En una madrugada marcada por el vandalismo y la delincuencia, un grupo de individuos causó estragos en un autoservicio ubicado en Los Hornos, específicamente en la intersección de las calles 147 entre 65 y 66. Los perpetradores, aprovechando la oscuridad y la falta de vigilancia, rompieron una cabina de gas y sustrajeron los caños, para luego intentar ingresar al comercio.
El incidente tuvo lugar alrededor de las 2 de la madrugada de este miércoles, dejando a los propietarios del establecimiento afectados por la pérdida de objetos de valor. A pesar de contar con medidas de seguridad como muebles que evitan el ingreso total, los delincuentes lograron llevarse algunos artículos.
Ante esta situación, los residentes de la zona reclaman una mayor presencia policial, ya que las alarmas vecinales y las cámaras de vigilancia parecen no ser suficientes para disuadir a los ladrones. Este nuevo episodio de robo y vandalismo resalta la urgente necesidad de implementar estrategias más efectivas para combatir la creciente ola delictiva en Los Hornos.
La calle 54 y 26 era la vía obligada por donde los jugadores de la Liga Amateur entraban a la cancha del Parque Vucetich (ex San Martín), habilitada para sus partidos increíbles desde 1960 a 1995. Una cancha que pertenece al Centro de Fomento General San Martín pero sigue en la memoria como “la cancha de Everton”. El club que este 9 de abril celebra su larga vida de 119 años, siendo uno de los que arrancaron la competencia en La Plata, enfrentando a Estudiantes y Gimnasia. Hoy, con un predio amplio en la zona sur, el Aeropuerto, con doble competencia en Liga Amateur y AFA, y con la dirección técnica que desde hace 18 años tiene a un mismo hombre, Gustavo Luis Bianco, de 54 años, casado y con dos hijos adolescentes, que al igual que muchos “Decanos” que leen esta nota no pueden creer cómo cambió todo, desde aquella cancha prestada, donde Bianco jugó su primer partido. Entonces, con 21 años, libre de Gimnasia, llegó para jugar directamente en Primera división el sábado 24 de abril de 1993, ante Los Tolosanos, rival que venía de ganar dos de los últimos cuatro torneos y que, con un gol en cada tiempo, se llevó la victoria 2 a 0. Afuera, con bastante público, entre eucaliptos, fresnos, tilos y alguna palmera, estuvo asomado al alambrado perimetral del Parque San Martín don Fausto Bianco, su padre, en adelante un hincha que adoptó a Everton con tanto cariño como al Lobo. En una imaginaria votación, hoy nadie dudaría en relacionar el apellido Bianco con Everton, como uno de los que antiguamente lo fundaron en una casa de la calle 58 y 16 (numeral 1244), propiedad de don José Benito Vallejo, a principios del siglo pasado. Volvamos a la primera tarde de Bianco, al partido en el que los once de azul y amarillo fueron Pablo Barros Schelotto; Leandro Milman, Marcelo Pelaez, Marcelo Mazzacane, Carlos Segovia; Mauricio Girotti, Gabriel Crivaro, BIANCO, Giócolo; Bartolomé Martínez y Hernán Vicente.
Bianco recuerda que fue el director técnico de ese momento, Daniel Espinoza, el que lo recibió un jueves, en el parque. «Fuimos con Hernán Vicente y después de unos 20 minutos de fútbol, me sacó y me mandó a la sede a firmar unos papeles ese mismo día”. Espinoza —ya fallecido— fue uno de los pibes de Gimnasia que en 1970 aguantaron la semifinal con Rosario Central, cuando días antes de jugarse el pasaporte a la final del Torneo Nacional, los profesionales y los dirigentes entraron en un tironeo por “los premios”. Esa Liga Amateur había empezado a tener una primavera con algunas figuras que no encontraron chances, ofertas o libros de pases abiertos, y recalaron en pleno amateurismo. Como Ruben Agüero (venía de jugar en Deportivo Quito de Ecuador) y Marcelo Zamora (jugó en Estudiantes en 1983 en el torneo local, como jugador que alternó mientras los titulares afrontaban la Copa Libertadores), ambos, compañeros de Bianco en su año de largada. Pero el nuevo terreno de juego no era parejo y los rivales con más ganas de defenderse con pierna fuerte. Ya el segundo partido, de visitante en la cancha de INDECO, frente a El Cruce, Bianco se tomaba los pelos porque su amigo Hernán Vicente (hijo del recordado ex presidente Roberto Vicente) recibió una infracción que lo tuvo muy mal. Los dos habían jugado en las inferiores de Gimnasia, en la 71, “se pegaba, sí, pero nunca me había lesionado. Ese día se me llenó de sangre la pierna y me cortaron para que drene”. Con el tiempo, un hijo de Gustavo fue apadrinado por Hernán, y la elección fue a la inversa cuando el delantero fue papá.
