Realizamos una encuesta a mujeres platenses de entre 22 y 55 años para analizar la aparente crisis en los vínculos heterosexuales y estas fueron sus respuestas...
En la calle, en los bares, en las fiestas y en las plazas las conversaciones son las mismas: algo está pasando con los vínculos heterosexuales. ¿Por qué está costando tanto relacionarnos?1
Cuando preguntamos en la encuesta si consideran que existe una crisis vincular entre hombres y mujeres, el 89,2% respondió que sí. Evidentemente, hay una situación que urge analizar.
Además de las condiciones materiales complejas – pues el 77% de las encuestadas se autopercibe de clase media baja o baja -, los trabajos precarizados y sobre-exigentes y la falta de momentos para el ocio, las respuestas revelaron muchos otros factores que tienen incidencia en la dificultad para construir vínculos heterosexuales a corto, mediano y (ni hablar) largo plazo.
La percepción de las entrevistadas arroja datos interesantes acerca de los motivos por los cuales existe esta crisis vincular. Estas intuiciones tienen que ver con lo que ellas diagnostican como una falta de registro del otro y la imposibilidad de comunicarse de una manera profunda y sincera, pues lo que más se reclama es la falta de escucha, empatía y comunicación.
Las encuestadas más jóvenes destacan el rol de las redes sociales como un obstáculo, que en lugar de propiciar la cercanía, termina reproduciendo una lógica de consumo y descarte.

No quiero flores, quiero que me escuches
El miedo a asumir responsabilidades y compromisos de parte de los varones es otro aspecto que las entrevistadas subrayan:
‘’Las mujeres estamos cada vez más conectadas con lo que sentimos y nos pasa, a la vez que nos interesamos en tener una vida plena, hacer deporte, tener amigos, etc. En el contrario siento que los hombres sólo dan lo mínimo indispensable y hay que celebrarles que se interesen en vos más allá del sexo’’, comenta una encuestada.
Ellas aseguran que están cambiando, persiguiendo objetivos claros, mientras los hombres se encuentran desorientados y desean seguir orbitando alrededor de su «zona de confort» y mantenerse iguales en un mundo que se sigue transformando.
‘’Con todas las amigas que hablo que tuvieron o tienen novio tienen problemas muy parecidos y muchos radican en la inmadurez del hombre o que nunca se dan cuenta de nada, siempre el hombre es el que no se da cuenta y eso justifica su accionar.
Por el contrario la mujer es mucho más consciente de lo que hace y si se equivoca tiene una explicación más clara, no es “ay perdón no me di cuenta” si no que va más allá, se intenta analizar la situación en general, pide disculpas porque entiende el problema de la situación, el hombre parece que pide disculpas para que la mujer se calle y no tener que seguir bancando el planteo’’, sostiene una participante.
Es curioso que algunas entrevistadas ven que los hombres encuentran en movimientos políticos de ultraderecha e influencers una especie de refugio para su resentimiento. Para algunas existen nichos de internet que están reivindicando directamente el patriarcado:
‘’Creo que el principal problema es el auge de la derecha y el movimiento red pill (o machosfera), ya que les da una falsa creencia de que las mujeres debemos solo ser estéticamente de determinadas manera y servirles, sino no tenemos valor’’, indica una de las participantes.
Cuando se consultó acerca de lo que podrían hacer los hombres frente a esta crisis, lo que más resaltó fue la necesidad de que ellos aprendan a conectar con sus sentimientos, a reflexionar sobre sus deseos y acciones, a dejar de ver a las mujeres como meros objetos sexuales.
Las entrevistadas señalan que es imperativo que los hombres aprendan a escuchar a otras mujeres y a relacionarse con ellas más allá de lo sexual, generar amistades duraderas y habilitar los espacios que entre ellos comparten para hablar sobre lo que sienten.

Pero no todo es responsabilidad de ellos…
‘’Hay que poner límites e irnos de donde nos maltratan’’
Entre las cosas que las mujeres mencionan que pueden modificar para su propia vida y sus relaciones está el establecimiento de límites claros, no normalizar salir con parejas abusivas o que muestran actitudes que incomodan, no dejar pasar vulneraciones, trabajar en el autoestima y la autovalidación, no perderse en la pareja y mantener círculos de amistades y redes de apoyo y contención. También se hace énfasis en el rol femenino a la hora de criar infancias más sanas y horizontales:
‘’Si somos mamás, debemos concientizar. Si no somos personas a cargo simplemente no debemos retroceder en los derechos conquistados’’ . ‘’Hay que poner límites e irnos de donde nos maltratan’’ dicen las entrevistadas.
A pesar de las dificultades que trae la construcción vincular, existen aspectos que las mujeres en pareja valoran, entre ellos destacan el compañerismo sin caer en actitudes invasivas, controladoras ni codependientes, el apoyo mutuo, el sentimiento de valoración recíproco y la cooperación: ‘’lo que más valoro es el apoyo mutuo y la compañía’’ expresan.
Podríamos decir que son varios los factores que atraviesan a esta serie de conflictos a la hora de vincularnos con el otro sexo. La crisis económica, la falta de tiempo, la resistencia a salir del lugar seguro, las redes sociales, el descarte del otro y el egoísmo confluyen en una situación que genera nuevos miedos, angustias y preocupaciones, pero también nuevos modos de pensarnos a nosotros mismos.
¿Qué clase de personas queremos ser? Y más complejo aún: ¿qué clase de personas podemos ser al momento de construir algo con el otro?
- *Participaron 39 mujeres de La Plata de entre 22 y 55 años, convocadas a través de redes sociales. La mayoría —el 67%— tiene entre 22 y 29 años, por lo que los resultados reflejan con mayor peso la experiencia de mujeres jóvenes. En cuanto a la clase social autopercibida, el 56% se identificó como clase media/baja y el 21% como clase baja. La muestra no es estadísticamente representativa, pero los patrones que emergen son consistentes y merecen atención.
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