Lo del apodo obedece a la calvicie, el «Kojak» popular que en los ochenta aparecía en el papel actoral de un detective pelado saboreando chupetines. La vida de Ricardo Daniel Silva, nacido sietemesino el 25 de mayo de 1962 en el paraje rural bonaerense de Adolfo Sordeaux, no es película ni tan dulce como la golosina. Los gustos amargos se cruzaron siempre pero le devolvió como respuesta mucho de hidalguía y honor por la vida, para no dejar de pelear nunca. Ni en cada 2 de abril, cuando en la mayoría aflora la memoria por Malvinas..
Hoy es entrenador de boxeo, feligrés de una iglesia evangélica, y el dueño de los elogios cada vez que se publica una efémeride de alguna de sus 70 peleas ganadas (35 por KO) o de la noche que fue retador por el título Mundial CMB en la categoría de los ligeros.
Sin embargo, al pelado muy pocos lo llaman para hablar de la guerra. Fue uno de los soldados que movilizaron el 2 de mayo de 1982 desde La Calera, Córdoba, donde tiene asiento el Grupo de Artillería Paracaidista 4, una unidad táctica artillería del Ejército Argentino), destino a Comodoro Rivadavia. Allí quedó su dolor y su miedo. Y hoy lo sigue la impotencia de la falta de reconocimiento legal. «Pero avanzo con el juicio, ahora parece moverse con otros abogados, y elijo ver lo lindo que tuvo el pasado… Vengo de dar dos charlas de colegios de José C. Paz donde di testimonio ante los chicos y docentes, y posiblemente tenga una invitación de un colegio privado en la localidad donde vivo, Malvinas Argentinas”.

Habla con un timbre de voz fuerte, seguro, como lo fogueó la práctica del deporte. El ex boxeador tiene buena memoria, ningún golpe lo dejó “loquito” como escuchó tantas veces. “A los 14 mi viejo me quiso llevar al Luna, mi mamá lo sacó volando… Los boxeadores terminan todos locos, Felipe, dejate de joder con tu hijo”. Entonces, empezaba a trabajar, fines de los años ’70, en el bajo Belgrano, en una fábrica. Los años de dictadura, los momentos vividos que se alojan en un rincón en sombras del alma. “1978… apagones de las luces del Cabildo…. En el barrio Belgrano donde estaba se escuchaban los aviones, porque estábamos a punto de pelear con Chile”. Al rato, de la fábrica al servicio militar, porque el sorteo radial le cantó número alto: 734. “Me toca paracaidismo militar, en Córdoba, para mí un sueño… Me encantaba. Pero ya el primer día me agarré a las piñas, algo normal (risas). ‘Ey, porteño’, me dice y le pegué”. Supervivencia pura. Los soldados, mitad porteños, mitad cordobeses.
“Cuando llevaba 16 meses y 20 días de colimba, y ya estaba por salir de baja, se declara la guerra de Malvinas. Fui movilizado el triste 2 de mayo. No sabía que pasaba… pero notábamos una tristeza. Nos trasladaron desde Córdoba a Comodoro y ahí quedamos la cuarta brigada aerotransportada. Sino, hubiéramos caído en el mar, en las rocas”.

Todo es pasado, pero también presente. Lo tiene presente y lo recuerda con honor, aunque nuestro país está en deuda. Silva, el ex púgil profesional y actual entrenador, debe pelear el reconocimiento porque figura en el libro de guerra —en una planilla que dice Grupo de Tarea Trueno— pero las trabas siguen sin certificados oficiales. “No cobramos la pensión porque la debe estar cobrando otro”, se lamenta. Los papeles están avanzados, pero por ahora solo es fe, y constancia. A él le tocó le tocó servir en el Ejército hasta la orden de embarcar para las islas, lugar al que nunca llegó.
Le digo Malvinas, me contesta “piel de gallina…”
El guapo púgil que le ganó a la Hiena Barrios y a Sicurella pero los fallos fueron más que polémicos (contra el segundo se sentó en el ring). En 2004 venció a Chacón por puntos. Viajó a pelear a Nueva Zelanda, Australia, Japón, fue cinco veces campeón argentino, dos veces el cetro sudamericano, una vez el latino y, por si fuera poco, peleó por título del mundo.

