El intendente de La Plata volvió a la escena provincial de la mano de Eduardo Duhalde, que ya lo postuló abierto para la gobernación. Puertas adentro hace lo mismo a otra escala: un gabinete que sum 25 secretarías, con dirigentes de la CGT, el PRO y el peronismo federal. Afuera suma respaldos, adentro reparte cargos.
Después de semanas de bajo perfil en las recorridas, el intendente de La Plata volvió a la escena provincial de la mano de Eduardo Duhalde, con un acto en Bahía Blanca que dejó pocas dudas sobre hacia dónde mira el jefe comunal.
La sociedad con el expresidente no es nueva ni improvisada. El encuentro en el Centro de Empleados de Comercio, con intendentes, concejales y dirigentes sindicales del sur bonaerense, se suma al de a fines de marzo, ya habían compartido escenario en el Sindicato de Pasteleros de Villa Elisa, con Chiche Duhalde presente. En junio, Duhalde lo había postulado sin vueltas para la gobernación desde su Movimiento Productivo Argentino. «Julio Alak es amigo mío y estoy trabajando con él», dijo entonces, y lo puso a la par de Jorge Ferraresi entre sus nombres preferidos para 2027. Ya en Bahía subió la apuesta: habló de un frente que integre al PJ y a la UCR con un objetivo declarado, ganarle a Milei.
Ahí aparece la primera tensión. Alak se presenta como candidato de unidad, alguien capaz de ser validado tanto por Cristina como por Kicillof; de hecho, promociona la candidatura presidencial del gobernador mientras arma lo suyo para la provincia. Pero su socio más visible es Duhalde, quien construye su propio partido por fuera del PJ. No es un aliado neutro: es una señal de que Alak se mueve también por los bordes del kirchnerismo. A esa lectura se suma otro dato: en marzo reunió en Dolores a la vieja guardia del peronismo bonaerense, ex intendentes y ex legisladores que el kirchnerismo fue corriendo de los lugares de decisión. Recuperar a esos dirigentes, con estructura y territorio propio, es otra forma de armar sin depender del sello.
Esa misma lógica de amplitud se lee, a otra escala, dentro del Palacio Municipal. Mientras teje hacia la provincia, Alak fue llenando su gabinete con dirigentes de tribus distintas. En mayo incorporó a Julio Cuenca, sindicalista pastelero, en Trabajo —una designación leída como parte de un acuerdo con la CGT Regional—, y a Daniel Lipovetzky, exdiputado que hizo casi toda su carrera en el PRO, en Relaciones Internacionales. La última movida llevó la estructura a 25 secretarías: la de Hábitat, para Cintia Mansilla, exconcejala que presidió la Comisión de Planeamiento, supo tener cercanía con Victoria Tolosa Paz y hoy milita en Patria y Futuro, el espacio de Carlos Bianco, aunque en el último tiempo su alineamiento se corrió hacia las filas del intendente.
¿Está Alak construyendo gestión o sumando volumen político de cara a 2027? La pregunta tiene un costado concreto en el caso de Hábitat: ya existía la Subsecretaría de Tierras, Hábitat y Vivienda, dependiente de Planeamiento, con competencias que se superponen con la nueva área. Cómo se reparte el trabajo entre ambas todavía no está claro, y esa zona gris suele ser el terreno donde la lógica política le gana a la administrativa.
Milei termina siendo el telón de fondo de las dos escalas: Duhalde arma un frente para enfrentarlo en la provincia, mientras LLA usa cada secretaría nueva para pintar a Alak como el intendente que agranda el Estado. Entre esos dos fuegos, el jefe comunal parece haber decidido que la mejor forma de blindarse rumbo a 2027 es agrandar la mesa y sentar a todos. La Secretaría de Hábitat responde a un problema real; nadie discute que La Plata tiene una deuda habitacional pesada. La discusión es otra: si cada respuesta institucional del intendente viene, además, con un segundo propósito que tiene menos que ver con los barrios y más con el tablero. Falta ver si esa acumulación de piezas —secretarías adentro, respaldos afuera— tiene un destino claro de acá a 2027.



