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Oscar Mombiela: lo trajo Zubeldía, se destacó como scouting y hoy pasa una delicada enfermedad

Fue delantero de la reserva en una época de oro de Estudiantes. A los 81 años padece de ELA. Hasta hace unos meses seguía con la bolsa de pelotas, entrenando a los pibes que soñaban con un futuro de primera.

Mombiella aparece en una fotografía histórica que a todo pincha le hace cosquillas. Está con el traje que alguna vez dio que hablar en la prensa… Año 1965. De camisa, ambo, saco y un prolijo nudo de corbata, algo inédito en el antigüo estadio «Jorge Luis Hirschi» de Estudiantes para un plantel de fútbol juvenil. Cerca suyo, están los que llegaron a sers campeones de todo, Bedogni, Aguirre Suárez, Manera, Malbernat, Medina, el Bambi Flores y Echecopar. Hasta el marplatense Santella, más tarde profe exitoso con Bianchi.
Aquella Tercera que Mata, fue una base para la llegada de Zubeldía, quien sumó a Mombiella y a Spadaro después de un amistoso con Sarmiento, en Junín. Fichó y fue parte de la Reserva, categoría que estaba al mando del «Zorro». Tenía veinte años y también vivía la fiesta previa, cuando la gente copaba al cancha y coreaba el “Sí, sí, señores, soy de Estudiantes / sí, sí, señores, de corazón / porque este año de la tercera / de la tercera / salió el nuevo campeón!”.

Mombiela, en la fila de abajo, el primero.

Estudiantes fue para Mombiela la vida entera, a pesar de que estuvo un año. Pocas chances de mostrarse en épocas donde solo se permitía el cambio de arqueros. «Le pegaba bien a la pelota» destaca su ex compañero Enrique «Tinga» Flores, hoy entrenador del fútbol amateur albirrojo. «Oscar jugó diez partidos de Reserva y convirtió dos goles, uno a San Lorenzo y otro a Vélez”, tiró la precisa Claudio Alvarez, infalible estadígrafo que pasara por la prensa nacional.
Hay un diario que anuncia el inicio de la temporada de 1965. El Pincha es local contra Central, debut absoluto de Zubeldía en La Plata. La nómina de convocados. En Primera: Oleynicky; Barale, Malbernat; Cheves, López, Madero; Nardiello, Bilardo, Leeb, Eduardo Flores y Verón. Arquero suplente: Poletti. Para la Reserva, se cita a Espinoza; Demarta, Epeloa; Castillo, Spadaro y Pachamé; Escos, Santiago, Mayor, Avelino y Cavoli. Suplentes: Castilla, Ferrín y Mombiela. En la Tercera, el plantel tiene a Poletti, Gabriel Flores, Manera, Rodríguez, Aguirre Suárez, Maschio, Mateo, Lafuente, Medina, Enrique Flores, Echecopar, Bedogni, Cullerton, Mercerat y Muñoz.

“Había sido parte de esa gran época de Estudiantes, pero es de perfil bajo. Lo reconocen, pero Oscar es de la clase de personas que lleva el anonimato como bandera, para él, que resalten los demás, siempre pensó en el otro”, destacó una sobrina del corazón que nos acercó la noticia del estado de salud. Una enfermedad de ELA que atacó la musculatura, cuando nada lo hacía prever. Hace nueve meses seguía entrenando a un grupo de pibes en el parque San Martín, entre ellos, al hijo de Matías Sarulyte, ex jugador de Estudiantes al que también descubrió. Pero la vida le cambió de repente. Ya no está en su casa de Melchor Romero sino en una etapa de delicados aspectos de la salud.

“El fuerte mío era la habilidad”… “Demasiado he llegado”… pronunciaba las palabras con timidez. Nació el 13 de enero de 1945. El club de origen fue Colonial de Ferré.
“En 1963, con dieciocho años, me fichó Independiente de Avellaneda donde estuve un año. Me dieron a préstamo a Argentino de Quilmes y a Estudiantes de Buenos Aires, pero en el campo (se refiere a Ferré) no me dejaron ir y entonces volví a Colonial. Cuando me estoy probando en Sarmiento viene Estudiantes a jugar un amistoso, me ven y me llevan”, relataba Oscar en una nota para el cable de aquella localidad bonaerense donde lo adoran: Ferré, partido de Arenales.
Para ordenar su trayectoria, club por club, después de Estudiantes, un breve lapso en Gimnasia y Cambaceres, siete temporadas del ascenso de AFA, entre 1967 y 1973. En los Rojos de Ensenada aparece con tres goles en una jornada histórica: la máxima goleada de la historia en AFA, 13 a 0 ante Tristán Suárez, con «tricota» de Mombiela. Además, se reencontró con ex pinchas como el arquero Garbarini, Manuel Castillo, Lafuente y Fariscoy.
Continuó con éxito en el fútbol del interior: Douglas Haig (gran equipo del ’74), Juventud de Pergamino y la Selección de la misma ciudad, Sarmiento de Junín, Colonial de Ferré (campeón 1978), Selección de Rojas, Tandil y el final de la carrera en Azul, donde lo acercó Héctor Antonio, emblema pincha y tripero, “¡qué jugadorazo!”, según se reverenciaba Mombiela ante las cualidadesd del «Negro».

Abrir revistas y ver fotografías es uno de los ejercicios más apasionantes de nuestra profesión de periodistas. Ojear el pasado y ver, por ejemplo, un momento de plenitud de Oscar. La revista Sports (edición extra de El Gráfico) realizaba una producción de varias páginas con el título que se anticipaba al futuro de éxito cuando éste no había llegado a 1 y 57. Filosofía estudiantil. A continuación, nombres de esa foto donde el grupo está delante de la vieja platea techada; de izquierda a derecha: Medina, Maschio, Enrique Flores, Muñoz, Mateo, Cullerton, Cremasco, Aguirre Suárez, Echecopar, Manera, Demarta, Ignomiriello DT, Cancela PF, Duarte, Gabriel Flores, Bedogni, Lafuente, Pachamé, Mercerat, Orife, Mombiela, Santella y Rodríguez. Hay media docena de campeones de América y del mundo.

