“No soy un extraño, todo el mundo sabe, cuando te amo”. Con esas palabras, Juan Sebastián Gutiérrez, Juanse, salió al escenario del Teatro Ópera de La Plata este viernes por la noche. La frase, tomada de “La Nave”, no fue apenas una canción de apertura: fue una declaración de principios. Casi dos horas después, quedaría claro que el rock de los Ratones Paranoicos sigue teniendo cuerda para rato.
El show arrancó a toda velocidad. “Una noche no hace mal”, “Rock de la calle” y “Destruida roll” fueron algunas de las primeras descargas de una noche atravesada por los clásicos de Ratones, la banda que marcó buena parte de la historia del rock argentino, y por algunas de las canciones que Juanse heredó musicalmente de su gran amigo Pappo.
“Por más que el dólar suba, La Plata sigue siempre igual”, disparó con ironía apenas comenzado el recital, provocando las primeras risas de un público que rápidamente quedó atrapado por el ritmo del espectáculo.
Juanse se encuentra actualmente presentando junto a su banda “Pappo por Juanse Volumen 2”, el disco en el que vuelve sobre canciones de Norberto “Pappo” Napolitano. Sin embargo, en el Ópera platense el repertorio se inclinó claramente hacia Ratones Paranoicos. “Ya morí”, “Rock del pedazo”, “Ceremonia en el hall”, “La Avispa”, “Sucia estrella” y “Rock del gato” fueron algunos de los clásicos que hicieron vibrar la sala.
Y si algo quedó claro durante la noche es que Juanse no está dispuesto a mirar el rock desde la comodidad de un costado del escenario.
A los 64 años, se movió durante todo el recital como si todavía estuviera en aquellos años dorados de Ratones. Se arrodilló para tocar la guitarra, saltó la valla para acercarse al público y hasta recorrió las barandas de las escaleras que conectan el palco con el campo del teatro, con su Gibson ES-355 amarilla colgada del cuerpo.
La banda que lo acompaña estuvo a la altura del desafío. Ponch en bajo, Nico Yud en guitarras, Nico Rafetta en teclados —exintegrante de Pappo’s Blues— y Jero Sica en batería sostuvieron un sonido preciso y contundente. Muchos de los temas se extendieron más allá de sus versiones originales, dejando espacio para largos cruces de guitarras entre Juanse y Yud.
Pero hubo un momento que rompió con todo lo que había sucedido hasta entonces.
Un rato antes, el joven Ramita Puzzo, de apenas 15 años, había sido uno de los teloneros junto a su banda de adolescentes. En medio del recital, Juanse decidió invitarlo al escenario.
“Hacía tiempo que no veía un pendejo con tanto rock and roll como este”, dijo antes de llamarlo.
Entonces llegó “Cowboy”.
Ramita tomó el micrófono y Juanse la guitarra. Los dos terminaron corriendo por las escalinatas del Ópera mientras sonaba una de las canciones emblemáticas de Ratones. “¡No me ves, nadie lo hace como yo!”, gritaba el adolescente frente a un público que ya había perdido cualquier intención de quedarse sentado.
El final parecía haber llegado con “Girando”, presentada por Juanse con una frase que resumió buena parte de la noche: “Voy a tocar hasta que no me dé más el cuero”.
Las cortinas se cerraron. Parecía el final.
Pero el rock, esa noche, todavía tenía un último capítulo.
Minutos después, el telón volvió a abrirse y la banda apareció nuevamente para encender el escenario con “Enlace”. Y recién después llegó el verdadero cierre: “Ruta 66”, la canción compuesta originalmente por Bobby Troup y popularizada en la Argentina por Pappo en su álbum “Caso Cerrado”, de 1994.
Juanse terminó abrazado a sus músicos, con las manos en alto, mientras el Ópera devolvía la última canción con una ovación. Ramita Puzzo volvió a subir para compartir el saludo final.
Sin demasiadas palabras, Juanse se despidió.
Había pasado casi dos horas corriendo, tocando, saltando, cantando y llevando al límite una guitarra amarilla.
A los 64 años, el cuero todavía aguanta.




