Yo soy lo que soy. Mi propia creación. Y mi destino
Quiero que me des. Tu aprobación o tú olvido
Este es mi mundo… Por qué no sentir orgullo de eso
Es mi mundo. Y no hay razón para ocultarlo
La canción que mejor resume el espíritu de libertad es solo una parte de “Soy lo que soy”, de Sandra Mihanovich, tema que sale en las radios y disquerías en democracia. Ese placer de elegir y ser que archiva los tabúes. Por ejemplo, los de ese momento en que, en toda la AFA, no había un solo torneo oficial de fútbol femenino. Un canto que entonces emergía en los barrios, ante el recelo de la sociedad, cuando por ahí algunas pocas se arreglaban para jugar campeonatos, mezcladas con los varones.
La Plata parece ser una ciudad de referentes que rompen moldes. La inspiración de una lucha que han dado paciencientemente jugadoras, entrenadoras, directivas, y últimamente la camada de árbitros. Uno de los casos de identidades que llegaron a jugar, y en familia, es el las mellizas Eliana Rosas y Ailín Rosas. Y acaso por el mismo destino y la elección, curiosamente, este 8M no van a participar por primera vez en treinta años de una temporada futbolística Eliana, que vistió ocho camisetas, ya se siente satisfecha con todo lo que dio. Atendió el llamado de este periodista y la conversación se fue como un tiro por elevación hacia el sentimiento noble que lleva adentro como jugadora de fútbol.
—Mi melliza me arrastró a jugar al fútbol.
A ambos lados del teléfono hay un mate, y nos identifica la misma idea del juego-vida, del juego-salud y de lo que nunca más se borra, una amiga, un amigo.

La escena transcurre en una casa del barrio Aeropuerto. Ruben Jorge Rosas era un tipo feliz, con su amada esposa Ana y los siete hijos Rubén, Pablo, Andrea, Lorena, Eliana y Ailin, Magalí. Los dos varones optaban por no jugar a la pelota, pero las mellizas «Elita» y Ailín habían dado muestras de talento y la constancia las llevaría lejos. Aquel hombre canoso (que ya no está físicamente) en un clásico las vería contentas, pero enfrentadas. El amistoso, en la cancha auxiliar de calle 1, donde hoy está el estacionamiento del nuevo Estadio, fue la primera gran satisfacción como espectador. Eliana en defensa, Ailin de enganche, y una gastada que erdura: “pasá por cualquier lado pero por mi zona no pasarás”, dijo la más alta de los Rosas.
Más anécdota: Lorena Rosas, colaboraba como delegada del Lobo y la melli más fana, Ailín, en un primer momento se había quedado dolida por no entrar a Gimnasia.
El espejo y consejero estaba en casa, un padre que invitaba a superarse, mientras su esposa sufría desde el día que las acompañó a una cancha y no quiso saber nada con que les pegaran.
Otro gran hombre de las triperas, personaje sin igual, Antonio Guarracino, que escuchaban con respeto (a veces también pegaba algún grito el italiano), ex número 10 de Gimnasia en primera división en la temporada 1961 del fútbol argentino. “Nuestro técnico fue Guarracino, en Gimnasia lo amábamos, nos entrenaba en el Bosquecito”, retoma Eliana el hilo de sus inicios.

Pioneras. Y nunca sonará exagerada la mención para el puñado de cuarenta pibas, la generación que vio el nacimiento desde adentro de un fútbol femenino que llamaba la atención en toda la Asociación del Fútbol Argentino. “Fuimos parte del boom del femenino. Nos fue muy bien con Gimnasia, porque acá venía Boca a jugar a 60 y solo nos ganaba por un gol cuando ellas eran potencia y le hacían de diez goles a todas las rivales”, se enorgullece Elita. “Tenía 15 años cuando empecé, no sufrí el bullyng que sí tuvieron varias chicas, porque jugar al fútbol era mal visto en muchos casos. No veo el por qué, el deporte no tiene género y si te hace feliz hay que seguirlo”, admite a los 44 años, repartiendo sus horas entre las amistades, el trabajo —es técnica de seguridad e higiene— y el aprendizaje del idioma portugués. Este año dije que necesitaba descansar del fútbol, en 2024 llegué a jugar en reserva, primera y además integrana la comisión directiva en Las Malvinas”.
LOS PRIMEROS CLÁSICOS DE AFA EN LA HISTORIA
Corría el 2002, el torneo femenino recién llevaba una década. Y los torneos se denominaban igual que el masculino, es decir, arranque del año con un torneo Clausura, y finalización del año con el Apertura (curiosidades de esa denominación, que duró bastante tiempo). Ambos clásicos en la cancha cancha auxiliar de avenida 60, sin tribunas, salvo una detrás de los bancos de suplentes, que daba espaldas a la cancha principal. Adentro, fotógrafos, afuera, periodistas, tan solo tres o cuatro, el marco de un Gimnasia-Estudiantes que no es sería “uno más”, sino los primeros de la historia.
La franja azul llevó las de ganar de local, triunfando 2-1 y 3-1.
“No se guardaron nada y salieron a jugar un encuentro que tuvo den todo: insultos, juego fuerte, patadas y picardía”, desliza el comentario un periódico platense.

