En Abasto y Romero, los cooperativistas que barren y limpian los barrios volvieron a plantarse por los sueldos que el Municipio les adeuda. En Abasto el reclamo tiene una capa extra: la gestión de Alak ya cambió tres veces de delegado, de modo que ni siquiera hay un interlocutor estable a quien reclamarle. El telón de fondo es el nuevo sistema de cooperativas que el intendente adjudicó en julio y presentó como un salto de transparencia.
Trabajadores de cooperativas que prestan servicios para el Municipio de La Plata protestaron este lunes frente a la Delegación de Abasto, en 516 bis entre 210 y 211, con quema de neumáticos y un reclamo tan básico como urgente: el pago de los sueldos que les adeudan. La mayoría cumple tareas de barrido y limpieza. Conviene una precisión que la cobertura suele saltear: no son empleados de planta municipal, sino cooperativistas que la Comuna contrata para sostener el mantenimiento urbano, una figura precarizada por diseño y que vuelve a quedar en el centro del conflicto cada vez que se atrasa un pago.
El caso de Abasto no está solo. La misma escena se repite en la Delegación de Romero, donde semanas atrás los cooperativistas ya habían entrado en retención de tareas por el mismo motivo. En esa delegación los trabajadores llegaron a mostrar los recibos firmados por la responsable de la cooperativa sin que apareciera una fecha concreta de cobro. Dos delegaciones distintas, el mismo problema, y una autoridad municipal que hasta ahora no ofreció una respuesta que descomprima.
En Abasto, además, el reclamo se apoya sobre un terreno inestable. La gestión de Alak ya cambió tres veces de delegado en esa localidad desde que asumió, un dato que no es menor cuando lo que está en discusión es quién ordena y garantiza el pago en el territorio. El delegado es la cara del Municipio en el barrio, el primer eslabón al que un vecino o un trabajador le golpea la puerta. Cuando esa puerta cambia de dueño tres veces, el reclamo se queda sin destinatario fijo y termina resolviéndose, como este lunes, con neumáticos ardiendo en la vereda. ¿Cómo se sostiene una interlocución estable con los cooperativistas si el propio interlocutor rota antes de terminar de conocer el barrio?
El contexto ayuda a entender por qué el conflicto se concentra en estos meses. En mayo, tras el Fallo N° 101/2026 del Tribunal de Cuentas bonaerense que conduce Federico Thea, la Comuna quedó intimada a cesar la contratación directa de cooperativas, una modalidad que venía aplicando desde hacía unos quince años. Alak avanzó entonces con licitación pública y, el 30 de julio, adjudicó más de medio centenar de servicios de mantenimiento del espacio público a cooperativas de trabajo, con la UTN a cargo del control técnico. El nuevo esquema ata el pago a la verificación de que las tareas efectivamente se hicieron, con la Universidad auditando calle por calle antes de liberar los fondos. El monto se cifró en torno a los 2.500 millones de pesos, aunque las coberturas difieren sobre si esa cifra corresponde al total del contrato o a un gasto mensual que, proyectado hasta el final del mandato, treparía a unos 45.000 millones.
Ahí aparece la tensión de fondo. La lectura de los movimientos sociales es que la reforma esconde un ajuste, con demoras y recortes que golpean al sector más precario y que en junio ya habían puesto en alerta a unos 800 cooperativistas nucleados en el MTE y otras organizaciones. La del Municipio es que la licitación ordena y transparenta un sistema que antes funcionaba a discreción. Lo que la gestión no oculta es el objetivo económico: al defender el cambio, Alak planteó que el esquema permite reducir a la mitad lo que la Comuna volcaba a las cooperativas para reorientarlo a pavimentación en la periferia. El ahorro sobre el sector es parte explícita del plan, no un efecto colateral.

La reforma tiene un origen que la Comuna no eligió, sino que le impuso el Tribunal de Cuentas, y en lo administrativo el argumento de la transparencia es difícil de rebatir. El problema es que la parte del engranaje que decide cuándo cobra cada cooperativista todavía no tiene la prolijidad del acto de adjudicación, y en Abasto ese engranaje gira sin un delegado estable que lo sostenga. Cada neumático quemado frente a una delegación mide, con bastante exactitud, la distancia que hay entre el anuncio en el Palacio Municipal y lo que pasa en el barrio.



