Los alquileres muestran una presión creciente que ya se refleja con claridad en los números. Un informe de la Fundación Tejido Urbano indica que más del 60% de los inquilinos necesita endeudarse para poder mantenerse en su vivienda, en un contexto donde el costo de alquilar gana peso dentro de los ingresos familiares.
En el análisis nacional, los alquileres se inscriben en una tendencia más amplia: durante 2025, casi seis de cada diez familias recurrieron a crédito o ahorros para afrontar el pago mensual. Sin embargo, el cambio más marcado aparece en cómo se cubre ese gasto. El uso de ahorros empezó a retroceder —pasó del 42% en 2024 al 39,6% en 2025— mientras que el financiamiento bancario creció con fuerza, del 10,6% al 18,1%.
Este desplazamiento también impacta de lleno en los alquileres. Cuando el alquiler se paga con deuda, cada mes arranca condicionado por obligaciones previas y con menor margen para el resto de los gastos.
El acceso inicial a los alquileres en La Plata también representa una dificultad importante. Ingresar a una vivienda puede implicar cerca de $2.000.000 entre depósito, adelantos y otros costos iniciales, según la Asociación Platense de Inquilinos. Para muchos hogares, ese monto obliga a recurrir a préstamos incluso antes de mudarse.
Después, la dificultad se traslada al día a día. En los alquileres, sostener el pago mensual se vuelve cada vez más complejo y aparecen dinámicas de desgaste que, con el tiempo, terminan empujando a abandonar la vivienda por imposibilidad de pago.

Los números muestran con claridad el desfasaje en los alquileres. Con un ingreso de $900.000 y un alquiler de $400.000, quedan alrededor de $500.000 para cubrir todos los demás gastos. Ese margen se acerca a una canasta básica estimada en $452.000, lo que deja muy poco espacio para imprevistos o ahorro.
En la práctica, el impacto de los alquileres se traduce en recortes y decisiones forzadas: ajustes en la alimentación, controles de salud postergados, menor inversión en educación y más horas de trabajo para compensar ingresos.
El fenómeno de los alquileres impacta principalmente en sectores medios y bajos, que concentran más del 80% de los inquilinos. Se trata de hogares con ingresos formales que, aun así, enfrentan una creciente fragilidad económica.
En grandes áreas urbanas como el AMBA, el 63,2% de los hogares financia el alquiler, mientras que en CABA el porcentaje alcanza el 69,7%. Los alquileres en La Plata se inscriben en esa misma tendencia, con una demanda sostenida por estudiantes, trabajadores estatales y migración interna.
El informe también advierte que, si el costo de los alquileres se incorporara de manera más directa en las mediciones de pobreza, tanto la indigencia como la pobreza aumentarían de forma significativa.
En este contexto, los alquileres condicionan decisiones cotidianas y limitan la capacidad de planificación. Sin una mejora sostenida de los ingresos o políticas que faciliten el acceso a la vivienda, el escenario proyecta más endeudamiento, menor capacidad de ahorro y una mayor rotación de inquilinos.