El torneo del 93 —el primero con Bianco—al fin Everton podía aspirar a jugar por un título luego de cuatro años en que se festejaba la permanencia . La clasificación costó sangre, sudor y lágrimas, precisamente en una última fecha donde el rival Lenci terminó con seis jugadores (el último expulsado le pegó a Bianco) y los evertonianos lograban el triunfo en cancha de Montoro y el pasaje a la Zona Campeonato. Sus pases al claro eran el oxígeno de un equipo que empezó a ser protagonista. En el 94 siguió la mejoría, con más juventud que llegaba de Gimnasia y en el 95 la consagración después de 48 años, en la ciudad de Berisso, el 1 de noviembre, con un empate ante Unidos de Olmos que dirimieron por penales. La violencia también dijo presente esa tarde soleada. Bianco, con la 5 en su dorsal, metió un gol en la serie desde los once metros. Fue el segundo goleador del equipo con cinco goles —dos menos que su amigo Vicente—. La felicidad del momento aún se paladea en los dichos del técnico Carlos Sparvieri que lo catalogó como “un jugador muy posicional, de muy buen manejo de pelota y uno de los mejores jugadores con cambio de frentes acá en la Liga, nadie pasaba la pelota como él, de un lado y de otro”.
Pablo Ricciardi representa actualmente mucho en Tricolores y en los noventa su juego fue motivo de una convocatoria para la Selección liguista. Así conoció a Bianco, “un rival al que daba placer enfrentar. Más tarde, me lo cruzo ya él como técnico y yo en la dirigencia, y en parte por su personalidad muy abierta y amable, en las charlas era de mostrarte algo para que uno pueda crecer”. Bianco se recibió de contador y al rato “contó” una estrella más como jugador en una inolvidable fiesta deportiva, el día que La Plata cumplía años y definía la Liga en el mítico escenario de 1 y 57. Una final muy disputada con Alianza que finalizó 2 a 2 el jueves 19 de noviembre de 1998. Aparecieron por el túnel Marcelo Ferreyra; Alejandro Sarmiento, Luis Palhao, Marcelo Mazzacane, Rodrigo Tito; Martín Mendiburu, Sebastián De los Reyes, BIANCO, Sebastián Demarco; Sebastián Abdala y Juan Illia. Pasado el tiempo se supo que “El Chaucha” quiso jugar lesionado, hasta que no pudo seguir, a los 10 minutos del segundo tiempo, reemplazado por Sebastián Mazza. Cuando Everton irrumpió en el Torneo Argentino B 1998-98 sumó como refuerzo a otro ex compañero de la adolesencia en la 71 de Gimnasia, Alejandro Andrada (actual entrenador de arqueros de las juveniles triperas). El “Gato” se agigantó en sus vuelos y resultó figura ante rivales de fuste, como Huracán de Tres Arroyos o Yerbatero de Misiones. “Pude compartir las últimas de Gustavo, un 10 de los viejos, que hacía jugar a todos, o bien en el medio para manejar como un patrón de estancia. Una de las mejores zurdas que vi en la Liga, junto a la de Demarco”.
Rafael Sastre, su amistad más grande, desde Miramar atiende la llamada y se suma a los saludos por el aniversario de un Club que también aprendió a querer. Se conocieron en el barrio Hipódromo y se trataron cuando entró a trabajar en 1984 al taller de chapa y pintura del papá de Gustavo. “En las vacaciones de verano don Fausto lo hacía aprender el oficio de mecánico”. Era un pequeño de 13 años y terminará la carrera de contador. Pero el amor a la pelota fue la propulsión de esta relación, con un ingrediente extra: en las categorías formativas de Gimnasia, don Angel Mariscal (padrastro de Rafael) y Fausto Bianco, dejaron horas de sus vidas y un afecto perdurable en generaciones de jugadores. Un refrán dice que “el fruto no puede caer muy lejos del árbol”.
En 2002 se sacó la camiseta y secándose esas lágrimas secretas de todo jugador, se alistó para empezar una historia como Director Técnico. La primera etapa floreció entre los pibes de Quinta en 2003, una Cuarta en 2004, para pasar a la Primera en reemplazo a Sparvieri que “en 2005 no pudo seguir por laburo”. El primer torneo fue en dupla con Hernán Vercesi. Este, con los detalles que lo pintan en el oficio de DT, suele recordarle a Gustavo “su primer día en el Club, que en realidad fue para los dos”. “¡Tenía una remera celeste!”, tiró sonriente quien hoy vuelve a acompañarlo, como ayudante de campo. Aquel «Decano» tuvo este once base: 1 Leandro Pratto, 2 Bruno Ceraldi, 3 Facundo Mocoroa, 4 Sebastián Salguero, 5 Alejandro Vallejos, 6 Federico Catriel, 7 Federico Pereyra Díaz, 8 Damián Nicolini, 9 Luis Martin, 10 Juan Reichenbach, 11 Fernando Guadarrama. Festejaron los 200 goles del «Luifa», el actual preparador físico de la Selección Argentina, que también iba dejando su etapa de jugador para terminar la facultad.
