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Oltolina, empresario e histórico presidente Pincha y de la AFA, celebra 95 años

Nelson Romualdo Oltolina está de festejos. Son 95 carnavales para un italiano que peleó lindo por un desarrollo laboral que, en su caso, lo llevaron a triunfar y a ocupar un sitial de dirigente de bien público en Estudiantes, del que llegó a ser Presidente cuatro años, 1986 a 1990.

Nació antes de que arranque el primer campeonato profesional en la Argentina, dieciséis semanas. Es del 4 de febrero de 1931 y la primera fecha se jugó el 31 de mayo, cuando Estudiantes debutó en 57 y 1 con un 3-0 ante Talleres de Escalada. Al rato, apenas salió a callejear, sus pasos lo llevaban hacia esa cancha de tablones.

Oltolina nos recibe en su casa. Cordialidad, sentido común, lógica, amistad. Adjetivos que saltan a la vista de quien, además, fue miembro del Comité Ejecutivo de AFA (comisión de Torneos y luego de Selección), poniendo punto final en 1990 tras el subcampeonato en el Mundial de Italia. “Hasta acá llegué, Julio (a Grondona). Cuando terminó ese mundial también empezó a a finalizar mi etapa presidencial en Estudiantes”, explica.
Las emociones de la Selección del “Narigón”, al que Oltolina entendió como pocos directivos, había arrancado en 1986 en México, donde integró la comitiva con un conjunto de dirigentes como Fernando Miele, Antonio Alegre, Pedro Iso, Juan Distéfano, Héctor Delmar.

Con el presidente de la AFA tuvo una relación profunda que incluyó salidas al campo de Loma Verde, con sus respectivas mujeres e hijos. “Julio me decía que había que llevar a dirigentes a los amistosos, al menos dos, y me daba el derecho a elegir”.

Aquella época fue inolvidable por las dos finales del Mundo en forma consecutiva.
“¿Te cuento una…?”, se entusiasma y sale con una apostilla de Diego, al que veía fastidioso.

—Cuente del Diez, por favor, adelante
—Era maravilloso, pero también se enojaba como él solo. Nelson, esto no puede ser! (añade un insulto de los que el capitán lanzaba al aire). ¡No puedo ir a comprar cosas para las nenas porque no me dejan tranquilo en la calle’. Hagamos una cosa, Diego. A la una de la tarde no queda nadie, acá duermen todos la siesta’. Lo acompañé y compró cosas para Dalma y Yanina’”.

En 1982 tenía un Aserradero en 122. La actividad era ardua en lo privado, pero la lista de Gerardo Correbo se impuso en las elecciones y fue el Vicepresidente primero.
—Ahí empezó a caminar la AFA
—Fuimos con Raúl cuando tomamos el manejo del Club, y me presenta a Grondona. Las reuniones terminaban en una cenar con los miembros de Comité. Y él, que no era zonzo, me fui arrimando.

Cuadro de primera. Junto a su entrañable Bilardo.



Pero me contrató a Bilardo para la Selección, enseguida nomás que Carlos había logrado el título en Estudiantes. Yo andaba medio chivo porque me lo había robado de Estudiantes. ‘Escuchemé, Nelson, los considero a todos, pero la Selección necesita a Carlos. En esos momentos repartiendo los cargos me pone en la secretaría de Torneos.
—Y usted aceptó…
—Si, pero sabes que paso al tiempo. Me llama Julio, que empezando a hablar con Bilardo no lo entendía… Dice una cosa pero como desconfiado, y al rato dice otra cosa, y al rato otra…
¡Le pido por favor disculpas, pero quiero cambiarlo de secretaría, lo quiero en la de Selecciones.

Oltolina homenajea a Gottardi; detrás, un tal Palermo, alcanzapelotas.

