La obra que se estrenó como mejora para entrar a La Plata sumó accesibilidad y, con ella, un punto fijo donde tiran piedras a los autos para asaltarlos. Hay garitas, cámaras y operativos. Nada de eso alcanzó. Y la única prevención que funciona hoy la ponen los propios conductores.
No es un accidente ni una travesura. Es un método. En la Autopista La Plata-Buenos Aires hay personas apostadas al costado de la traza que arrojan piedras contra los autos en movimiento para obligarlos a frenar. Cuando el conductor se detiene, lo asaltan. La modalidad tiene nombre propio entre quienes viajan todos los días por ahí: «robo piraña», «tira piedras», el robo en trampa. Y este fin de semana volvió a aparecer en uno de los puntos más nuevos de la traza: la bajada de la avenida 520.
Según un audio que circuló por WhatsApp entre vecinos y grupos de conductores, más de once autos terminaron con los vidrios rotos en las inmediaciones del kilómetro 50, a metros del puente que abre la nueva salida hacia la ciudad. «Somos once autos los que estamos detenidos porque nos rompieron el auto para robarnos», se escucha decir a una de las conductoras, que aclara que ninguno resultó herido.
Lo que no es un testimonio aislado es el patrón. Los ataques a piedrazos en ese tramo, entre los kilómetros 50 y 51, a la altura del Arroyo El Gato y la bajada de 520, vienen documentados desde hace años. En enero de 2025 apedrearon dos micros en la zona; en agosto, una unidad de Metropol quedó con el parabrisas partido a un kilómetro de la salida de 520. Autos particulares con familias adentro, colectivos de media distancia que van a Retiro, camionetas: la lista de damnificados se repite y crece. ¿Por qué siempre el mismo lugar?

Ahí aparece la parte incómoda. La nueva bajada de 520 se habilitó como una mejora para descongestionar el acceso sur a La Plata, una obra que el gobierno provincial y el municipio presentaron como estratégica para el tránsito del Mercado Regional y el cordón frutihortícola. Pero la misma obra que sumó accesibilidad sumó también un punto de frenado que los delincuentes identificaron rápido. AUBASA, la concesionaria estatal de la traza, colocó en los últimos años 17 garitas de seguridad, subdestacamentos policiales y una batería de cámaras y tótems para medir velocidad. Nada de eso frenó las pedradas. Es más: cuando la empresa anunció los últimos tótems, en agosto de 2025, aclaró que no estaba previsto instalar uno en la bajada de 520. Justo ahí.
La respuesta oficial, cuando llega, es la del operativo. Esta misma semana el municipio, la Policía y AUBASA montaron un megaoperativo con 164 vehículos secuestrados y más de 3.000 controlados, entre ellos 432 inspeccionados en la propia bajada de la Autopista. El número suena a presencia. Pero controlar motos sin patente o secuestrar autos en infracción no es lo mismo que custodiar el punto donde tiran las piedras. ¿Alcanza un operativo de tránsito para desarmar una modalidad que opera de noche y desde el monte lindero a la traza?
Mientras tanto, la única prevención concreta que circula la ponen las propias víctimas. En grupos de conductores se repiten dos consejos: no manejar pegado a la banquina, porque los agresores se ubican sobre el costado, y no frenar ante un piedrazo salvo en un lugar iluminado y con gente. Son recomendaciones razonables, pero son también una confesión: la seguridad de la traza terminó delegada en el reflejo de cada automovilista.
A eso se suma un antecedente que el testimonio original ubica a comienzos de mayo, cuando un micro de la Línea 129 habría sido apedreado a la altura de Quilmes con una pasajera herida. Ese episodio puntual no pudo verificarse de manera independiente. Lo que sí está claro es el fondo: la Autopista La Plata-Buenos Aires suma salidas nuevas y obras anunciadas, pero el punto rojo del robo en trampa sigue abierto. La accesibilidad llegó antes que la seguridad. Y en la 520, esa distancia se mide en parabrisas rotos.



