Yo soy lo que soy. Mi propia creación. Y mi destino
Quiero que me des. Tu aprobación o tú olvido
Este es mi mundo…
Por qué no sentir orgullo de eso
Es mi mundo. Y no hay razón para ocultarlo
Muy bella canción que mejor resume el espíritu que dejó escrito en “Soy lo que soy”, Sandra Mihanovich, en 1984. Un placer que archiva tabúes cuando por ejemplo, en ese momento, no había un solo torneo oficial de fútbol femenino en la AFA; cuando ante el recelo de la sociedad, solo grupos minúsculos de mujeres se arreglaban para armar campeonatos.
La ciudad de La Plata parece ser una ciudad de referentes, de los que rompen moldes, y con su inspiración sirven de ejemplo. La lucha que han dado con paciencia jugadoras, entrenadoras, directivas, y últimamente una camada de referís. A la hora de hurgar en esas identidades, el caso de las mellizas Rosas, Eliana y Ailín. Las dos, curiosamente, este 8M están en la previa de una temporada atípica: por primera vez en treinta años no forman parte de ningún club. Eliana, que vistió ocho camisetas, se siente a gusto con todo lo que dio y, nos hace disfrutar de la conversación telefónica en la que contará toda su historia.
—Mi melliza me arrastró a jugar al fútbol.

La escena transcurre en una casa del barrio Aeropuerto. Ruben Jorge Rosas era un tipo feliz, con su amada esposa Ana y los siete hijos Rubén, Pablo, Andrea, Lorena, Eliana y Ailin, Magalí. Los dos varones eran los que no jugaban, pero las mellizas «Elita» y Ailín, habían dado muestras de talento y constancia. Aquel hombre canoso (que ya no está físicamente) va a verlas en un clásico, pero enfrentadas. El amistoso es en la cancha auxiliar de calle 1, donde hoy está el estacionamiento del nuevo Estadio.
Eliana en defensa, Ailin de enganche, y la gastada que aún perdura: “pasá por cualquier lado pero por mi zona no pasarás”.
Hay una anécdota: la melli más pasional de la pelota se había quedado dolida al no entrar en Gimnasia, por eso se quedan en veredas separadas. Otra hermana, Lorena Rosas, colaboraba como delegada.
El mejor espejo donde mirarse estuvo en casa, con un padre que invitaba a seguir con felicidad y viéndolas mejorar, mientras que mamá sufrió el único día que fue a ver a las nenas y como “nos pegaban después no quiso venir más a las canchas”.
Otro gran hombre de las triperas, personaje sin igual, Antonio Guarracino, que daba gusto escuchar (no tanto gritar), un ex número 10 de Gimnasia y Esgrima La Plata, que jugó en primera división en 1961. “Nuestro técnico fue Guarracino, en Gimnasia lo amábamos, nos entrenaba en el Bosquecito”, retoma Eliana el hilo de sus inicios.

Eran pioneras. Y nunca sonará exagerada la mención, porque un puñado de cuarenta jugadoras son la generación que vio el nacimiento desde adentro del fútbol femenino en la Asociación del Fútbol Argentino. “Fuimos parte del boom del femenino. Nos fue muy bien en Gimnasia, acá venía Boca a jugar a 60 y nos ganaba por un gol cuando eran potencias y le hacían diez goles a todos”, se enorgullece Elita. “Tenía 15 años cuando empecé, no sufrí el bullyng que sí tuvieron varias chicas, porque jugar al fútbol era mal visto en muchos casos. No veo el por qué, el deporte no tiene género y si te hace feliz hay que seguirlo”, admite a los 44 años, repartiendo sus horas entre las amistades, el trabajo —es técnica de seguridad e higiene— y el aprendizaje del idioma portugués. Este año dije que necesitaba descansar del fútbol, en 2024, había jugado en reserva, primera y además fui directiva en Las Malvinas”.
EL PRIMER CLÁSICO DE AFA EN LA HISTORIA
Sábado 30 de noviembre de 2002, novena fecha del torneo Apertura de AFA, la gente empieza a acercarse al alambrado de la cancha auxiliar, tomando el alambre con sus manos y con los pies en la vereda de la avenida 60. Hay fotógrafos y periodismo, pero son escasos a pesar de que hay un Gimnasia-Estudiantes, pero no “uno más”, sino el primero de la historia. El árbitro es Mariano Altavista, quien con el tiempo será “Batman Solidario” y organizador de torneos privados. Esa tarde expulsa a una jugadora visitante. “No se guardaron nada y salieron a jugar un encuentro que tuvo den todo: insultos, juego fuerte, patadas y picardía”, comentario de un periódico.