Vive en Ingeniero Pablo Nogués, partido de Malvinas Argentinas. Da clases, canaliza su vida siempre con la mente puesta en mejorar su vida y la de los demás. Es creyente. Y sonríe al pasar un dato sabiendo que la llamada es desde La Plata. “Soy pincha, creo que acá somos dos o tres pinchas en Nogués, no más, pero orgullosos de serlo”. Hay una bandera en el gimnasio con su caricatura y el banderín estudiantil.
—¿Y por qué eligió a Estudiantes?
—Siempre me gustó verlo, me sentaba en el piso, tipo indio, en el cemento precario de casa donde también veíamos las peleas de Bonavena y Monzón, y también a Estudiantes, la final con Peñarol por la tercera Copa Libertadores, que se agarraron a las piñas. El equipo de la Bruja Verón, de Bilardo. Me hice de Estudiantes porque ganaron y se agarraron a piñas. También ese día estaba defendiéndolos José Menno (custodió al plantel albirrojo). A José lo conocí en la FAB, un capo, que en paz descanse, te hablo de monstruos, Amílcar Brusa, Santos Zacarias y José Menno.
—¿Qué te decía José?
—Me dio un montón de consejos, sobre todo en lo personal. Y era humilde, no soy quién, pero te puedo dar un consejo: Ya no sos un pibe, tenés 38 años.

La lucha por sobrevivir empezó el mismo día de su nacimiento. “Mi papá me fue a buscar con el sulky al medio de la zona donde nací, rural y el doctor no le quiso firmar el permiso de la incubadora, le dijo que no iba a vivir. Papá se negó, lo sacó a empujones. Había una viejita, Margarita, a la que le decía abuela pero no lo era, y fue ella, con la bolsa de agua caliente que me hizo una incubadora. Mi padre fue boxeador amateur y dejó al conocer a mi mamá”.
A los 24 años, mucho después de la experiencia como conscripto, empezó a boxear. Hasta los 42, es decir, “16 años de cuadriláteros”. Una fecha que no olvida: viernes 17-9-2004, en Caseros, vence a Víctor Castro. Le arrebata el título argentino de los ligeros y por cuarta vez saborea una hazaña deportiva… Para él, la mayor de todas, porque la alcanzaba a los “42 años, 3 meses y 22 días, algo que nadie había podido lograr”. Es el más longevo de los púgiles argentinos en quedarse con un título local.
El amor por los puños y las caricias lo unen a Lorena Arce, su esposa, quien dejó viva su huella en el mundo boxísticos por su enfrentamiento con el machismo de la disciplina hace largas décadas.
Partidario de la educación, Ricardo valora el país y la sociedad que hicieron posibles nuestros ancestros. Se agolpan en su mente unas vivencias de su Escuela 48 “Juan José Paso” de Parque Alvear, en Villa de Mayo, hoy partido de Malvinas Argentinas y en aquel tiempo distrito General Sarmiento.
—Creo que recuerda la escuela, quizás, porque usted vive como un docente para sus púgiles
—La educació es todo. Mirá, papá ayudó a hacer esa escuela con el resto de los padres de mis compañeros… La Cooperadora en aquellos tiempos nos decían que llevemos un ladrillo… ¡un ladrillo! Recuerdo que papá donó hierro, canto rodado.
—Maravillosa solidaridad
—No hay que olvidarse. En el barrio no había asfalto y papá con el carro y un sulky salía a conseguir los adoquines e iba haciendo los cruces de las esquinas para no pisar el barro. Las luces en las esquinas también la hacían los vecinos, que se encargaban de prenderla con un palo. ¿¡Qué lindo, no!? Hoy pocos se acuerdan y mucho se demanda al Estado, pero también está en nuestras manos. Hoy los mismos chicos rompen las cosas ó roban.
En el ring, pegaba fuerte, con un golpe ampuloso, “el volado, como le dicen ahora», pero en la jerga de Silva sigue siendo “el zapallazo”. Así ganó por nocaut el 5 de abril de 1986 por primera vez en el debut como amateur en Gualeguaychú. “Tenía la guardia bien arriba, los puños arriba de las dos cien, saqué un directo cortito y hacia abajo, le pegué en la pera y no se levantó nunca más. Después me ponían en la cartelera Nocaut Silva, Anestesia Silva…” Habían pasado recién cuatro años del desembardo de las tropas del Ejército en el conflicto bélico con el Reino Unido.

Así se fue haciendo Ricardo, que volvía a la fábrica y contaba… «Gané… Gané…»
Así fue creciendo, hasta conseguir el título nacional y en la primera defensa en 1991, en Madryn, retiene y con la bolsa va a comprar el terreno de diez de frente por cuarenta de fondo con una casita, donde logró con el tiempo levantar un gimnasio, lleno de enseñanzas, rescatando figuras con un mañana…
Así va pasando el tiempo. Y sobre su vínculo con Malvinas, una deuda que daña por dentro, pero ese ayer está presente, siempre. Sin rencores con la política que maneja los hilos. En sus oraciones sabe bien que “Dios maneja los tiempos”.


