Dante Spinetta llegó anoche al Teatro Ópera de La Plata para presentar su último trabajo, Día 3, editado el pasado 25 de febrero. En el marco de la gira que lleva el mismo nombre, el músico desplegó durante una hora y media una combinación de funk, soul, hip hop y rock que encontró rápidamente complicidad con un público que acompañó cada canción desde el primer minuto.
A las 21 en punto, las luces se apagaron y las primeras notas de “Soldado Espiritual”, corte difusión de su nuevo disco, dieron inicio a una noche que tendría poco espacio para las pausas. Dante apareció sobre el escenario y, casi sin necesidad de presentación, se puso al frente de una maquinaria musical que funcionó con precisión durante todo el recital.

Después llegarían algunos de los temas más celebrados de su repertorio reciente, como “El Reset”, “El Plancito”, “Maldito Frenesí” y “El Guatemalo”, entre muchos otros. El público respondió con entusiasmo, cantando, bailando y acompañando cada cambio de ritmo, mientras Spinetta se movía con esa estética extravagante que ya forma parte de su identidad artística.
Detrás de él, la banda sostuvo el show con una solidez que se hizo evidente desde los primeros compases. Matías Méndez en bajo, Axel Intrioni en teclados, Pablo González en batería, Ezequías Aquino en saxo y Carlos Salas en percusión conformaron una formación compacta, precisa y perfectamente aceitada. El sonido del grupo fue uno de los puntos altos de la noche: cada instrumento encontró su lugar y permitió que la propuesta de Dante se luciera sin perder potencia ni dinámica.
Pero la noche no se quedó solamente en la música. En uno de los momentos que más se apartó del recorrido habitual del show, Dante hizo referencia a la situación política del país y, antes de interpretar “Sudaka”, del disco Mesa Dulce —editado en 2022—, lanzó una frase que fue recibida con una ovación: “Argentina no se vende”. El comentario llegó en medio del debate por la ley vinculada a la extranjerización de las tierras y volvió a poner en primer plano una faceta del artista que, más allá de su estética y de su particular manera de construir el espectáculo, no suele esquivar las discusiones sociales.
También hubo lugar para hablar, aunque fuera entre bromas, de su propia historia familiar. Dante Spinetta lleva consigo un apellido que pesa en la música argentina y que inevitablemente remite a la figura de su padre, Luis Alberto Spinetta. Sin embargo, a lo largo de su carrera se ocupó de construir un camino propio, con una identidad musical que tomó otros elementos y recorrió otros territorios.

Esa decisión también se hizo visible en el Ópera: no hubo covers de Luis Alberto, ni intentos de apoyarse en el repertorio de su padre. La noche fue enteramente de Dante y de su propia obra. “Si quieren ser como yo, van a tener que comer mucho puchero y chupar el caracú”, bromeó ante los gritos y las ovaciones de sus seguidores, que respondieron vitoreando su nombre.
Y cuando parecía que el show ya había recorrido buena parte de su repertorio, llegó uno de los momentos más esperados. Las primeras notas de “Coolo”, clásico de Illya Kuryaki and the Valderramas, hicieron estallar al público. El tema fue uno de los grandes puntos de conexión entre el artista y quienes crecieron escuchando aquella dupla que Dante conformó junto a Emmanuel Horvilleur y que marcó a fuego una parte de la música argentina de los años 90 y 2000.
El cierre quedó reservado, como viene sucediendo durante esta gira, para “Funk Warrior”, una canción inédita registrada en el disco en vivo Niguri Sessions, publicado en 2020. Fue el último golpe de energía de una noche atravesada por el groove, los cambios de ritmo y una banda que nunca perdió el pulso.
A las 22.30 exactas, Dante se despidió del escenario. “Gracias por todo, por bancarnos. Esperamos que lo hayan pasado bien y nos volveremos a ver pronto”, dijo antes de dejar el escenario.
La gira de Día 3 continuará el 22 de agosto en Rosario, el 23 en Santa Fe y luego tendrá presentaciones en CABA y Mar del Plata, donde Dante volverá a encontrarse con un público que, como el platense, sigue acompañando una propuesta que hace tiempo dejó de necesitar explicaciones: funk, identidad propia y una historia musical que se escribe por fuera de cualquier apellido.



