Una encuesta de Twitter sin ningún valor científico terminó retratando, sin querer, las tensiones que atraviesan al peronismo de cara a 2027. El periodista Sebastián Lacunza preguntó por quién votarían en una primaria imaginaria, y el resultado dio un vuelco tan brusco entre las primeras horas y el cierre que la propia encuesta terminó siendo la noticia.
El periodista Sebastián Lacunza, columnista de elDiarioAR, lanzó el domingo pasado en su cuenta de X una pregunta simple: «Señale su voto en esta primaria», con cuatro opciones: Axel Kicillof, Sergio Massa, Cristina Fernández de Kirchner y Sergio Uñac. Ninguna primaria de ese tipo está convocada ni planificada, y Argentina no tiene elecciones hasta 2027, cuando se renueve la presidencia. Pero la encuesta, ese formato liviano que Twitter instaló hace más de una década, terminó funcionando como termómetro informal de un debate que sí es real: quién encabeza al peronismo bonaerense y nacional de acá en más.
Lo llamativo no fue tanto el resultado final como el recorrido. A las pocas horas de publicada, con apenas 370 votos y casi un día entero por delante, Kicillof lideraba con comodidad: 60% de los votos, muy por delante de Massa con 24%, Cristina Kirchner con 12% y Uñac con 4%. Cuando la encuesta cerró, con 9.734 votos acumulados, el resultado era otro: Cristina Kirchner terminó primera con 37%, Massa segundo con 24,3%, Kicillof tercero con 21,3% y Uñac cuarto con 17,4%.

¿Qué explica un vuelco de esa magnitud? La respuesta más simple es que las encuestas de Twitter no miden opinión pública sino capacidad de movilización. Quien logra que sus seguidores voten en masa, gana. En ese sentido, el resultado final dice más sobre qué espacio del peronismo tiene mayor despliegue en redes sociales en un momento dado que sobre las preferencias reales del electorado peronista, que ninguna encuesta seria coloca hoy detrás de Cristina Kirchner con ese margen sobre Kicillof.
Aun así, el ejercicio no es del todo inocuo. La convocatoria original, por parte de un periodista con peso propio y trayectoria en medios como el Buenos Aires Herald y Ámbito Financiero, alcanzó casi 30 mil visualizaciones, un número considerable para una cuenta que no pertenece a un espacio partidario. Y en un peronismo que todavía no define liderazgos rumbo a 2027, cualquier medición, por informal que sea, se convierte en munición para la interna.
El resultado también expone algo que trasciende la anécdota de la encuesta: la persistencia de una lectura, extendida en ciertos sectores, de que el kirchnerismo mantiene una base de movilización digital que otros espacios del peronismo todavía no logran igualar. Si eso se traduce en algo parecido en una elección real es otra pregunta, que ninguna encuesta de Twitter puede responder.
Massa, mientras tanto, sostuvo un porcentaje estable en ambas mediciones, lo que podría sugerir un piso de apoyo menos volátil que el de sus competidores, aunque con una muestra tan poco representativa cualquier conclusión firme sería aventurada. Kicillof, en cambio, pasó de un arranque arrollador a un cierre discreto, un contraste que probablemente diga más sobre el timing de la movilización de cada espacio que sobre el peso real de cada dirigente.
Por ahora, la encuesta de Lacunza queda como una postal de las tensiones internas del peronismo, más que como una medición seria de cara a lo que viene. La interna verdadera, la que se define con estructura, territorio y votos reales, todavía no arrancó.



