Senado

Sin votos, el Gobierno bajó el capítulo de tierras

El oficialismo llegó al miércoles sin los 37 votos que necesitaba y optó por retirar el punto más resistido del proyecto de propiedad privada. La sesión se mantiene, pero sin la reforma que habilitaba la venta de tierras rurales a extranjeros. Lo llamativo: no lo voltearon sus opositores, sino los gobernadores que suele contar como aliados.

El Gobierno llegó al miércoles con una cuenta que no cerraba. Necesitaba 37 voluntades para sostener la sesión del jueves en el Senado y avanzar con el proyecto de inviolabilidad de la propiedad privada, pero el capítulo más sensible, el que habilitaba la venta de tierras rurales a capitales extranjeros, se le desarmaba hora tras hora. La salida elegida fue sacar ese apartado y avanzar con el resto. La sesión se mantiene para este jueves a las 14, ahora sin el punto que había puesto en jaque todo el armado.

La secuencia dice más que el anuncio. El texto que empujaba el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, arrancó pretendiendo eliminar prácticamente todos los límites a la compra de tierras por parte de extranjeros. Ante el rechazo de los bloques aliados, la jefa del bloque de La Libertad Avanza en el Senado, Patricia Bullrich, ofreció una primera concesión: elevar el tope del 15% al 25% de la superficie de cada provincia. «Los Estados extranjeros no pueden comprar un gramo de tierra», repitió el martes en conferencia de prensa, buscando correr el eje hacia el relato. No alcanzó.

Durante la mañana del miércoles el poroteo terminó de derrumbarse. Los gobernadores Osvaldo Jaldo (Tucumán), Rolando Figueroa (Neuquén) y Gustavo Sáenz (Salta) ordenaron a sus senadoras votar en contra, y desde Misiones Hugo Passalacqua se movió en el mismo sentido. Beatriz Ávila, Sandra Mendoza, Flavia Royón y Julieta Corroza, votos que Bullrich contaba como propios o casi seguros, pasaron a la columna del no. A eso se sumaban resistencias que ya venían del radicalismo, entre ellas la del senador bonaerense Maximiliano Abad, además de Daniel Kroneberger (La Pampa) y Flavio Fama (Catamarca). Con ese tablero, el capítulo no llegaba y arrastraba consigo la sesión entera.

¿Se trata de un repliegue táctico o de una derrota disimulada? El oficialismo elige la primera lectura: salva la sesión, conserva el grueso del proyecto de propiedad privada y avisa que volverá más adelante con la extranjerización de tierras. Pero la foto es incómoda. Una reforma presentada como bandera del programa desregulador quedó afuera del recinto antes siquiera de votarse, y no por la oposición dura sino por los propios aliados, esos gobernadores del interior que el Gobierno necesita para casi todo. Cuando quienes sostienen el quórum son los mismos que voltean el artículo central, la distinción entre estrategia y traspié empieza a diluirse.

El trasfondo tiene capas. La Ley de Tierras vigente fue sancionada en 2011 bajo el kirchnerismo, y tocarla obligaba a Bullrich a dar una pelea simbólica sobre soberanía que excede lo técnico. A eso se sumó la interna: en las últimas horas se abrió un frente entre la propia Bullrich y la vicepresidenta Victoria Villarruel, que preside el Senado, después de gestos de la segunda hacia el kirchnerismo que en el oficialismo leyeron como una jugada en contra en plena negociación. Difícil sostener una votación al filo cuando la conducción del bloque y quien preside la Cámara juegan partidos distintos.

Para la provincia de Buenos Aires, el episodio deja una señal política más que una consecuencia inmediata. El voto negativo de Abad muestra que el radicalismo bonaerense no está dispuesto a firmar en blanco lo que baje de Casa Rosada, incluso cuando el discurso oficial lo envuelva en la retórica de la propiedad privada. En un año donde cada gesto se mide en clave electoral, dejar plantado al Gobierno en el tema tierras no es un dato menor para dirigentes que todavía negocian su lugar de cara a 2027.

Lo que queda es un Gobierno que consiguió su sesión pero perdió su artículo, y un ministro que verá recortado en el recinto lo que había diseñado como una reforma de fondo. La extranjerización de tierras no está enterrada: el oficialismo ya avisó que la reflotará. El interrogante es con qué números, porque los que faltaron esta semana no se cayeron por casualidad.

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