Vamos al segundo partido. La formación de Gimnasia con Romina Rodríguez; Yesica Arrien, Flora Torales, Gabriela Ramos Díaz, Ailin Rosas, Eliana Rosas, Laura Juárez, Nadia Ozuna, Jorgelina Toscani Quintana, Fernanda Ciarlone, Antonella Guarracino. DT Edgardo Delgado. PF: María Lorena Camayo. Delegado: Roberto Rosas. Ingresaron: Anahí Herrera, Estefanía Rodríguez, Gisele Díaz.
Estudiantes sale con Carla Singano; Paola Guilino, Sonia Epulef, Elizabeth Aramayo, Cecilia Saborido, María Marta Díaz Savigne, Paola Vinai, Raquel Caballero, María de Moura, Betina Stagnares y Gabriel Goicoechea. DT Federico Perticarini. PF Matías Paulino. Delegada: Silvia Belinche. Ingresaron: Bovío, Tamara Martínez, Débora Rosales.
El golazo de Antonella Guarracino, en una jugada con previo toque entre varias, y el primer tiempo que se esfuma por diferencia de dos goles. La 5 Ailín Rosas, con su potencia, y la 6 Eliana Rosas, con su firmeza. Las mellizas se destacan, pero un escalón más alto está el rendimiento de Guarracino, doblete, y Laura Juarez, que abrió la cuenta en el minuto 14, el primer gol en la historia de los clásicos. El descuento pincha lo señalaba Betina Stagnares (ahora DT) dibujando el balón en un ángulo. También se destaca en las pinchas la delantera María De Moura. La expulsada fue Sonia Epulef.
Eran tiempos “todo a pulmón”, sin contratos obligatorios y donde solo Boca Juniors brindaba alguna comodidad y el resultado de esa organizacón se tradujo en un pentacampeonato. El profesionalismo llegó en la temporada 2019-20.
Para la inmensa mayoría de esa generación, lo que las definía, era la personalidad, siendo capaces de crecer ante el desafío. No se vieron caídas por falta de respaldos dirigenciales o de sponsors. Lo que trascendió fue el crecimiento. El deporte no se mide entre derrota y éxito, como ha sido el mandato desde 1931 en el profesionalismo, a partir de la paga. Esas jóvenes del incipiente fútbol femenino no soltaron la elevada intención de crecer, y con paciencia pusieron sus fuerzas.

En el tercer partido las Pincharratas sumaron la primera unidad en un derby de la categoría al igualar 1-1, también en el Zerrillo, por el Clausura 2003″, asegura Darío Cáceres, que guarda un tesoro en los números del fútbol.
—El fútbol se disfruta desde donde te toque.
“Elita” es reflexión madura, gratitud y amor por lo propio. El elogio tampoco sonará desmedido: si se destacaba era porque su recordado «viejo» dio confianza y buenos consejos.
“Mi papá nos hizo muy felices, había sido el delegado en AFA”, dice a sus 44 años, después de vestir ocho colores, de Gimnasia, UPCN, Argentino Juvenil de City Bell, Asociación Brandsen, Talleres Pronvicial, Villa Montoro y Las Malvinas, y una excelente actuación en la Selección de la Liga Amateur Platense (ganaron el Provincial dos veces 2017-18 y el primer año consiguieron el Torneo Nacional en Trelew).
—¿Te quedaron sueños por cumplir en el fútbol?
—Los cumplí todos.
—¿Cómo resumís tus años con los botines?
— Mi cable a tierra. El fútbol ha sido muy generoso, me ha regalado las mejores personas, de gente que te la cruzas y por ahí compartiste solo una vez una cancha.

El 8M está replicando historias, y en el fútbol femenino platense, con sus dos ligas oficiales (LIFIPA y Liga Amateur), más la competencia de la Liga Universitaria, tiene figuras que en el campo de juego también dignifican la vida. Como las Mellizas, que se abrazaron con locura jugando el Lobo, Montoro y Malvinas.Un día el femenino se profesionalizó en AFA, con firmas de contratos, un camino de reivindicación y militancia por la igualdad que sigue viva. Aunque para la prensa deportiva las notas representen un sector minúsculo, y el “gancho periodístico” solo sea por una curiosidad de la fecha… Aunque el masculino aparezca en todo y a veces es de todo menos fútbol…
En silencio y con humilde alegría, por acá andan ellas, en su identitaria pasión, así como cantaba Sandra en un himno para todos los seres del universo.
Soy lo que soy, no quiero piedad, no busco aplausos
Soy lo que soy, no tengo que dar, excusas por eso
a nadie hago mal, el sol sale igual…
¡para vos… para mí… para todos!