La posta volvió en 2006 a manos de Sparvieri, hasta que éste terminó su romance con Everton. Desde entonces, Bianco fue “solista” desde 2007 hasta el presente, ¡18 años consecutivos! El sentido de pertenencia, la rutina feliz, como la que en Brown de Adrogué lleva Pablo Vicó, quien en marzo empezó su temporada 15 en Primera aunque en su caso sea un ámbito donde el fútbol se rige por contratos. Si bien lo de Bianco es amateur, no le envidia a un trío de personajes públicos, íconos de Europa, que han llevado rachas impresionantes. El francés Guy Roux en el AJ Auxerre alcanzó 44 años al mando del equipo desde 1961 a 2005 (el período tuvo una pequeña interrupción en la temporada 2000-2001). El vínculo se inició en la Championnat National (tercera división francesa, amateur) y se convirtió en profesional al jugar la Ligue 1 francesa. En la tabla de “la continuidad” le siguió con 25 años Alexander Ferguson en Manchester United (1986 a 2013) y con 22 años Arsene Wenger en el Arsenal de Inglaterra (1996 a 2018). Pero Roux, de 85 años, no trabaja más, y “Sir Alex” Ferguson, a sus 82, también dejó; “Le Professeur» Wenger tiene 74 y otros roles como dirigente deportivo, siendo director de desarrollo de la FIFA. En la Argentina, Vicó, de 68, y Bianco, de 52, no piensan en los récords del Libro Guinnes y solo desean la supervivencia de sus instituciones donde también se ponen la pilcha para laburar.
El éxito lo siguió como si fuese su propia sombra, o su obsesión por tener a Everton en lo más alto de las posiciones. Cuatro títulos en el torneo regular (bicampeón 2010, Clausura 2011 y Apertura 2014); tres tres títulos por Copa de Campeones (2016, 2020 y 2021) y dos ascensos en certámenes el Consejo Federal de AFA. Hubo una tarde fría de 2013, el 2 de junio, que se volvió la más calurosa de la historia de Everton al pegar el salto del Torneo Argentino C al Argentino B. Lo consigue a mil kilómetros de La Plata, en Tres Algarrobos. Los héroes amateurs fueron Julián Bidondo (autor del gol agónico que llevó a esos remates) y el arquero Maximiliano Mareco (responsable de atajar dos disparos). Además, son parte de esas páginas del libro dorado José Alvarez, Gastón García, Leandro Felices, Damián Nicolini, Federico Catriel, Gastón Ibañez, Matías Chapetta, Pablo Ferretti, Facundo Acha, Federico Reichenbach, Leandro Díaz Peña, Maxi Yalet, Juan Cruz García y Rodolfo Llanos.
Cinco años consecutivos permaneció Everton con viajes y sacrificios económicos donde no faltó el aporte de los mismos muchachos que defendían la camiseta. En un tropiezo deportivo las fuerzas no decayeron y el 30 de abril de 2018 logra reconquistar la divional del Consejo de AFA, el Federal B. Federico Catriel es el jugador que más dirigió Bianco. Libre de Estudiantes (donde fue campeón en Cuarta de AFA) llegó al Club en 2003 cuando todavía no tenía el predio y desde entonces siempre está, salvo un par de años donde fue a préstamo a clubes de Magdalena y de Pehuajó. Con 41 años integra la zaga central en este torneo Apertura 2024 y la razón de su esfuerzo es la motivación que genera el grupo y una buena persona como Gustavo que «me ayuda a encarar con madurez temas de la vida, como los consejos desde que fui padre”. Catriel confiesa que en esos días que no jugaba en Everton, solía volver los jueves para ser el cocinero a pedido de los muchachos. En esos terceros tiempos, una vez Bianco, manteniendo la distancia de técnico, le marcaba el camino. “Ya estás acá, ¿Cuándo te cuento otra vez en el equipo?». La guapeza y el gol fueron sinónimo de «Mono» Ferretti, quien ha sintetizado el estilo Bianco en una frase que «tanto nos ha inculcado él y que los más grandes transmitimos a otras generaciones: el orgullo de pertenecer».
