Entrevistamos a Brian Tolenti, líder de El Cuarto Soda, la banda homenaje a Soda Stereo que conquista el mundo. Detalles de su gira mundial y su mirada sobre el exigente público platense.
El fenómeno de El Cuarto Soda no se detiene. Lo que nació como una necesidad profunda de homenajear a un ídolo se convirtió en una de las propuestas musicales más respetadas y convocantes de la escena actual. Tras un demoledor año 2025 en el que sumaron 124 shows con su gira “Clásicos Totales”, este 2026 los encuentra recorriendo escenarios internacionales que van desde Inglaterra e Ibiza hasta estadios para 60.000 personas en Colombia.
Antes de su esperado show, este viernes próximo en nuestra ciudad, dialogamos en exclusiva con Brian Tolenti (voz, guitarra y líder de la banda) sobre las señales que marcaron el inicio del proyecto, su obsesión técnica por el sonido original, la locura de los fanáticos en el exterior y el desafío de conquistar al analítico público de La Plata.

La bendición en la Legislatura y el inicio de la magia de Soda
—Brian, contaste que el verdadero click con la mística de Cerati nació de la pura necesidad de ir con tu amplificador bajo la lluvia a tocar a la Legislatura porteña el día de su fallecimiento. En ese momento, Lilian Clark, la mamá de Gustavo, te miró desde el balcón y te tiró un beso. ¿Sentís que esa mirada fue una bendición o autorización tácita para lo que vino después?
—Lo de la Legislatura fue un día muy especial para mí y para toda la gente que estaba ahí despidiendo ni más ni menos que a Gustavo Cerati. En ese momento yo trabajaba tocando rock nacional e internacional en la calle, en colectivos, trenes y subtes. Hacía canciones de Soda porque sabía que a la gente le gustaba, pero no estaba en plan de armar un homenaje; era como una rockola.
Ese día decidí ir con mi amplificador para cantar todas las canciones que me sabía de punta a punta con la gente. Nunca me imaginé que iba a estar la familia de Cerati en el balcón. Fue un momento muy fuerte. Sobre todo cuando la mamá de Gustavo se apoyó en el balcón, miraba lo que pasaba y, al terminar Juegos de Seducción, me miró y me tiró un beso. Fue impactante, no me lo esperaba.
Al otro día la gente me escribía diciendo: «Flaco, tenés que hacer un homenaje a Soda». Cinco meses después, tocando en el subte, un bailarín de Showmatch (Gabriel Usandivaras) me filmó, se lo pasó a la producción y terminé en la televisión cantando temas de Soda en el ritmo libre. Ahí se abrió otra pantalla y la insistencia de la gente creció. La tercera señal llegó meses después por Facebook: los chicos de la banda, que ya estaba casi armada, vieron una foto de mi amplificador en el subte donde estaban mis datos y me convocaron. Fue el impulso definitivo. Es hermoso pensar, como dice la gente, que Lilian me dio el trabajo de homenajear a su hijo.

El «modo purista» extremo ante la complejidad de Soda
—Muchos músicos se toman licencias al hacer un tributo. Ustedes eligieron el «modo purista», buscando el audio exacto. Pensando en una obra tan diversa, ¿cuál fue el disco o arreglo que más obsesión les demandó en el ensayo?
—Cuando empezamos el proyecto nos planteamos qué queríamos ver nosotros si fuéramos espectadores de un homenaje. Elegimos el camino purista: sonar lo más parecido posible y cuidar la estética, el vestuario, los instrumentos y las visuales. Nos sentamos a ver cada detalle en modo fanático, modo obsesión.
La dificultad en Soda Stereo es constante porque la banda cambiaba de sonido y de propuesta disco a disco. He pasado horas frente a la computadora buscando el audio exacto para una simple intro, como la de Juegos de Seducción.
Si tengo que evaluar la complejidad, Dynamo es un álbum dificilísimo por la cantidad de capas y texturas de sonido que tiene, aunque su ejecución no sea tan compleja. Por otro lado, el primer disco de Soda es un desafío técnico tremendo de ejecución: eran un trío rabioso de ska, sin pistas ni teclados, y tocaban a muchísimas notas por minuto con una velocidad increíble. En la obra de Cerati no existen las canciones sencillas.

