El partido duró 94 minutos, descuento incluido. Pero para una familia bien platense y para miles de hinchas que vieron crecer a Martín Palermo en Estudiantes, la historia había comenzado mucho antes y terminó bastante después. El hecho excedió al partido. Al menos así les pasó por la piel a miles de personas, las que lo vieron llegar al Club desde infantiles hasta dar el gran salto a la primera. Entre 1992 y 1997, en torneos locales sumó 90 partidos y 33 goles.
Ese hombre en el banco, parado todo el partido, de buzo gris —hasta que el frío inesperado lo obligó a pedir una campera— tiene una impronta de leyenda, un “aura”, como dirían los pibes ahora. Aura de ídolo.
La imagen de Martín y la de Estudiantes no pueden dividirse. Y ayer el fútbol, con sus historias, puso un regalo al pie de uno de los bancos. Don Palermo, el conductor de Platense, frente a la pasión de su niñez y juventud. Y aunque pasaron tres décadas sin vínculo (el contractual), las emociones fueron por dentro, por el lado humano. Porque hubo otras tres décadas que explican el sentimiento rojo y blanco, que incluye el hincha, el pibe de infantiles y juveniles que gritó ocho veces campeón, y una vez como jugador profesional en la gesta del Nacional B.

Cambió la forma de la cancha, pero el hombre ayer a cargo del equipo rival pisó la misma tierra. Caminaba sin demasiada gestualidad por la zona delimitada, como si quisiera estar ya en la revancha con Fluminense, que será el martes próximo a las 19 por la Copa Libertadores. Vaya destino. En ese banco visitante, si trazáramos una línea recta a partir de Martín, justo en delante suyo —pero del otro lateral—está el palco que le pertenece y que bautizara con el nombre de Eduardo “Bocha” Flores, su formador desde pibe. Todos los palcos tienen el nombre de un ex futbolista destacado. Y allí estuvo su madre, su hermano, algunos sobrinos y los íntimos amigos. “Son los partidos que no queremos vivir… con el corazón partido. Pero está en el fixture y hay que jugarlo”, comenta Gabriel Palermo. Luego, la sangre Palermo se dio la vuelta y llegó hasta las cercanías del vestuario y a la conferencia de prensa.

Eran las cinco de la tarde y el Pincha había vencido a Platense 2 a 1, con la paradoja de dos goles convertidos por puntas bien grandotes, esos de físico privilegiado a los que el tablón y la prensa suelen llamar “roperos” ó “percherones”: Adolfo Gaich (1.90) y Guido Carrillo (1.87), conducen a la imagen de aquel «alto Palermo» (1.88) en tiempos de cortos.
Había una vez que los tablones hablaban de “La Garza”, cuando empezó a meterla en la Reserva (preliminares infaltables de cada fecha). El rubión que un día debutó en primera división (5 de julio de 1992) en la vieja cancha de Ferro, contra San Lorenzo, soleado domingo en Caballito. En el entretiempo oyó la voz del técnico Daniel Romeo: “Vas a entrar por Freddy Vera”. Y peleó todo el segundo tiempo de un aburrido 0 a 0. Casi que no se jugaba por nada, más que para engordar el promedio. Era la decimonovena y última fecha de un torneo de Primera división cuando apareció Palermo, un torneo para el olvido de la falange estudiantil: decimoséptimos. Martín tenía dieciocho años y todavía vivía con sus padres en 9 y 71 (esquina), ahí donde recibía a compañeros de la ’73 para tomar la leche chocolatada. Eran varios y todos con un buen nivel. Desde los arqueros Carlos Andersen y Gastón Sessa, hasta los de campo: Néstor Soria, Claudio París, Leonardo Serfaty, Leonel Casiano, Pablo Milanini, Guillermo Sumich, Adolfo Johsson, Gabriel Bianchi, Andrés Rotondo, Mauricio Miching, Maurcio Balmaceda, Walter Cocimano, Roberto Yuspa, Christian Lan, Leandro Pesce, Darío Segura, Cristian Brito, Gonzalo Gaitán, Esteban Foschi, Christian González, Ciro Ciocchini, Leonardo Evret, Marcelo Pérez, Rodolfo Sánchez, Cristian Encinas, Mario Torres, Juan Indabera, Germán Luna, Carlos Goroso, Gustavo Rojo, Claudio Albarello, Marcelo Cerimele, Claudio Danderfer… ¡Qué camada!