En agosto de 2016 despertaron sin saber si era realidad o ficción la presencia de Leandro Benítez, el talentoso “Chino”, uno de esos regalos que de vez en cuando propicio este fútbol. El ex pincharrata que había levantado la cuarta Libertadores quedó a disposición de Bianco. “Que la pelota pase por el Chino”, fue la consigna del pizarrón evertoniano. Pero en la experiencia más de uno interpretó un poco más el fútbol como un sacrificio. Gastón Galarza tenía 21 cuando sufrió un dolor inmenso al no firmar para el club de su barrio, de su familia, Villa San Carlos. Las heridas se curaron pese a “encontrarme con una Liga desconocida donde decían que me iban a moler a patadas en canchas feas; encontré a un tipo que me dijo ‘vení, ganate el puesto y vas a sentirte muy importante’. En Everton aprendí de la buena energía de un vestuario sano, algo que transmite el cuerpo técnico y la dirigencia desde que pasás el portón del Pachi Funes”. Damián Pasalagua, entrenador de Brandsen, se entusiasma al hablar del colega Bianco. “Te aclaro que te mantenés por los resultados, eh; el sistema es así, sino te descartan, ya sea un grupo de amigos o un proyecto a lo Gallardo en River. Hay que estar en el día a día y para resolver tenes que estar capacitado, y además a Bianco en Everton le sonrió la vida. En este ambiente nos conocemos todos y sé que es querido por sus dirigidos”. Jorge Casanueva, campeón varias veces con ADIP, dirigió por última vez en Lezama, “y me elimina este Everton. Bianco me parece una persona muy correcta y hay que sacarse el sombrero porque siempre ha sido protagonista”.
Everton participa hace un par de meses en la nueva categoría creada en la AFA de la era del «Chiqui» Tapia. El Promocional Amateur (un Sub 25) tiene a catorce clubes por un gran objetivo, llegar a jugar en Primera C en 2025. “La idea es poder disfrutarlo y estar a la altura, con muchos chicos formados en casa”, piensa en voz alta el hombre que suele usar gorrita con vicera y hablar pausado, mirando a los ojos, como lo hace en casa con los hijos que vio crecer, Diego Bianco de 19 y Camila Bianco, de 21, se casó el año pasado con el futbolista Tomás Muro (hoy viven en Rusia). El compañerismo es un espíritu que se pasea por 7 y 629, el predio Oscar “Pachi” Funes, nombre que representa el amor de un hincha por los colores, el hombre común y corriente, laburante y apasionado como los que recorren la Liga. Esos que encuentran una salida sana y les cuesta dejar. Como le pasó a aquel capitán que es presidente, Marcelo Mazzacane; al preparador físico que ahora es Director Deportivo, Gonzalo Uranga; a Marcelo Miceli que ganó muchas medallas y copas y muchos más abrazos para que su gente lo eligiera técnico del Senior y hoy dirigente; a Hernán Vercesi que marcaba la punta izquierda en reserva y hoy coordinador el femenino, mientras ayuda en lo técnico a Bianco; a Hernán Vicente, el que recibía los pases al centímetro y acaba de regresar como protesorero. Todos se encontraron allá por abril de 1993, en que Marcelo Fortes tiraba sombreros en la reserva para seducir miradas de hinchas del viejo barrio. No se termina de explicar es lo de «El Negro”, que está mucho más que en las banderas, pero la vida nos pone a prueba y nos trae a préstamo. “Hace dos años él arrancó con esto de afiliarse a AFA, y si bien estábamos todos de acuerdo con la idea, Fortes fue gran artífice, por el empuje y la convicción”, razona Bianco. Es la comprobación que los locos cuerdos como Fortes son los que encaran las obras de los clubes. Una de ellas, una tribuna detrás del arco que concluye con la sala del Departamento de Fútbol Fausto Bianco, el querido «viejo» que no le faltó nunca a Gustavo, hasta que llegó su adiós. Otra vez la finitud de la existencia. Pero las instituciones quedan.
El almanque habla de 9 de abril y es el cumpleaños de «El Decano». Lugar en el que este escriba vivió un pedazo de su juventud. El próximo año serán 120 y mil historias que quedaron en papeles amarillentos y relatos orales se agrupan en la mente, como los jugadores sedientos de triunfos lo hacen alrededor de una pelota. Por allá, cuando el cansancio le gana a los cuerpos y la cabeza piensa en otra cosa, se oye un ¡Vaaamos, Evertooon! Un grito que parece estirarse con los brazos hacia el cielo, como si del más allá pudiera verse a «Pachi», el mismo hombre que entraba con el bidón de agua y el aerosol para ayudar a Bianco en los primeros partidos, en «la cancha de Everton» que nunca fue de Everton. La que tenía entrada por 54 y 26, por donde suele pasar Gustavo en su auto. “En lo posible trato de pasar despacito y la miro… Ahí fueron los primeros años, qué linda época”. En esa frase, antes de cortar, se puede encontrar la razón de estos 31 años de un tipo especial para un club amado. El que nació como 25 de Mayo y en medio de un fervoroso grupo que había visto el toque del Everton inglés en un amistoso en nuestro país (4-0 ante Alumni) votaron para cambiar el nombre, asamblea mediante. ¡Qué lío se hubiera armado hoy! Lo que nunca cambió fue el sentimiento.
