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Los chapuzones de un Diego Maradona juvenil, que no gambeteaba a las cámaras

Soñaba y abría un ojo pensando que le pedía la pelota a Juancito Barbas, su compañero de habitación, o tirándosela a Ardiles ó gambeteando con el Pelado Díaz o habilitando al Guaso Kempes, hacia lo profundo del área. En la Villa Marista, en Mar del Plata, la Selección de Menotti afilaba el equipo para la Copa del Mundo España ’82.

En otra postal, en las carpas de Manantiales, playas marplatenses, su sonrisa contagiosa lo engancha en un chiste con Patricio Hernández, el otro 10 del combinado argentino y único de Estudiantes que integró la lista en el ’82.

Patricio y Diego, los dos 10

Ayer Diego, como hoy Lionel, aunque todo es distinto y la vida cambia y nos pone aprendizajes parecidos, pero nunca iguales.

El 1 de enero de 1980 ese Diego, de mirada fresca, bonachón y humilde, esperaba el debut ante Alemania por el Mundialito de Uruguay. “Es una obsesión”, confesaba ante un periodista de la revista número uno en deportes. Y pensar que Alemania Federal fue el rival en aquella final de la Copa que lo coronó rey del mundo, seis años después.

Otra foto lo muestra con “Lalo” Maradonaa, un domingo a la tarde posando en un árbol; era 1982 y la quinta de San Miguel. Ya era el crack de Boca Juniors y al otro día empezaba una de sus giras largas.

Los veranos de Diego eran fútbol y familia, y todos los que lo rodeaban vivían una fiesta. Todavía ese pibe jugaba en Argentinos Juniors, y había sido el goleador del Metropolitano pero se lamentaba no haber estado el día que su equipo llegó al subcampeonato.

Pero cuando su arraigo popular era ya planetario, por ahí seguía eligiendo lo simple, como las playas de Marisol, un balneario hacia el bonaerense, donde suelen veranear muchos tresarroyenses. De su estadía, que incluyó un partido, surgió el documental del periodista Raúl Papalardo, «Yo jugué con Dios».

Diego en Oriente, Buenos Aires, disfrazado de rey mago (Gentileza. Carlos Keller)

También hay un Pelusa en Brasil, Copacabana.

Y en 1985, ya en un mes de julio donde jugó un partido para el combinado de estrellas «Amigos de Zico», con Toninho Cerezo, Junior y Rummenigge. Aprovechó el mar, como tantas veces, con una musculosa azul y blanca.

En el invierno, no esquivó las playas brasileñas tras un amistoso
En Copacabana con su hermano «Lalo»

De la selección de fotos que encontró Vive La Plata, pero no en una jornada de calor sino las que en un verano obligan a la campera, está esta tierna postal de un Diego pescando en Esquina, provincia de Corrientes.

En la tierra de sus padres Tota y Chitoro, en Corrientes

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