Causa cuadernos

El «super testigo» del juicio Cuadernos que se quedó sin respuestas

La fiscalía esperaba a Javier Iguacel como la pieza que iba a robustecer la acusación por el reparto de obra pública. Después de más de nueve horas en Comodoro Py, el extitular de Vialidad dejó un testimonio sostenido en gran parte por lo que «le contaron» y por acusaciones que ya se habían caído en la causa Vialidad. Las defensas lo llevaron varias veces al terreno donde no tuvo qué contestar.

La fiscalía esperaba a Javier Iguacel como la pieza que iba a robustecer la acusación por el reparto de obra pública. Después de más de nueve horas en Comodoro Py, el extitular de Vialidad dejó un testimonio sostenido en gran parte por lo que «le contaron» y por acusaciones que ya se habían caído en la causa Vialidad. Las defensas lo llevaron varias veces al terreno donde no tuvo qué contestar.

Javier Iguacel llegaba al juicio Cuadernos con el peso de un antecedente fuerte: fue el hombre que, al asumir en Vialidad Nacional durante el macrismo, denunció las irregularidades en la obra pública de Santa Cruz que derivaron en la primera condena firme a Cristina Fernández de Kirchner. Por eso la fiscalía de Fabiana León lo esperaba este martes como testigo clave ante el Tribunal Oral Federal 7, integrado por Enrique Méndez Signori, Germán Castelli y Fernando Canero, en la causa donde CFK está acusada de ser jefa de una asociación ilícita y de cohecho por un supuesto sistema de coimas atado a las licitaciones viales.

El problema para la fiscalía no fue la falta de palabras. La audiencia se extendió más de nueve horas, con Iguacel como figura central de la jornada. El problema fue el sostén de lo que dijo. Buena parte de las afirmaciones más gruesas no las presenció: las escuchó. Cuando planteó que los adelantos que se pagaban por las obras estaban destinados a financiar coimas y le pidieron precisiones, atribuyó el dato a Sergio Passacantando, gerente de administración de Vialidad. En un juicio penal, la diferencia entre «lo vi» y «me lo contaron» no es un matiz retórico: es lo que separa una prueba de un rumor calificado.

Sobre esa base entraron las defensas. Según reconstruyó Página/12, Iguacel sostuvo que durante los gobiernos kirchneristas las constructoras se cartelizaron y cobraron un sobreprecio del 40 por ciento, pero al preguntarle cuántas denuncias había radicado, admitió entre diez y doce sobre más de quinientas obras ejecutadas. La pregunta se cae de madura: si estaba frente a un cartel que inflaba precios casi a la mitad, ¿por qué denunció menos del tres por ciento de los contratos que pasaron por su gestión? Ante el reclamo judicial de ese 40 por ciento, tampoco hubo respuesta.

El momento más incómodo llegó con el abogado de Cristina Kirchner, Carlos Beraldi. Iguacel había mencionado, como muestra de su combate contra la corrupción, una denuncia por la Autopista Richieri contra la empresa Aecsa, del Grupo Indalo. Beraldi le recordó que esa causa terminó sobreseída por inexistencia de delito y le preguntó si lo sabía. El testigo dijo que sí. «¿Y por qué no lo dijo?», cerró el defensor. No hubo contestación. Algo parecido ocurrió cuando sugirió que la trama de corrupción se armó con la designación de Passacantando por decreto, «algo que no ocurrió en toda la historia»: le leyeron decretos anteriores, de Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner, designando gerentes de Vialidad del mismo modo. «Es lo que me dijeron», habría respondido.

Otro de sus argumentos centrales tampoco resistió el cruce técnico. Iguacel planteó que las obras salieron más baratas durante el macrismo como prueba de los sobreprecios previos, pero las pericias de la causa atribuyen ese menor costo a que varios tramos ya estaban avanzados cuando llegó Cambiemos, que además frenó casi todos los proyectos iniciados, con la excepción de la Ruta 3. Hasta la vieja acusación de que se pagaron obras que nunca se hicieron —bandera del expediente en sus inicios— se había desinflado tanto que ni figuró en la condena de Vialidad, y una auditoría que el propio Iguacel mandó a hacer concluyó que no se abonó nada que no estuviera construido.

Queda por delante el resto de la ronda testimonial, que sigue el jueves con la declaración de Neira. Iguacel ya dijo lo suyo, y lo dijo largo. Si eso suma o resta a la acusación lo definirá el Tribunal cuando pese cada testimonio, no la extensión de una audiencia de nueve horas.

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