Parados: Pachi Funes, Coluzzi (ayudantes), Splendido, Segovia, Menghini, De los Reyes, M. Salinas y Mazzacane. En cuclillas: Hernán Vicente, Polo, González, Mendiburu y Gustavo Bianco
En un gesto de solidaridad y defensa de la educación pública, la comunidad educativa del Liceo Víctor Mercante de La Plata llevó a cabo un emotivo abrazo simbólico al emblemático edificio ubicado en diagonal 77 y 49. Estudiantes, docentes y no docentes se unieron en esta manifestación para visibilizar la situación crítica que enfrenta el establecimiento, que depende de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).
Desde las 12:30 horas, los participantes rodearon el colegio con el objetivo de llamar la atención sobre la falta de paritarias y el escaso presupuesto destinado a infraestructura. Este evento fue convocado por la Asociación de Docentes Universitarios de La Plata (ADULP) y la Asociación de Trabajadores de la Universidad de La Plata (ATULP), quienes buscan aumentar el presupuesto de las Universidades Nacionales, congelado por el Gobierno.
Además, se exige el llamado a la paritaria nacional docente y no docente para poder recomponer los salarios y la restitución del Fondo Nacional de Incentivo Docente (FONID). La situación se agrava ante el aumento desmedido en las tarifas de servicios públicos, como el caso alarmante de la Facultad de Ciencias Exactas, cuya factura de luz de febrero ascendió a $14.158.623, triplicando el monto de enero debido a la quita del subsidio del Estado nacional.
Este abrazo simbólico refleja el compromiso de la comunidad educativa del Liceo Víctor Mercante y de todas las instituciones que luchan por una educación pública, gratuita y de calidad en Argentina.
El gobernador bonaerense Axel Kicillof se reunirá este martes a partir de las 10 de la mañana con una delegación de intendentes radicales, quienes llegarán con una serie de reclamos fundamentales para sus respectivos municipios. La cita, que se llevará a cabo en Casa de Gobierno, surge a raíz de las preocupaciones expresadas por los alcaldes durante el reciente Foro de la UCR en Adolfo Gonzales Chaves.
Entre los temas que se abordarán se destaca el alarmante aumento de los insumos médicos y medicamentos, que ha alcanzado hasta un 2500% interanual en algunos casos, poniendo en riesgo la atención de la salud en las comunas representadas por los intendentes.
Además, los mandatarios locales expresarán su preocupación por la paralización de obras financiadas con fondos nacionales y provinciales, lo que ha generado impactos negativos en la economía y el bienestar social de sus territorios. Otro punto clave será la seguridad, donde se buscarán soluciones concretas para abordar esta problemática.
La solicitud de esta reunión fue realizada el pasado miércoles 27 de marzo, justo antes del feriado de Semana Santa. Acompañando al gobernador Kicillof estarán presentes importantes funcionarios de su gabinete, como el ministro de Economía Pablo López, el ministro de Gobierno Carlos Bianco, el ministro de Infraestructura Gabriel Katopodis y la jefa de asesores Cristina Álvarez Rodríguez.
Por el lado de los intendentes radicales, se espera la presencia de una amplia representación, incluyendo a figuras destacadas como Javier Andrés de Adolfo Alsina, Ramón Capra de General Alvear, y muchos otros líderes municipales de la provincia de Buenos Aires.
La comunidad educativa del Jardín 938, ubicado en 9 y 38 de La Plata, se encuentra sumamente preocupada por el lamentable estado edilicio que afecta el normal desarrollo de las actividades escolares. Desde hace más de un mes, los niños y adolescentes se encuentran sin clases debido a la rotura de las bombas de agua en el establecimiento.
A pesar de los reiterados pedidos y reclamos realizados ante las autoridades educativas, hasta el momento no se han encontrado soluciones para resolver esta situación. La falta de agua no solo afecta al funcionamiento del jardín de infantes, sino también al secundario que opera en el mismo lugar, generando un grave perjuicio en la educación de los estudiantes.
Lamentablemente, esta problemática no es exclusiva del Jardín 938, ya que se reportan situaciones similares en otros establecimientos educativos de la región. Ante esta situación, la comunidad educativa insta a las autoridades competentes a tomar medidas urgentes para garantizar el derecho a la educación de los niños y jóvenes, así como también a mejorar las condiciones edilicias de las escuelas.
Es fundamental que se realicen las reparaciones necesarias en el menor tiempo posible y se establezcan medidas preventivas para evitar que situaciones como estas vuelvan a repetirse en el futuro.
