Ana Mon: la abogada de City Bell que fundó una red de esperanza y llevó el compromiso social de La Plata a las nominaciones del Premio Nobel de la Paz.
La historia de Ana Mon es el relato de una mujer que decidió que las leyes no solo debían leerse en los libros, sino aplicarse para cambiar la realidad de los más vulnerables. Abogada de profesión y vecina de City Bell, Ana transformó su vocación en una misión de vida cuando, a mediados de los años 80, fundó la Asociación Civil «Esperanza de Vida». Lo que comenzó como un pequeño proyecto local terminó convirtiéndose en una red inmensa de contención que cruzó fronteras.
Su gran revolución fue entender que para salvar a un niño era necesario abrazar también a su madre y a su entorno. Con esa premisa, creó la Federación de Jardines Maternales y Centros de Atención de Niños en la Provincia de Buenos Aires, logrando que miles de chicos platenses tuvieran un plato de comida, educación y, sobre todo, dignidad. Su método de «aldeas infantiles» y centros de capacitación para mujeres se volvió un modelo de referencia que fue replicado en varios países de Latinoamérica y Europa.
El impacto de su trabajo fue tan profundo que la comunidad internacional no tardó en reconocerla. Ana Mon fue nominada en varias oportunidades al Premio Nobel de la Paz, situando el nombre de La Plata junto al de las grandes figuras de la ayuda humanitaria global. Sin embargo, para ella, el reconocimiento más valioso siempre fue el de los barrios de nuestra región, donde se la recuerda caminando el barro y las diagonales con la misma convicción con la que hablaba en los foros internacionales.
A lo largo de su trayectoria, recibió distinciones de la UNESCO y fue nombrada Ciudadana Ilustre, pero su legado más tangible está en las miles de familias que lograron salir adelante gracias a su empuje. Ana demostró que no hacía falta vivir en una gran capital mundial para generar un cambio global; solo hacía falta la firmeza de una mujer platense decidida a no mirar para otro lado frente a la injusticia social.
Hoy, su figura sigue siendo un faro para las nuevas generaciones de voluntarios y referentes sociales de la ciudad. Ana Mon no solo construyó jardines y comedores; construyó una forma de entender la política y la solidaridad desde el territorio. Su historia es una pieza fundamental de nuestra identidad, recordándonos que el compromiso con el prójimo es, quizás, la obra más duradera que alguien puede dejar en las calles que lo vieron nacer.

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