GIRA "CLÁSICOS TOTALES" EN NÚMEROS:
+ 124 shows realizados alrededor del mundo durante 2025.
+ Recorrido 2026: Inglaterra, Ibiza y estadios masivos en Latinoamérica.
+ Convocatorias de hasta 60.000 personas en Colombia.
La devoción internacional: Del póster a la religión
—Vienen de recorrer escenarios masivos. ¿Es real que en el exterior se vive una devoción casi mística con la obra de Soda, a diferencia de la mirada más clínica que hay en Argentina?
—Cuando te vas afuera es una locura que no te imaginás hasta que la vivís. El público argentino tiene una energía hermosa a la que estábamos acostumbrados, pero al pisar Colombia descubrimos algo tremendo. En ciudades como Tunja y Pasto la gente se ponía loca a un nivel tipo Los Beatles: nos subíamos a la combi y nos golpeaban los vidrios o nos perseguían en autos al salir del teatro. Nos preguntábamos: «¿Cómo puede ser si somos una banda homenaje?». Lo mismo pasa en Chile o en México.
Creo que tiene que ver con la nostalgia y el valor de lo que viene de afuera. Nosotros en Argentina tenemos cosas increíbles y las naturalizamos. Pero cuando no tenés a la banda accesible y dependés de que viaje para verla, te convertís en la mejor versión de público posible. Es una locura hermosa ver cómo se mantiene vivo el legado de Gustavo en todo el continente.

El misterio de las letras y el enigma de Numeral
—Mencionaste alguna vez que las letras de Soda estaban muy ligadas al ritmo y al contexto de la post-democracia, mientras que el Cerati solista se volcó a la astrología y el esoterismo. Como intérprete, ¿qué lectura hacés de una canción tan críptica como Numeral?
—El quiebre de Gustavo al hacerse solista responde a la necesidad de seguir creciendo artísticamente sin los compromisos de una banda. En los 80, con Soda, la lírica estaba muy atravesada por el contexto social y la política de una Argentina que salía de una época muy oscura; había mucho de qué escribir porque pasaban cosas horribles. Como decía el Indio Solari, te tiene que doler o pasar cosas feas para que las letras salgan más fácil; de la felicidad es difícil escribir algo que no quede vacío.
Cuando Gustavo se queda solo se permite ser libre, explora su madurez, sus viajes y sus intereses personales: la astrología, la cultura maya, las pirámides. El disco Fuerza Natural es su mirada sobre lo que es la vida, algo complejísimo pero súper simple a la vez, con temas fabulosos como Magia.
Con respecto a Numeral, el track oculto al final de ese disco, todavía le sigo buscando la vuelta. Me llama mucho la atención cómo empieza a enumerar las cosas. La numerología que hace el público es muy fuerte: la cuenta regresiva dice «11 yo, 12 vos, 13 paré de contar», y si sumás los dígitos de ese último número ($3 + 1$), el resultado es 4, que coincide con el día de su fallecimiento (4 de septiembre). No sé qué quiso codificar exactamente, pero es una canción maravillosa y un mensaje muy denso que dejó ahí escondido por algo.

El desafío de conectar con el exigente oído platense
—La Plata es reconocida por tener un público melómano, ultra exigente y analítico. ¿Cómo manejan el momento del camarín cuando se topan con esa forma tan particular y respetuosa de conectar con la música?
—Cada lugar tiene su cultura. La Plata es una ciudad sumamente rockera, detallista y observadora; un público difícil a mi consideración. A mí me encanta que sea así porque me desafía a ser cada vez más exquisito con los arreglos, con afinar la voz y con la fidelidad del audio. El objetivo es ir y que noten que mejoraste respecto al año anterior.
En los teatros de La Plata se siente la presencia de hasta tres generaciones cantando las canciones. Y en el camarín, cuando cortás esos 5 minutos en medio del show tras tocar 16 temas, es el momento donde bajás a tierra y escuchás qué pasa afuera: a veces hay gritos, a veces un silencio absoluto de la gente que está completamente conmovida, llorando o abrazada.
El músico siempre convive con los miedos y el nerviosismo antes de salir a escena, y me parece perfecto que sea así porque demuestra la dedicación y el respeto por el público. Sabemos que La Plata ama a Soda Stereo pero exige al máximo que suene bien. Tenemos mucho ensayo encima para cubrir esa exigencia y estamos listos para disfrutar de una noche increíble.
Con la promesa de un show que no solo repasará los grandes éxitos, sino que revivirá la obsesión sonora y la rigurosidad técnica que Gustavo Cerati imprimía en cada una de sus eras, El Cuarto Soda se prepara para pisar suelo platense. En esa delgada línea donde el respeto por el legado se cruza con la devoción de un público que no se conforma con poco, la banda promete colmar las expectativas del oído más clínico de la región. La cita está hecha, las guitarras calibradas al milímetro y la invitación abierta para volver a conectar con una obra que, sin importar el paso del tiempo, sigue demostrando su fuerza natural.
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