La Policía Federal Argentina ha detenido a dos individuos en la ciudad de La Plata, acusados de ser los responsables de amenazar telefónicamente al Embajador de los Estados Unidos y a su familia.
La investigación se inició a raíz de una denuncia presentada en noviembre del año pasado, cuando un empleado de la Embajada estadounidense recibió una llamada desde un número de teléfono celular. En la misma, una voz masculina amenazante expresó: «MUERTE A TODOS, EN LA EMBAJADA Y RESIDENCIA», antes de cortar la comunicación. Posteriormente, se recibió otro llamado en el que se expresó: “QUIERO HABLAR CON EL EMBAJADOR PORQUE QUIERO QUE REDUZCAN LAS PENAS DE MUERTE EN EE.UU”.
Detectives del Departamento Unidad de Investigación Antiterrorista llevaron a cabo diversas tareas investigativas, incluyendo la intervención y el análisis de líneas telefónicas, lo que permitió determinar que las llamadas se originaban desde un locutorio en La Plata y ubicar el domicilio del autor de las amenazas.
Con las pruebas recopiladas, el Juzgado ordenó el allanamiento de la vivienda, donde se procedió a la detención de dos hombres, uno por el delito de “Intimidación Pública” y el otro por “Tenencia Ilegal de Arma de Fuego”. Además, se incautó un Revólver marca “Colt” calibre 38, municiones, documentación, recortes periodísticos relacionados con atentados en Medio Oriente y manuscritos con información sobre la ubicación de embajadas a nivel nacional e internacional.
Los detenidos, de nacionalidad argentina y con edades de 61 y 53 años, quedaron a disposición del Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal Nro. 11, a cargo del Dr. Julián Daniel Ercolini, Secretaría Nro. 21 de la Dra. Carolina Lores Arnaiz.
La Municipalidad de La Plata continúa ejecutando un plan integral de bacheo en una decena de localidades del partido, con el propósito de mejorar la seguridad vial y la circulación tanto de vehículos como de peatones.
En una acción coordinada entre la Secretaría de Planeamiento, Obras y Servicios Públicos y la Secretaría General, se llevan a cabo las labores de reparación de baches que se iniciaron en febrero y que se extienden por diferentes barrios de la ciudad.
La selección de las áreas a intervenir por parte de las cuadrillas municipales se basa en relevamientos realizados por técnicos y personal especializado en avenidas, diagonales, calles y paseos de La Plata.
El objetivo primordial de estas tareas, impulsadas por la gestión del intendente Julio Alak, es asegurar la seguridad de conductores y peatones, mejorar la fluidez del tráfico vehicular y optimizar los accesos y vías de circulación utilizadas cotidianamente por los vecinos de la ciudad.
Oficiales de la DDI La Plata arrestaron ayer lunes a un hombre de 28 años luego de una denuncia por abuso sexual en Los Hornos. El acusado, identificado como Alan Gabriel Gimenez, fue señalado por una amiga quien relató que durante una reunión previa en 165 y 66, él la atacó sexualmente.
La víctima, cuya identidad permanece reservada, declaró que mientras se encontraban en una «previa» antes de salir a bailar, fue abordada por Gimenez y abusada sexualmente, a pesar de su negativa y falta de consentimiento.
El caso fue llevado ante la fiscalía 2 de La Plata, a cargo de Betina Lacki, donde la veracidad de los dichos de la víctima fue respaldada por declaraciones e informes médicos. Tras este proceso, el Juzgado de Garantías avaló la detención del acusado en 154 y 66.
Alan Gabriel Gimenez enfrenta cargos por abuso sexual gravemente ultrajante y aguardará las medidas judiciales correspondientes mientras se desarrolla la investigación.