—Usted fue muy popular, Nelson, permítame.
—No… ¿¡Vos querés más popular que el Beto Infante, La Garza Garcerón, el Payo Pellegrina…!?
Solo se le hace difícil ordenar los recuerdos, donde salen ráfagas muy vívidas. Recitará —sin pausas— Ogando; Violini, Ferretti, Garcerón, Villa, Bouché, Gagliardo, Cerioni, Infante, Arbios y Pellegrina. Aprendíamos la formación del cuadro que duraban años.
Vuelve el espíritu pincha a la mesa del quincho. Piensa en su primer contacto como directivo, gracias a Mariano Mangano.
—¿Cómo fue?

Hay palabras que se llevan adentro y no te las compra ni vende nadie, y es la amistad. Sin tener un contacto continuo, nos fuimos encontrando y desencontrando, pero siempre en buena amistad.
Tenía una agencia Chevrolet en el sur, en Neuquén, y como yo estaba con mi empresa de suspensión de automóviles, don Mariano me dice: ‘Nelson, ¿me haría un favor del service de los cero kilómetros? Con mucho gusto. Nos conocíamos como clientes, hasta que viene un día contarme que unos muchachos que jugaban al golf —eran cadis del Swfit Golf Club—, vieron las tierras del Country y quieren hacer una cancha, lo nombraron a usted, porque son de su barrio. ‘Don Mariano… pero no tengo un minuto más en mi vida’. Pero me convenció.

El Country, año ’68. Oltolina inició la cancha de golf.


—¿Y qué le dijo?
—Sé que como es de emprendedor, si se junta con ellos, allá en el fondo del Country hay unas tierras abandonadas y la intención fue hacer una cancha de golf. No era fácil, pero me pasó lo de siempre cuando me pongo a hacer algo. Lucho para terminarlo.

Hablamos de la genética, de un abuelo que vino a “La América” desde Italia. Alfonso Oltolina se llamaba, y fue inventor de la puerta automática del horno de panadería. Se usa todavía, con el sistema de sube y baja y donde entra la pala.

—¿Va al nuevo Estadio UNO?
—No, no fui más a la cancha
—¿Por?
—No quiero saber más nada
—¿Pero tampoco conoce la cancha…?
—Sí, claro, me invitaron. Yo fui uno de los que empecé la cancha. En mi camioneta fuimos con Quique Lombardi y Garcerón a Gualeguaychú para averiguar sobre las tribunas. Las hacían en Córdoba, en Astori, me conecté con los cordobeses  y ahí empezamos a trabajar. Quique hizo el proyecto. Pero tuvimos una peleas con el intendente… Un día, cuando ya llegaba el agua al río, nos invitó al Palacio, estaba el doctor Alak y el secretario de obras públicas. Entramos a su despacho Julio Alegre, Quique Lombardi, yo… No me acuerdo quién más… en este momento. Esgrimían que en el Bosque no se podía hacer un edificio más…
—Querían usar el actual Estadio Unico Diego Maradona… ¿Qué le parecía?
—Tenía mi resentimiento con el Estadio Unico,  pero después lo entendí, y asentí que los dos clubes participen una semana cada uno. Pero en definitiva se dio un poco lo que pensaba, porque el Estadio está en desuso, y veo que es un desperdicio, es para taparse los ojos.

El tiempo cambió todo. La AFA está en el mismo lugar, pero se cuecen otras habas. El tiempo tiene a Nelson en el mismo barrio de la zona norte, aunque antes se llamaba “Villa Alegre”. Y como este buen hombre tiene ante todo esa condición de humano, por sobre las medallas y el mismo poder adquisitivo que fue el fruto de tanto trabajo, volvemos a la niñez, a la época en que se iba a la cancha de Estudiantes, a los amigos con los que buscaban en la laguna a una sapa, la hembra, y jugaban a atarla de una pata y tirarla para ver quién sacaba mas sapos arriba… El que sacaba más sapos ganaba…

Por acá anda Nelson, fenómeno, dispuesto a la charla, con un loro que se posa al hombro y marca «la cancha» para que éste periodista no insinúe tocarlo. Justo a él, un intocable en el mundo Pincha, de los que han pasado dejando huella y con la frente alta.

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