El tenista platense alcanzó un hito en su carrera profesional al levantar su primer trofeo en el circuito ATP, imponiéndose en la final del torneo chileno y consolidándose como una de las mejores raquetas argentinas del momento.
Tomás Etcheverry, uno de los tenistas emergentes más destacados de Argentina, alcanzó un momento histórico en su carrera al ganar su primer título este fin de semana en el ATP 250 de Santiago de Chile. El triunfo no solo marca un antes y un después para el platense de 25 años, sino que también lo posiciona como una figura con proyección en el tenis mundial.
La final del torneo se disputó ante rivales de alto nivel dentro del circuito y Etcheverry demostró solidez, concentración y un tenis agresivo que le permitió imponerse paso a paso hasta quedarse con el trofeo. El título representa la culminación de años de esfuerzo, viajes, competencias y una profunda dedicación de parte del jugador y su equipo, quienes habían trabajado para ir consolidando su rendimiento en torneos ATP y Challengers. Con este logro, Etcheverry no solo suma puntos clave para su ranking mundial sino que también se convierte en una referencia para el tenis argentino, especialmente entre las nuevas generaciones que buscan abrirse camino en el circuito internacional. El platense ha demostrado consistencia y una evolución constante en su juego, lo que le ha permitido ganarse el respeto de sus colegas y la admiración del público.
En La Plata y en distintos puntos del país, el desempeño de Etcheverry fue seguido de cerca por aficionados y medios especializados, que celebraron su victoria como un nuevo motivo de orgullo para el deporte argentino. Su logro reaviva la tradición tenística nacional, que en los últimos años ha contado con figuras importantes y resultados destacados en torneos internacionales.
Tras su coronación, el jugador ya proyecta su calendario de competencias para las próximas semanas, con la idea de consolidarse aún más entre los jugadores mejor posicionados del circuito y plantar bandera en torneos de mayor jerarquía. El título no solo es un trofeo más en su vitrina, sino también un impulso anímico y competitivo de cara a desafíos futuros, incluidos eventos ATP de mayor nivel y torneos de Grand Slam.



