El miércoles se formalizó en un acto en el Salón Dorado del Palacio Municipal lo que venía insinuándose hace semanas. Lipovetzky, exdiputado nacional del PRO, asumió como secretario de Relaciones Internacionales. A su lado, Marcos Urtubey, hijo del exgobernador salteño Juan Manuel Urtubey, como subsecretario de Cooperación Internacional e Inversiones. La pregunta no es qué ganan ellos, sino qué está construyendo él. ¿Construcción amplia o refugio para dirigentes sin destino propio?
El acto tuvo todo el protocolo que el momento requería. Salón Dorado, autoridades consulares, representantes de cámaras productivas, colectividades y referentes institucionales. Julio Alak presentó los lineamientos de la nueva Secretaría de Relaciones Internacionales y aprovechó para subrayar el peso de La Plata como capital provincial, segunda ciudad en población de la provincia, sede del Estado bonaerense. El marco no fue casual: para un intendente que viene construyendo volumen político con movimientos calculados, la puesta en escena importa tanto como los nombres.
Y los nombres, esta vez, son dos que dicen mucho sobre la lógica del armado. Daniel Lipovetzky asume como secretario. Su currículum incluye la presidencia de la Comisión de Legislación General en la Cámara de Diputados de la Nación durante el período 2017-2021, participación en debates de alto impacto y una carrera larga dentro del PRO. Lo que también incluye su historial reciente: quedó fuera de las listas de «Somos Buenos Aires» en las elecciones de 2025, compitió bajo el sello Nuevos Aires/Partido Federal en CABA y obtuvo 6.100 votos, el 0,37% del padrón. Un número que, como ya publicó este medio, funciona más como diagnóstico político que como dato anecdótico.
Marcos Urtubey ocupa la subsecretaría de Cooperación Internacional e Inversiones. Su apellido lo ubica de inmediato: es hijo de Juan Manuel Urtubey, exgobernador de Salta durante tres períodos y figura que el peronismo federal viene trabajando como referencia de un espacio no kirchnerista y no libertario. En el mismo acto, tanto el exgobernador como el exsenador Rodolfo Urtubey fueron reconocidos como Huéspedes de Honor del municipio. La señal hacia ese sector del peronismo nacional fue explícita.

¿Qué significa esto en términos de construcción política? Alak viene incorporando piezas de distintos orígenes: antes fue Julio Cuenca, sindicalista de la CGT Regional, para la Secretaría de Trabajo; ahora Lipovetzky del PRO y Urtubey del peronismo federal salteño. El discurso de apertura que sostiene toda esa articulación es el de la amplitud, la gestión «sin exclusiones», la ciudad como plataforma. “Desde La Plata tenemos mucho para aportar”, dijo Lipovetzky en su asunción y agregó: “Las relaciones internacionales son amplias y debemos priorizar el interés platense y bonaerense”. El exlegislador también resaltó: “la agenda internacional ha dejado de ser un tema exclusivo de los estados nacionales”.
El problema con ese discurso es que aplica por igual a cualquiera de los dos sentidos posibles: al de un intendente que genuinamente quiere ampliar la capacidad institucional de su gestión, y al de uno que está tejiendo una red política de cara a 2027. Y en el caso de Alak, esas dos lecturas no se cancelan entre sí.
Para Lipovetzky, la ecuación es más directa. Sin mandato, sin piso electoral en CABA y sin un espacio propio que lo contenga, el gabinete platense le devuelve algo que la política le había quitado: agenda, estructura, visibilidad. La Secretaría de Relaciones Internacionales no es el cargo más central de una administración municipal, pero le da acceso a contactos diplomáticos, foros regionales y una tribuna para reconstruir presencia. Si Alak proyecta hacia la provincia, Lipovetzky tiene algo para ofrecer desde esa posición. Si no proyecta, igual tiene dónde pararse mientras decide.
Lo de Marcos Urtubey agrega otra capa. Su incorporación no se entiende sólo en clave de gestión sino en clave de señal hacia el peronismo no K que busca un lugar en el escenario de 2027. El vínculo con Juan Manuel Urtubey, figura con llegada nacional y sin anclaje territorial bonaerense, puede ser un activo interesante para Alak si la reconfiguración del peronismo avanza en la dirección que algunos dirigentes esperan.
Lo que queda abierto, por ahora, es si esta acumulación de piezas tiene un destino claro o si es simplemente la forma que toma la política cuando todavía no hay definiciones: todos suman, nadie compromete nada, y el tablero se va llenando de fichas que todavía no saben a qué juego pertenecen.



