proveedor de combustible como cuenta corriente: YPF le pasó a exigirle pago previo por cada carga.

Para el Lobo, esto no es una noticia lejana de la sección Economía. Ya en abril el plantel quedó varado durante horas en Aeroparque rumbo a Córdoba, porque su propio auspiciante había cancelado todos los vuelos del sábado. Al regreso del partido con Belgrano, la escena se repitió: el vuelo estaba pautado a las 23.30 y terminó despegando a la 1.45 de la madrugada. Un club que buscaba oxígeno financiero terminó atado logísticamente a una empresa que no puede garantizar que sus aviones despeguen.

Detrás de las dos marcas hay un solo nombre: Leonardo Scatturice, el empresario con pasado en la ex SIDE que desde Miami maneja el fondo COC Global Enterprise y que en los últimos dos años acumuló Flybondi, OCA y contratos con el Estado. Su cercanía con Santiago Caputo y su rol como puente entre la Casa Rosada y el entorno de Donald Trump están largamente documentados. En el club aseguran que el acuerdo fue una gestión comercial del vicepresidente Guillermo Ezequiel Ibáñez, que antes había tanteado a Toyota y al Banco Supervielle sin éxito. En el entorno de Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación e hincha confeso del Lobo, niegan que él haya sido el nexo. Nadie explica, sin embargo, por qué un fondo que se define como logístico y aeronáutico decidió invertir 400.000 dólares en la camiseta de un club en crisis justo cuando el Gobierno empujaba el debate por las Sociedades Anónimas Deportivas.

¿Qué pasa ahora con ese contrato? Si la aerolínea no puede pagarle a sus propios empleados ni comprar combustible, ¿está en condiciones de cumplir con los 100.000 dólares comprometidos con Gimnasia hasta febrero de 2027? Ni el club ni la empresa se pronunciaron públicamente sobre el estado de los pagos, y este medio no pudo verificar si las cuotas están al día. La pregunta importa porque la dirigencia tripera usó ese ingreso como argumento central del reordenamiento financiero que prometió a los socios, y porque en paralelo empezó a elaborar una propuesta inspirada en el modelo 50+1 alemán para habilitar capital privado sin ceder el control institucional.

La Administración Nacional de Aviación Civil, mientras tanto, no emitió intimaciones ni multas, y la empresa sigue vendiendo pasajes por su sitio web pese a no poder garantizar la programación. Ese silencio del regulador es el mismo que dejó a miles de pasajeros sin respuesta y a un club de Primera División esperando en un aeropuerto.

El escudo de Gimnasia sigue conviviendo en la tela con el logo de una aerolínea que hoy tiene más aviones en tierra que en el aire.

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