La calle 54 y 26 era la vía obligada por donde los jugadores de la Liga Amateur entraban a la cancha del Parque Vucetich (ex San Martín), habilitada para sus partidos increíbles desde 1960 a 1995. Una cancha que pertenece al Centro de Fomento General San Martín pero sigue en la memoria como “la cancha de Everton”. El club que este 9 de abril celebra su larga vida de 119 años, siendo uno de los que arrancaron la competencia en La Plata, enfrentando a Estudiantes y Gimnasia. Hoy, con un predio amplio en la zona sur, el Aeropuerto, con doble competencia en Liga Amateur y AFA, y con la dirección técnica que desde hace 18 años tiene a un mismo hombre, Gustavo Luis Bianco, de 54 años, casado y con dos hijos adolescentes, que al igual que muchos “Decanos” que leen esta nota no pueden creer cómo cambió todo, desde aquella cancha prestada, donde Bianco jugó su primer partido. Entonces, con 21 años, libre de Gimnasia, llegó para jugar directamente en Primera división el sábado 24 de abril de 1993, ante Los Tolosanos, rival que venía de ganar dos de los últimos cuatro torneos y que, con un gol en cada tiempo, se llevó la victoria 2 a 0. Afuera, con bastante público, entre eucaliptos, fresnos, tilos y alguna palmera, estuvo asomado al alambrado perimetral del Parque San Martín don Fausto Bianco, su padre, en adelante un hincha que adoptó a Everton con tanto cariño como al Lobo. En una imaginaria votación, hoy nadie dudaría en relacionar el apellido Bianco con Everton, como uno de los que antiguamente lo fundaron en una casa de la calle 58 y 16 (numeral 1244), propiedad de don José Benito Vallejo, a principios del siglo pasado. Volvamos a la primera tarde de Bianco, al partido en el que los once de azul y amarillo fueron Pablo Barros Schelotto; Leandro Milman, Marcelo Pelaez, Marcelo Mazzacane, Carlos Segovia; Mauricio Girotti, Gabriel Crivaro, BIANCO, Giócolo; Bartolomé Martínez y Hernán Vicente.
Bianco recuerda que fue el director técnico de ese momento, Daniel Espinoza, el que lo recibió un jueves, en el parque. «Fuimos con Hernán Vicente y después de unos 20 minutos de fútbol, me sacó y me mandó a la sede a firmar unos papeles ese mismo día”. Espinoza —ya fallecido— fue uno de los pibes de Gimnasia que en 1970 aguantaron la semifinal con Rosario Central, cuando días antes de jugarse el pasaporte a la final del Torneo Nacional, los profesionales y los dirigentes entraron en un tironeo por “los premios”. Esa Liga Amateur había empezado a tener una primavera con algunas figuras que no encontraron chances, ofertas o libros de pases abiertos, y recalaron en pleno amateurismo. Como Ruben Agüero (venía de jugar en Deportivo Quito de Ecuador) y Marcelo Zamora (jugó en Estudiantes en 1983 en el torneo local, como jugador que alternó mientras los titulares afrontaban la Copa Libertadores), ambos, compañeros de Bianco en su año de largada. Pero el nuevo terreno de juego no era parejo y los rivales con más ganas de defenderse con pierna fuerte. Ya el segundo partido, de visitante en la cancha de INDECO, frente a El Cruce, Bianco se tomaba los pelos porque su amigo Hernán Vicente (hijo del recordado ex presidente Roberto Vicente) recibió una infracción que lo tuvo muy mal. Los dos habían jugado en las inferiores de Gimnasia, en la 71, “se pegaba, sí, pero nunca me había lesionado. Ese día se me llenó de sangre la pierna y me cortaron para que drene”. Con el tiempo, un hijo de Gustavo fue apadrinado por Hernán, y la elección fue a la inversa cuando el delantero fue papá. El torneo del 93 —el primero con Bianco—al fin Everton podía aspirar a jugar por un título luego de cuatro años en que se festejaba la permanencia . La clasificación costó sangre, sudor y lágrimas, precisamente en una última fecha donde el rival Lenci terminó con seis jugadores (el último expulsado le pegó a Bianco) y los evertonianos lograban el triunfo en cancha de Montoro y el pasaje a la Zona Campeonato. Sus pases al claro eran el oxígeno de un equipo que empezó a ser protagonista. En el 94 siguió la mejoría, con más juventud que llegaba de Gimnasia y en el 95 la consagración después de 48 años, en la ciudad de Berisso, el 1 de noviembre, con un empate ante Unidos de Olmos que dirimieron por penales. La violencia también dijo presente esa tarde soleada. Bianco, con la 5 en su dorsal, metió un gol en la serie desde los once metros. Fue el segundo goleador del equipo con cinco goles —dos menos que su amigo Vicente—. La felicidad del momento aún se paladea en los dichos del técnico Carlos Sparvieri que lo catalogó como “un jugador muy posicional, de muy buen manejo de pelota y uno de los mejores jugadores con cambio de frentes acá en la Liga, nadie pasaba la pelota como él, de un lado y de otro”. Pablo Ricciardi representa actualmente mucho en Tricolores y en los noventa su juego fue motivo de una convocatoria