La amenaza llegó simultáneamente a diferentes dependencias de la UNLP, entre ellas la Facultad de Artes, Arquitectura, Ciencias Médicas, Humanidades, Ciencias Jurídicas y algunas áreas administrativas. La reacción fue rápida: evacuación de edificios, interrupción de clases y un operativo interno para resguardar a quienes se encontraban en los espacios afectados. Para estudiantes y docentes, el momento trajo consigo desconcierto, miedo y un fuerte impacto emocional, especialmente en medio del cierre del ciclo académico.
Aunque el nombre Red 764 comenzó a circular en los últimos días vinculado a amenazas similares dirigidas a otras instituciones educativas del país, las autoridades explicaron que no existen evidencias de que se trate de una organización estructurada con presencia real en Argentina. En muchos casos, este tipo de grupos funcionan en foros digitales y redes subterráneas donde se mezclan discursos de odio, simbología neonazi, provocación violenta e intentos de generar pánico a través del anonimato. Sin embargo, la falta de certezas no disminuye la gravedad del episodio, posibilidad de imitadores o individuos aislados capaces de transformar una amenaza en un hecho concreto es un riesgo que las instituciones no pueden desestimar.
Ante la difusión del correo, la UNLP reforzó su esquema de seguridad, realizó las denuncias correspondientes ante autoridades provinciales y federales, y mantuvo un monitoreo permanente en todas sus facultades. Se trata de medidas excepcionales, pero necesarias frente a un escenario donde la frontera entre la intimidación virtual y la acción real se vuelve cada vez más difusa.
Lo ocurrido no solo afecta a quienes estaban dentro de los edificios en los que se recibió la amenaza, sino que instala un debate mayor de cómo proteger los espacios educativos en una época en la que los ataques digitales, la difusión de mensajes violentos y la circulación de ideologías extremistas pueden generar situaciones de riesgo real. La universidad, históricamente un lugar de debate, pensamiento crítico y construcción colectiva, se vio atravesada de golpe por un clima de vulnerabilidad que pocas veces había enfrentado de esta manera. Lo que queda claro es que el episodio expuso una nueva dimensión del problema de la violencia contemporánea, aquella que nace detrás de una pantalla, pero que puede transformar la vida real de miles de personas en cuestión de minutos.



