El aumento de los combustibles volvió a encender alarmas en la economía argentina. En el último año, el precio de la nafta registró subas que no solo superaron la inflación, sino que en algunos casos la duplicaron, con impacto directo en el bolsillo de los consumidores y en los costos de toda la cadena productiva.
Según un relevamiento reciente, la nafta súper, la más utilizada pasó de $1.173 por litro en marzo de 2025 a $1.920 en la actualidad, lo que representa un incremento del 63,6%. En el mismo período, la inflación acumulada fue del 33,1%, marcando una fuerte brecha entre ambos indicadores.
El fenómeno no se limita a un solo tipo de combustible. La nafta premium aumentó un 48%, mientras que el gasoil registró subas cercanas al 47%. Además, otras petroleras como Shell y Axion replicaron incrementos similares, con variaciones que rondan entre el 59% y el 60% en el caso de la nafta súper.
Este escenario se da en un contexto de mayor flexibilidad en los precios, donde cada estación ajusta valores según la demanda y la ubicación, generando diferencias incluso dentro de una misma ciudad como La Plata.
Si bien la suba internacional del petróleo —impulsada por el conflicto en Medio Oriente— contribuyó a la escalada, los especialistas advierten que el aumento local responde también a factores internos, como la actualización de impuestos y el alineamiento de precios con valores internacionales.
El impacto ya se siente en el consumo. Las ventas de nafta súper cayeron un 3% interanual, mientras que la premium mostró un leve crecimiento, lo que sugiere un cambio en los hábitos de los usuarios frente a la pérdida de poder adquisitivo.
En este contexto, economistas alertan que el encarecimiento del combustible podría trasladarse a bienes y servicios, alimentando la presión inflacionaria en los próximos meses y complicando aún más el escenario económico.