Pero Martín era Pincha desde mucho antes que fichara en el club. Los colores vibraban en la casa, y el mítico Dale León le caló el corazón por designio paterno, del recordado Carlos Palermo, su papá, uno de los laburantes (de Astilleros) que jugó al básquet en Estudiantes. Después, para Martín había una idea hermosa; “querer jugar”. Y para eso tuvo como espejo a su único hermano cinco años mayor. Gabriel Palermo atajaba en la ’68 Pincha, en la cancha chica de 1 y 54. El mismo que ayer agradeció a toda la gente del Club por las atenciones.
Martín llegó a Estudiantes con la confianza que le dio un tipo paternalista, Daniel “Carozo” Epeloa, entrenador formativo, que en su época de esplendor llegó a jugar un partido en primera en 1962 contra Boca (una tarde en que Boca fue campeón tras un abultado 4 a 0 contra Estudiantes y también debutaban «Bocha» Flores y Juan Ramón Verón). Epeloa lo conoció en la Agrupación Infantil For Ever y lo llevó para AFA de Estudiantes, en infantiles.
Son nombres que se grabaron más que los títulos o los resultados en un papel amarillento. Por eso, ayer, en el Estadio UNO, los hinchas mayores de cuarenta asistieron más que a un encuentro por el torneo Clausura, capítulo 9. Incluso, algún futbolero con alma pincha recordó que al lado del DT estaba Gastón Mendoza, preparador físico. El “Tato” conoció a Martín en Estudiantes, pero no pudo seguir y recaló en Villa San Carlos, en aquel equipo que felizmente le dio el primer título en AFA a los berissenses, una tarde de abril de 1993 en el estadio de Independiente.
Los archivos resisten al olvido y tienen marcados algunos hitos de Martín, los menos conocidos por la prensa. Aquel muchacho de pelo largo, con la colita atada, ganó el título de Décima, Prenovena, Novena, Octava, Séptima, Sexta (finales con Gimnasia, de los mellizos) y Quinta. “Por octavo año consecutivo (desde la época de infantiles) vienen siendo campeones en cada Torneo que se les cruce por el camino”, describe un periodista en el teclado de la revista Sólo Fútbol. Una época más artesanal comparada a la actual, con menos recursos, menos dirigentes y menos técnicos. ¡Hasta los mismos pibes ayudaban a llevar la bolsa de balones!

De aquellos momentos a hoy está dando una mano al club Daniel Ridner, un incansable colaborador, ex secretario de relaciones públicas. “Hace cuarenta años que estoy en el club y lo conozco a Martín desde entonces”, desliza en diálogo con Vive. Y agrega una foto a la charla: “Se la pasé a Martín. Hace unos años, jugando de locales en el Unico, un chico se acerca y me dice a usted lo conozco. Yo soy Ryduan Palermo. Ahí nos sacamos esta foto”. Hace mención al primer hijo de Martín, nacido en 1996, mientras era el 9 titular y figura Pincha en el equipo dirigido por Córdoba. El pibe acaba de cumplir cuarenta y también se formó en el mismo club de su papá. Ayer, Ridner se abrazó emocionado a cada uno de los Palermo.
Hoy Guido tiene 35 años. ¿Cómo le iba a Martín a esa edad? Gozaba de su vuelta a Boca y alcanzaba el gol 195 en ese club donde sigue hoy al tope de la tabla de máximos goleadores en el profesionalismo, superando la marca de Francisco Varallo (1910-2010, leyenda platense que jugó para la Selección la primera Copa Mundial). Y se anotaba más récords: ante Vélez, metía el segundo gol de cabeza de mayor distancia en el mundo (38,9 metros). Con 35 abriles, ya había ganado con Boca dos Copa Libertadores, el gran anhelo que tiene Guido en su amado León.

El sábado 12 de septiembre tuvo un desenlace agónico con un golazo de Carrillo que apuntó de derecha al arco de 55 y rompió el empate en el último frío del invierno. Luego, Palermo elogió a ese 9 y capitán pincha (distinciones de un equipo que él también supo llevar). “Guido hoy por hoy es el mejor nueve del fútbol argentino. A su edad muestra un nivel competitivo increíble. Sigue respondiendo con goles y Estudiantes se ve beneficiado por eso”.
La historia podría revestirse de mayores detalles y curiosidades. Guido es nacido en Magdalena, localidad donde jugó al «football» amateur un abuelo de Martín, Enrique Palermo, para el Deportivo Vieytes de la desaparecida Liga Magdalenense.
La actualidad tiene un frente durísimo para el Calamar y para El León. El martes y el miércoles, respectivamente, ante dos gigantes del Brasil. Son los dos equipos argentinos con el honor de estar vivos en Cuartos del mayor torneo de clubes a nivel continental. Platense cayó en la ida 2-0 en el Maracaná cayó 2-0 con Fluminense y ahora viene al reducto de Vicente López. «Haremos lo posible para poder revertir el resultado de estar dos goles abajo», fue la última frase de Martín en un rincón de su vieja casa. La vida sigue rodando. Su vida se asemejó a una película y quizá toque representar otro papel de héroe.



