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sábado, junio 22, 2024

El sabio que trajo la grandeza de Egipto al Museo platense

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La Plata y el país le deben mucho al sabio Abraham Rosenvasser (1896-1983), un egiptólogo argentino que entre 1961 y 1963, ante un pedido de la Unesco, dirigió la misión franco-argentina que excavó y rescató piezas arqueológicas en el sitio de Aksha, en Sudán. Allí se encontraban los restos del templo de Ramsés II, que sería inundado al construirse la nueva represa de Asuán. Una parte de los valiosos objetos que le correspondió a la Argentina es la que se encuentra en exhibición en el Museo de Ciencias Naturales de La Plata.

Ese enorme patrimonio cultural pudo haber terminado en el Museo del Louvre, pero la enjundia de Rosenvasser –la fortaleza de su personalidad retraída y, a la vez, rodeada de autoridad natural- logró que el gobierno de Sudán enviara parte de los fastuosos tesoros de Egipto al Museo platense.

Rosenvasser, que vivió y trabajó durante décadas en La Plata, es un desconocido para el gran público y, aún, para muchos platenses. No alcanzó la repercusión de los más famosos “Cinco Sabios”, a pesar de haber traído al Museo uno de los patrimonios más valiosos, que además sirvieron para convertir a esta entidad en la más prestigiosa de Latinoamérica y también del mundo.

En la Sala Egipcia, abierta al público, pueden observarse una valiosa jamba (dintel) con inscripciones jeroglíficas que aluden al poder de Ramsés II; frisos que permiten inferir sobre la organización social, formas de trabajo y otras referencias sobre aquel imperio; además hay momias, estelas funerarias, cerámicas y otros muchos objetos del suntuoso templo del faraón, construido por el propio Ramsés II en el siglo XIII a de C. Las piezas rescatadas que se exhiben en la Sala Egipcia integran una colección llamada “Fragmentos de historia a orillas del Nilo”.

Cuando Manuel Mujica Láinez lo recibió a Rosenvasser como miembro de número en la Academia Argentina de Letras puso de relieve en su discurso la vida meritoria del investigador, que había nacido de una familia pobre en la colonia judía de Carlos Casares, en el interior bonaerense.

Para decirlo de paso: es curioso cómo la sencillez y el esfuerzo personal, así como la humildad, suelen acompañar en nuestro país a los que más saben, a los que dejaron ejemplos de vida, muchos de los cuales, con la fuerza de su mérito y de su voluntad lucharon desde abajo y legaron al país las mayores riquezas. Y cuando se dice “lucharon”, se habla de las trabas y cesantías que algunos gobiernos reservaron para sus virtudes. Otro ejemplo, también vinculado al del Museo, es el del Perito Moreno, a quien los argentinos le deben la belleza de los lagos del sur y, en suma, la soberanía en la Patagonia.

Cuando lo recibió en la Academia de Letras, dijo Manucho Mujica Láinez que la atmósfera propicia de las grandes bibliotecas y de los museos inspiradores que vendrían después para Rosenvasser “tuvo que conquistarla antes, el paisanito que vio la luz en Los Quince Ranchos, Colonia Mauricio, partido de Carlos Casares, en la provincia de Buenos Aires, y que suele referir cómo, de niño, iba a caballo en pelo, en las glaciales madrugadas, cuidando de no rozar con las piernas, desnudas bajo el poncho, los alambrados hirientes, a una escuela de la Jewish Golonization”.

Testimonios posteriores a la misión en Sudán destacan que cuando algún argentino pasa por ese país, todavía quienes viven allá hablan con admiración de la misión francoargentina que salvó los tesoros de nada menos que Ramsés II, el mayor símbolo de la grandeza del antiguo Egipto. No deja de causar curiosidad que, pese a ello, no es mucha la gente que sabe acá lo que logró Rosenvasser. De allí que las autoridades del Museo platense y de la Fundación se encuentren empeñadas desde hace un tiempo en recuperar el nombre y la memoria de quien dio tanto, sin pedir nada a cambio.

Rosenvasser fue abogado de fuste, pero luego se convirtió en un estudioso bíblico y en un egiptólogo descollante. Fue profesor del Colegio Nacional de La Plata (1923-1942), profesor de la Facultad de Humanidades de la UNLP (1939-1946) y decano de la misma facultad (1957-1958). Fue también profesor de Historia Antigua I (Oriente) en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Sus libros y escritos le valieron, no sólo por el sustento científico sino por la calidad de su estilo literario, su incorporación a la Academia Argentina de Letras.

