A raíz de diversas medidas tomadas por el Gobierno nacional que dificultan la estadía y el acceso a derechos por parte de migrantes, entrevistamos a Giovana Guedes, periodista brasilera.
En esta nota analizamos los posibles motivos que explicarían determinadas decisiones por parte del Gobierno nacional con respecto al acceso de educación, salud y permanencia por parte de extranjeros.
Recientemente, mediante un Decreto de Necesidad y Urgencia publicado el 10 de agosto de este año, se estableció una modificación en la Ley de Migraciones.
Dicha modificación establece el cobro por parte de instituciones públicas de salud hacia extranjeros que no sean residentes, aunque se harán excepciones en casos de emergencia. Junto a esto, en mayo del año pasado se había establecido una medida similar aplicada a la educación.

No son hechos aislados, sino que se encuentran dentro de una agenda contradictoria en materia de políticas migratorias establecidas por el gobierno libertario. Según el CELS (Centro de Estudios Legales y Sociales), dichas políticas son paradójicas: mientras las tasas migratorias aumentaron un 1500% en 2024, las oficinas y programas destinados a promover la regularización migratoria se desarmaron y se introdujeron obstáculos para obtener residencia permanente.
La paradoja también es llamativa teniendo en cuenta que el Gobierno busca facilitar la venta de territorio argentino a manos privadas extranjeras, reprimiendo aquellas manifestaciones que se resisten a esta clase de medidas.
Para indagar con detalle la situación de las personas migrantes, entrevistamos a Giovana Guedes, periodista de Brasil con residencia en Argentina desde 2022:
- Como extranjera residente en el país, ¿qué opinas de la nueva reglamentación en el cobro de extranjeros no residentes?
»Me parece una continuación de las medidas de expulsión de los migrantes de Argentina. Yo sí lo veo como parte de una política expulsiva hacia la población migrante. No porque mañana vayan a subir a todos los extranjeros a un avión (como el ICE en Estados Unidos), sino porque se empiezan a poner barreras económicas y administrativas para estudiar, para atenderse en hospitales y, en definitiva, para construir una vida acá.
No hay nada que justifique la barrera para acceder a un derecho humano básico, aún más en un país como Argentina, que tiene una de las mejores y más amplias legislaciones acerca de la universalización de la atención médica.»
- ¿Cómo es vivir en Argentina siendo inmigrante?
»El país me trata muy bien. Sé que es un privilegio el sector en que estoy insertada, siendo de clase media, con compañeros que piensan, por lo general, lo mismo que yo. Pero, como alguien que está acá desde el 2022, es imposible no notar la decadencia discursiva, material y de realidad que estamos pasando todos.
Los migrantes no somos una casta, tampoco parásitos. Así como los argentinos, trabajamos en dos o más empleos, muchas veces en posiciones mucho más precarizadas que los nativos, y tampoco llegamos a fin de mes. Lo que antes me parecía una nación con un sentido hacia adelante y hacia lo colectivo, hoy me parece una sociedad que apenas sobrevive y se esfuerza para no morir en el intento».
- ¿Qué es lo que te motiva a permanecer en este territorio?
»Esta ya es mi casa. Aunque no se vea en su mejor momento, quiero permanecer para luchar por un territorio que ya considero hacer parte, antes que huir cuando las cosas van mal».
- ¿Qué le dirías a aquellos extranjeros que no tienen aún la residencia permanente?
»Busquen hospitales provinciales o municipales para atenderse. Quédense lejos de los conflictos en las marchas. Este es un momento delicado, pero no tiene que ser el fin de los que, como yo, vienen a Argentina para cumplir el sueño – dificultado en nuestras tierras – de graduarse.»
- ¿Y qué le dirías a los argentinos?
»Protejan a sus compañeros migrantes. En algún momento o nivel, todos fuimos migrantes. Ya tenemos ejemplos de sobra (con el genocidio originario y de negros esclavizados) de que expulsar a lo distinto no va a «purificar» un territorio, sino empobrecerlo y borrar parte de una historia que es inherente a nosotros.»



