Menos ventas y empleo en retroceso: la crisis que atraviesa la economía platense

Un relevamiento local registró una caída interanual del 14,7% en las unidades vendidas por los comercios.

En La Plata, la caída del consumo y las dificultades para sostener la producción exponen una misma preocupación: cada vez resulta más difícil generar ingresos suficientes para mantener la actividad. Mientras los comercios venden menos unidades y el empleo del sector retrocede, algunos productores hortícolas enfrentan una situación en la que cosechar puede representar un gasto mayor que el dinero que esperan obtener por la venta.

Los indicadores comerciales reflejan la magnitud del problema. La Encuesta de Comercio de La Plata, elaborada por la Cámara de Comercio, Industria y Servicios de la ciudad junto con la Facultad de Ciencias Económicas de la UNLP, registró una caída interanual del 14,7% en las unidades vendidas durante el segundo trimestre de 2026. En el mismo período, el empleo comercial disminuyó un 4,7%. Ambos indicadores acumularon catorce trimestres consecutivos en terreno negativo.

La situación local se inscribe en un escenario provincial más amplio. Un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), basado en registros de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, contabilizó una reducción neta de 106.136 puestos de trabajo registrados y de 8.465 empleadores en la provincia de Buenos Aires entre noviembre de 2023 y mayo de 2026. Estos datos no permiten establecer cuántas de esas bajas corresponden específicamente a La Plata, Berisso y Ensenada ni equivalen, por sí solos, a una cantidad de establecimientos cerrados.

Menos operaciones para sostener los mismos gastos

En el relevamiento platense, el 54% de los comerciantes consultados señaló que vendió menos que en el segundo trimestre de 2025. Otro 38% informó que mantuvo sus niveles de actividad, mientras que apenas el 8% registró una mejora. La falta de demanda encabezó las preocupaciones del sector, con el 58% de las menciones.

La caída en las unidades vendidas afecta la ecuación cotidiana de los negocios. Aunque los gastos de alquiler, servicios y funcionamiento continúan, esos costos deben sostenerse con un volumen menor de operaciones.

Además, una facturación más alta en pesos no necesariamente significa que un comercio venda más o gane mejor. Los aumentos de precios pueden elevar los ingresos nominales sin compensar la pérdida de ventas ni mejorar el margen disponible después de afrontar los costos.

El retroceso del empleo comercial agrega presión a un escenario que lleva más de tres años de indicadores negativos consecutivos. La serie refleja una dificultad persistente, aunque no permite atribuir toda la caída a una única causa ni determinar cómo evolucionó cada establecimiento en particular.

En las quintas, cosechar también tiene un costo

En el cinturón hortícola de La Plata, el problema adopta otra forma. Algunas verduras de hoja, como la acelga, la espinaca y la lechuga, tienen una ventana limitada para llegar al consumidor en condiciones adecuadas. Cuando los precios ofrecidos no alcanzan para cubrir los gastos de recolección y traslado, los productores pueden terminar dejando la mercadería en el campo.

Como informó Capital24 días atrás, en algunas quintas parte de la producción queda sin cosechar, se destina a alimentar animales o se retira para preparar una nueva siembra.

La decisión está atravesada por una cuenta concreta. Antes de vender, el productor ya destinó recursos a preparar la tierra y mantener el cultivo. Después debe afrontar la cosecha, el acondicionamiento de la verdura, la carga y el transporte hasta el mercado. Si el precio esperado no cubre esos gastos, sacar la producción puede profundizar la pérdida.

Los casos conocidos no permiten dimensionar cuánto volumen se descarta en toda la región, pero muestran las dificultades que enfrentan algunos establecimientos para recuperar lo invertido. Y el problema no termina con la cosecha: volver a sembrar requiere dinero, incluso cuando la producción anterior no permitió recuperar los costos.

Una dificultad que condiciona lo que viene

La reducción de los ingresos también puede repercutir en otras actividades. Cuando un hogar pierde poder adquisitivo o deja de contar con un salario, suele ajustar sus compras y postergar gastos. Ese comportamiento puede afectar las ventas de comercios y prestadores de servicios, aunque los datos disponibles no permiten medir cuánto incide cada factor en la caída local.

Al mismo tiempo, un negocio que vende menos tiene menos margen para invertir, reponer mercadería o incorporar personal. En la producción hortícola, la falta de rentabilidad puede dificultar la continuidad de los cultivos y limitar los recursos disponibles para la siguiente temporada.

Los indicadores comerciales de La Plata y los registros laborales de la provincia describen fenómenos distintos, pero permiten observar una tensión común: sostener la actividad depende de generar ingresos suficientes para cubrir los costos presentes y financiar el trabajo futuro.

En el mostrador, esa dificultad puede traducirse en menos mercadería vendida y menos puestos de trabajo. En las quintas, puede significar una cosecha que no llega al mercado. En ambos casos, la incertidumbre aparece al momento de decidir cómo continuar.

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