TESTIMONIOS

El 5 de mayo pasado se inauguró una muestra en el Museo sobre la vida y obra de Rosenvasser y ese mismo día “se presentó en el auditorio el documental “De la Nubia a La Plata”, del director argentino Ricardo Preve, que relata parte de la vida, obra y odisea del sabio. Ese documental se filmó meses antes en el Museo; en Sudán del Norte –donde se conserva la otra parte de las piezas del complejo Aksha excavadas en la década del 60; en la colonia cercana a Carlos Casares donde nació Rosenvasser y en Californio, donde hasta hace poco vivía su hija, la doctora Elsa Rosenvasser Feher, fallecida en septiembre pasado”.

Quien ofrece esos datos es Analía Lanteri, directora del Museo de Ciencias Naturales platense. Este documental, añadió, continuará difundiéndose en el Museo y en otros ámbitos. Lanteri aquí anunció que “en febrero especialistas de la UNLP se aprestan a realizar una nueva campaña en Egipto y un grupo de arqueólogos y antropólogos del Museo y otras entidades comenzarán a elaborar un catálogo completo de la colección egiptológica de la institución”.

Por su parte, la antropóloga y responsable de la Sala Egipcia, María Marta Reca, reseñó los trabajos realizados para restaurar y ubicar a la Sala Egipcia en un lugar preferente del Museo, gestionándose fondos de la Fundación Paul Getty a los que se sumaron los de otras entidades. En estas tareas colaboró activamente Elsa, la hija de Rosenvasser: “La conjunción de trabajar con ella, divulgadora científica y apasionada custodia del legado de su padre –además, claro, del aporte de Perla Fuscaldo, una de sus discípulas y de Kent Severson, experto en conservación-, otorgó al proyecto una calidad indiscutida que es lo que requería la colección Aksha”.

Por su parte, el presidente de la Fundación del Museo, Luis Manzur, señaló su vivo deseo de reivindicar la figura de Abraham Rosenvasser. “Su hija Elsa puso en movimiento esta iniciativa. Homenajear a Rosenvasser es honrar también a los infatigables científicos que apasionados por la búsqueda del saber, sin imaginarlo, cruzan límites insospechados”.

Añadió que “la proeza de Rosenvasser cumple varios pasos: la trascendencia internacional alcanzada por un hijo de “gauchos judíos” arribados al país a fines de 1800, e instalados en el campo, en un inhóspito territorio bonaerense; autodidacta para descifrar jeroglíficos egipcios se constituyó como autoridad en el tema en nuestro país; haber respondido al llamado de la UNESCO para rescatar esos tesoros, y luego vencer la burocracia para que ingresen a la Argentina, y puedan tener su espacio en el Museo, todo eso es muy encomiable.

Manzur finalizó diciendo que “desde su última expedición en 1963 a la primera apertura de la sala en 1977, pasaron 14 años. La figura de Rosenvasser es, como la de tantos otros en la historia argentina, no sólo destacada por su calidad intelectual sino más que nada, por no claudicar ante la adversidad”.

NADIE ES PROFETA…

“Nadie es profeta en su tierra…” dice un conocido aforismo. Y esa verdad le corresponde en parte al Museo. Ya se ha dicho que no pocos platenses lo desconocen. Muchas autoridades locales o provinciales pasan años en sus cargos, sin haber entrado jamás a esta institución. A la que tampoco, claro, le ofrecen recursos, algo que sí hicieron muchas entidades privadas. Ello no impidió que, a lo largo de la historia, lo visitaran personalidades mundiales.

Entre ellas, Alberto Einstein, que quiso recorrerlo cuando vino a La Plata. Décadas después en la visita que hizo al país, el emperador Hirohito de Japón abrió especialmente su agenda para conocer el Museo, al que tanto admiraba y que finalmente pudo recorrer.

Hace pocos días llegó al Museo el famoso astrónomo británico Roger Davies, uno de los “Siete Samurais” que en 1986 anunció el desplazamiento de la Vía Láctea, junto con otras galaxias, cúmulos y supercúmulos, hacia una enorme concentración de materia llamada “Gran Atractor”. Tal como reseñó Manzur, “es astrofísico catedrático de la Universidad de Oxford y vino acompañado por un grupo de catorce astrónomos ingleses”.

Al igual que Moreno y Rosenvasser, el Museo también espera un reconocimiento.

Rosenvasser fue abogado de fuste, pero luego se convirtió en un estudioso bíblico

 

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