Gimnasia: Romina Rodríguez; Yesica Arrien, Flora Torales, Gabriela Ramos Díaz, Ailin Rosas, Eliana Rosas, Laura Juárez, Nadia Ozuna, Jorgelina Toscani Quintana, Fernanda Ciarlone, Antonella Guarracino. DT Edgardo Delgado. PF: María Lorena Camayo. Delegado: Roberto Rosas. Ingresaron: Anahí Herrera, Estefanía Rodríguez, Gisele Díaz.
Estudiantes: Carla Singano; Paola Guilino, Sonia Epulef, Elizabeth Aramayo, Cecilia Saborido, María Marta Díaz Savigne, Paola Vinai, Raquel Caballero, María de Moura, Betina Stagnares y Gabriel Goicoechea. DT Federico Perticarini. PF Matías Paulino. Delegada: Silvia Belinche. Ingresaron: Bovío, Tamara Martínez, Débora Rosales.
El golazo de Antonella Guarracino, en una jugada donde tocan la pelota varias “Lobas”, el primer tiempo que se va por diferencia de dos goles, merecidamente. La 5 Ailín, con su potencia, y la 6 Eliana, con su firmeza. Las mellizas se destacan, pero un escalón más alto está el rendimiento de Guarracino, doblete, y Laura Juarez, que abrió la cuenta en el minuto 14, el primer gol en la historia de los clásicos. El descuento pincha lo señalaba Betina Stagnares, clavando el balón en un ángulo. También se destaca en las pinchas la delantera María De Moura. La expulsada fue Sonia Epulef.
Eran tiempos “todo a pulmón”, donde solo Boca brindaba alguna comodidad y era el pentacampeón.
Para la inmensa mayoría de esa generación, lo que las definía, era la personalidad, siendo capaces de crecer ante el desafío. No se vieron caídas por falta de respaldos dirigenciales o de sponsors. Lo que trascendió fue el crecimiento. El deporte no se mide entre derrota y éxito, como ha sido el mandato desde 1931 en el profesionalismo, a partir de la paga. Esas jóvenes del incipiente fútbol femenino no soltaron la elevada intención de crecer, y con paciencia pusieron sus fuerzas.

—El fútbol se disfruta desde donde te toque.
“Elita” es reflexión madura, gratitud y amor por lo propio. El elogio tampoco sonará desmedido, porque había una base y era el viejo.
“Mi papá nos hizo muy felices, había sido el delegado en AFA”, dice a sus 44 años, después de vestir ocho colores, de Gimnasia, UPCN, Argentino Juvenil de City Bell, Asociación Brandsen, Talleres Pronvicial, Villa Montoro y Las Malvinas, y una excelente actuación en la Selección de la Liga Amateur Platense (ganaron el Provincial dos veces 2017-18 y el primer año consiguieron el Torneo Nacional en Trelew).
—¿Te quedaron sueños por cumplir en el fútbol?
—Los cumplí todos.
—¿Cómo resumís tus años con los botines puestos?
— Mi cable a tierra. El fútbol ha sido muy generoso, me ha regalado las mejores personas, de gente que te la cruzas y por ahí compartiste solo una vez una cancha.

El 8M está replicando historias, y en el fútbol femenino platense, con sus dos ligas oficiales (LIFIPA y Liga Amateur), más la competencia de la Liga Universitaria, tiene figuras que en el campo de juego también dignifican la vida. Como las Mellizas, que se abrazaron con locura jugando el Lobo, Montoro y Malvinas.Un día el femenino se profesionalizó en AFA, con firmas de contratos, un camino de reivindicación y militancia por la igualdad que sigue viva. Aunque para la prensa deportiva las notas representen un sector minúsculo, y el “gancho periodístico” solo sea por una curiosidad de la fecha… Aunque el masculino aparezca en todo y a veces es de todo menos fútbol…
En silencio y con humilde alegría, por acá andan ellas, en su identitaria pasión, así como cantaba Sandra en un himno para todos los seres del universo.
Soy lo que soy, no quiero piedad, no busco aplausos
Soy lo que soy, no tengo que dar, excusas por eso
a nadie hago mal, el sol sale igual…
¡para vos… para mí… para todos!



