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Crónica

Los que enseñan después del timbre no salen en los rankings

El 15 de mayo fue el Día del Docente Universitario. No hubo feriado ni cadena nacional. Hubo una tecnicatura pública y gratuita en La Matanza, profes que viajan con planillas en la mochila y una pregunta que nadie se hace: ¿quién sostiene la universidad cuando el Estado mira para otro lado?

15 de mayo. No hubo feriado, no hubo acto en cadena. Hubo mensajes cortos, fotos de pizarrones, un mate que se enfrió mientras se corregía. Fue el Día del Docente Universitario, y hoy todavía suena.

Escribo esto para todos, pero lo escribo con la cabeza en La Matanza, en la Extensión Áulica de la FPyCS de la UNLP, donde enseñan los que no salen en los rankings. Y lo escribo con nombre propio, porque si no, la crónica se queda fría: María Belén Biasi, coordinadora, amiga, compañera. La que hace que la palabra extensión no sea un trámite.

De dónde viene el 15

No es una fecha amable. Es una fecha con historia en el cuerpo. En 1969, en Corrientes, la dictadura de Onganía quiso privatizar el comedor universitario. La FUNE marchó. La policía disparó en la plaza y mató a Juan José Cabral, 22 años, estudiante de Medicina. De esa represión salió algo que todavía nos sostiene: el comedor siguió público y, dos años después, se cayó el ingreso eliminatorio.

Y más atrás, Córdoba 1918. Hasta entonces enseñar era leer la Ratio Studiorum y esperar que repitan. La Reforma lo rompió: concursos, libertad de cátedra, y esa frase que todavía ordena el aula: «la autoridad se ejercita sugiriendo y amando. Sólo podrán ser maestros los verdaderos constructores de alma». Por eso ayer no festejamos un título. Festejamos una decisión tomada hace más de cien años y defendida con sangre hace poco más de cincuenta.

Aquí, en La Matanza

La historia grande se hace chica en un aula prestada. La Facultad de Periodismo y Comunicación Social abrió la Tecnicatura Superior Universitaria en Periodismo Deportivo en La Matanza, en el Instituto San José, con el Obispado de San Justo. Es la única tecnicatura pública y gratuita del país en esa especialidad, y no está en el centro: está acá, donde el colectivo tarda y la SUBE se carga de a poco.

La decana Ayelén Sidun lo dijo en la apertura, sin vueltas: mientras algunos hablan del conurbano como si fuera un lugar para castigar, nosotros venimos a abrir un espacio que garantiza el derecho a estudiar. Y dijo algo más que es la tarea de fondo: que estudiar periodismo acá sirve para que los vecinos dejen de ser narrados con la mirada simplista de afuera y puedan contar su propia historia. Eso es la extensión. No es llevar la facultad a otro barrio. Es devolverle la voz al barrio.

Belén y los demás

María Belén Biasi fue designada por el Consejo Directivo como prosecretaria de Extensión Universitaria. En los papeles suena prolijo. En la vida real es otra cosa. Es la que contesta el WhatsApp a las diez de la noche porque una estudiante no entiende el SIU. Es la que consigue el aula cuando el colegio la necesita para otra cosa. Es la que viaja de Los Hornos a la Ex ESMA y termina en La Matanza con la mochila llena de planillas.

Y con ella están todos. El profe de taller que lleva su propia cámara porque la facultad no tiene. La docente de comunicación popular que da clase con ejemplos del mercado de San Justo. El ayudante que corrige en el bondi 620 entre Laferrère y Ramos. La tutora que se queda después de hora para explicar cómo se arma un lead cuando el pibe labura todo el día en un depósito. Enseñan sin escenario. Con calor, con ruido de pasillo, con pizarrones manchados. Enseñan a estudiantes que son primera generación universitaria, que dudan, que vuelven después de dejar, que a veces llegan con hambre.

Lo que pasó ayer, de verdad

Ayer no hubo brindis. Hubo un sticker en el grupo, una foto del aula vacía a las siete de la mañana, una alumna que le llevó torta a su profe de radio. Hubo cansancio acumulado y, a la vez, orgullo terco. Porque ser docente universitario hoy es explicar con un celular cuando se cae el wifi, es defender la universidad pública mientras te dicen que es gasto, es seguir creyendo que un título no es un privilegio sino un derecho. Es hacerlo en La Matanza, donde cada estudiante que se recibe es una noticia que no sale en los grandes diarios pero cambia una familia entera.

Si Martín Wullich todavía pasara su frase por FM Horizonte, la diría para ustedes: «Mientras tanto, aquí en la gran ciudad. Una nueva hora, comienza.» Porque eso hacen cada vez que abren la puerta del aula. Empiezan de nuevo. Con otro grupo, con otro cuatrimestre, con otro país complicado. Empiezan sin pedir aplausos.

Ayer fue su día. Hoy es el día después, que es el que más vale.

Crónica escrita por: Diego Maldonado

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