Revista El Gráfico. Desde la derecha, es el tercero

Mombiela fue entrenador de categorías formativas, un buscador de jugadores a los que le daba alguna chance en clubes afiliados a la primera de la Asociación del Fútbol Argentino. Su trabajo pasaba por la captación y además, una tarea que muchos se ahorran… ¡la formación! Con su amor y sabiduría transitó canchas de Ferré, Rojas, Carabelas, Arenales, Pergamino.
Tenía contactos con el norte del país, Salta, Formosa, desde donde le “pasaban” algún joven para buscarle alguna chance en el difícil contexto de AFA. Abrió una escuela en el Parque San Martín con el “Urraca” Walter Durso (ex wing del Tripero y River, que se nos fue este año).

Siempre evocaba al primer jugador que ayudó en la dura empresa de llegar… Juan Carlos Cecchini, quien firmó contrato con Estudiantes e integró el plantel 1987/88 (pero no jugó). También estaba feliz por la trayectoria que pudo desarrollar Sarulyte, defensor central que fue dirigido por Sabella.
En 1980 arranca como seleccionador cuando no proliferaban escuelas de técnicos ni tampoco la figura hoy común de los scoutings. “Me dediqué a esto exclusivamente”, exolicaba algún que otro aspecto de su receta, la seriedad y las horas invertidas en un campo, enseñando, aconsejando, dando la teoría y la práctica de la técnica individual. “Cuando llevo a probar jugadores y casi siempre quedan porque los llevamos bien preparados. Los pibes saben la seriedad con la que trabajo y eso lo respetan mucho. Tengo tiempo de trabajar sobre los defectos de cada uno. Si no están bien, no los llevamos a mostrar”.

En un vestuario (izquierda), poniéndose las medias

Cada día volvía a sembrar con la esperanza de recoger algún día para el bien de todos. “El Chivo”. “El Pelado”. Uno de esos “tapados” que tuvo el León en su época de referencia obligada, cuando llegó Zubeldía y armó la revolución.

En distrito pergaminense se reencontraría con el inolvidable Juan Echecopar, del que fue compañero y amigo. “Todavía conservo una carta que me mandó cuando con Estudiantes fueron a jugar a Chile y Juancito me hizo una carta para que siga insistiendo… Esas cosas que guardas y te dan ganas de leer. Y cuando jugué Pergamino siempre nos veíamos”. Sus palabras contenían el llanto.
Retornaba a la reflexión, madura, seria, directa: “Hoy el fútbol es muy físico, se fijan mucho en la altura, y por ahí no la ven… Me llaman mucho para conseguir algún chico; pero hoy está difícil, porque los chicos están metidos en los celulares y algunas adicciones. La situación social está mala… Tuve un terreno en La Plata donde hacíamos fútbol y si iban con la bicicleta, se la sacaban; si iban con ropa buena, se la sacaban… ¡No hay más potreros en La Plata, por eso y otras cosas!”, se lamentaba Mombiela.
 “A los chicos hay que trabajarlos y trabajarlos… El técnico también tiene que saber más, sino no te respetan”. Su vocabulario acaso recuerde a Zubeldía y a Bilardo. Con dedicación de orfebre superó los cincuenta años en esta actividad. “Cuando recién empecé, me ayudó mucho Bilardo y Malbernat, y me dediqué a la captación de los chicos por el Bocha Flores, recuerdo cuando íbamos juntos a buscar chicos por el interior y compartíamos momentos imborrables. En la vida algo aprendí al lado de grandes personas”.

Campeonato Argentino. En la selección de Rojas, al ataque

Ultimamente trabajaba por su cuenta… “Tengo ochenta años y trabajo como si fuese de veinte”. Y quienes lo trataban sentía en el aire un poco la vieja escuela Pincharrata, de aquella Tercera que vestía de saco y aprendía modales, con clases de oratoria, orden personal y alimentación adecuada. Aunque a veces el fútbol no diera soluciones, él se las pasaba buscándolas, yendo a los potreros. “Haciendo formación me fue muy bien… Llevo como sesenta jugadores metidos en los clubes”.

Su bonhomía es lo que perdurará. Su olfato para detectar al joven apto y dispuesto a subir otro escalón. El tipo de gente que hizo docencia con armonía, sin estridencias, sin llorar ni retroceder nunca, aunque no sea justa la paga. El que triunfó en las ligas donde no llega la prensa grande. En Douglas, donde se ponía a hacer jueguitos en el gimnasio y los chicos paraban a verlo y a contarle hasta cien en el dominio del balón del viejo ídolo. El que una vez fue heladero dentro del club y le regalaba un palito de agua a esos mismos chicos. Un hombre sano, criado en el interior profundo, cerca de las vacas y los caballos, cuando antes de venirse a La Plata salía a correr cruzando los surcos de maíz como si estuviese gambeteando…

Una vez más, el ejercicio de la profesión nos lleva a guardar las revistas en la caja correspondiente. En las grupales, uno no siempre identifica a todos… Pero ahí está Oscar, entre un grupo de muchachos que fue campeón de todo lo que jugó. En un rincón de la calle 1, como a la espera de alguna citación. Hoy pelea por su vida.

Junto al pino, en 55 y 115. Ignomiriello sonré; detrás del DT, Malbernat, Mombiella y Verón
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