Ernestina Rivademar: la pionera de la educación en La Plata que fundó la Escuela Taller para Mujeres y transformó la pedagogía local desde sus inicios.
Ernestina Rivademar nació el 22 de mayo de 1891, apenas unos años después de la fundación de La Plata. Era hija de Basilio Rivademar, un reconocido funcionario que participó activamente en los primeros pasos institucionales de nuestra ciudad.
Desde muy joven, demostró una vocación inquebrantable por el conocimiento y la formación de sus pares. Se integró a las aulas de la Escuela Normal Nacional N° 1 «Mary O. Graham», donde se formaría bajo los más altos estándares pedagógicos de la época.
En 1910, formó parte de la histórica primera promoción de maestras egresadas de dicha institución. Este hito no solo marcó su vida, sino que dio inicio a una tradición de excelencia educativa que identificaría a La Plata como un polo de formación docente.
No se limitó al trabajo en el aula, sino que buscó organizar a sus colegas para fortalecer la profesión. Fue una de las grandes impulsoras y fundadoras de la Asociación de Ex Alumnas del Normal 1, espacio que presidió con dedicación durante años.
Su visión educativa tenía un fuerte componente social y de autonomía para la mujer platense. Por eso, fundó la Escuela Taller para Mujeres, donde se enseñaban artes y oficios que permitían a las jóvenes obtener una salida laboral independiente y digna.
Ernestina entendía que la educación y la cultura debían ir de la mano para el progreso de la comunidad. Fue profesora de Historia y Geografía, materias desde las cuales inculcó a sus alumnos un profundo amor por las raíces locales y el patrimonio de la ciudad.
Además de su labor docente, Ernestina fue una activa colaboradora en la prensa local de principios del siglo XX. Escribió asiduamente para el diario El Argentino, donde sus artículos sobre educación y rol femenino eran seguidos por gran parte de la sociedad.
Su compromiso la llevó a participar de la Peña de las Bellas Artes y de diversas instituciones culturales de la región. Su nombre era sinónimo de consulta obligada en cada evento intelectual que buscara elevar el nivel educativo de los vecinos platenses.
Falleció en 1961, dejando una huella imborrable en la estructura escolar que hoy todos conocemos. Su legado sobrevive en cada rincón de las escuelas que ayudó a fundar y en la memoria de una ciudad que siempre valoró a sus maestros.

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