para la Selección liguista. Así conoció a Bianco, “un rival al que daba placer enfrentar. Más tarde, me lo cruzo ya él como técnico y yo en la dirigencia, y en parte por su personalidad muy abierta y amable, en las charlas era de mostrarte algo para que uno pueda crecer”. Bianco se recibió de contador y al rato “contó” una estrella más como jugador en una inolvidable fiesta deportiva, el día que La Plata cumplía años y definía la Liga en el mítico escenario de 1 y 57. Una final muy disputada con Alianza que finalizó 2 a 2 el jueves 19 de noviembre de 1998. Aparecieron por el túnel Marcelo Ferreyra; Alejandro Sarmiento, Luis Palhao, Marcelo Mazzacane, Rodrigo Tito; Martín Mendiburu, Sebastián De los Reyes, BIANCO, Sebastián Demarco; Sebastián Abdala y Juan Illia. Pasado el tiempo se supo que “El Chaucha” quiso jugar lesionado, hasta que no pudo seguir, a los 10 minutos del segundo tiempo, reemplazado por Sebastián Mazza. Cuando Everton irrumpió en el Torneo Argentino B 1998-98 sumó como refuerzo a otro ex compañero de la adolesencia en la 71 de Gimnasia, Alejandro Andrada (actual entrenador de arqueros de las juveniles triperas). El “Gato” se agigantó en sus vuelos y resultó figura ante rivales de fuste, como Huracán de Tres Arroyos o Yerbatero de Misiones. “Pude compartir las últimas de Gustavo, un 10 de los viejos, que hacía jugar a todos, o bien en el medio para manejar como un patrón de estancia. Una de las mejores zurdas que vi en la Liga, junto a la de Demarco”. Rafael Sastre, su amistad más grande, desde Miramar atiende la llamada y se suma a los saludos por el aniversario de un Club que también aprendió a querer. Se conocieron en el barrio Hipódromo y se trataron cuando entró a trabajar en 1984 al taller de chapa y pintura del papá de Gustavo. “En las vacaciones de verano don Fausto lo hacía aprender el oficio de mecánico”. Era un pequeño de 13 años y terminará la carrera de contador. Pero el amor a la pelota fue la propulsión de esta relación, con un ingrediente extra: en las categorías formativas de Gimnasia, don Angel Mariscal (padrastro de Rafael) y Fausto Bianco, dejaron horas de sus vidas y un afecto perdurable en generaciones de jugadores. Un refrán dice que “el fruto no puede caer muy lejos del árbol”. En 2002 se sacó la camiseta y secándose esas lágrimas secretas de todo jugador, se alistó para empezar una historia como Director Técnico. La primera etapa floreció entre los pibes de Quinta en 2003, una Cuarta en 2004, para pasar a la Primera en reemplazo a Sparvieri que “en 2005 no pudo seguir por laburo”. El primer torneo fue en dupla con Hernán Vercesi. Este, con los detalles que lo pintan en el oficio de DT, suele recordarle a Gustavo “su primer día en el Club, que en realidad fue para los dos”. “¡Tenía una remera celeste!”, tiró sonriente quien hoy vuelve a acompañarlo, como ayudante de campo. Aquel «Decano» tuvo este once base: 1 Leandro Pratto, 2 Bruno Ceraldi, 3 Facundo Mocoroa, 4 Sebastián Salguero, 5 Alejandro Vallejos, 6 Federico Catriel, 7 Federico Pereyra Díaz, 8 Damián Nicolini, 9 Luis Martin, 10 Juan Reichenbach, 11 Fernando Guadarrama. Festejaron los 200 goles del «Luifa», el actual preparador físico de la Selección Argentina, que también iba dejando su etapa de jugador para terminar la facultad. La posta volvió en 2006 a manos de Sparvieri, hasta que éste terminó su romance con Everton. Desde entonces, Bianco fue “solista” desde 2007 hasta el presente, ¡18 años consecutivos! El sentido de pertenencia, la rutina feliz, como la que en Brown de Adrogué lleva Pablo Vicó, quien en marzo empezó su temporada 15 en Primera aunque en su caso sea un ámbito donde el fútbol se rige por contratos. Si bien lo de Bianco es amateur, no le envidia a un trío de personajes públicos, íconos de Europa, que han llevado rachas impresionantes. El francés Guy Roux en el AJ Auxerre alcanzó 44 años al mando del equipo desde 1961 a 2005 (el período tuvo una pequeña interrupción en la temporada 2000-2001). El vínculo se inició en la Championnat National (tercera división francesa, amateur) y se convirtió en profesional al jugar la Ligue 1 francesa. En la tabla de “la continuidad” le siguió con 25 años Alexander Ferguson en Manchester United (1986 a 2013) y con 22 años Arsene Wenger en el Arsenal de Inglaterra (1996 a 2018). Pero Roux, de 85 años, no trabaja más, y “Sir Alex” Ferguson, a sus 82, también dejó; “Le Professeur» Wenger tiene 74 y otros roles como dirigente deportivo, siendo director de desarrollo de la FIFA. En la Argentina, Vicó, de 68, y Bianco, de 52, no piensan en los récords del Libro Guinnes y solo desean la supervivencia de sus instituciones donde también se ponen la pilcha para laburar.
El éxito lo siguió como si fuese su propia sombra, o su obsesión por tener a Everton en lo más alto de las posiciones. Cuatro títulos en el torneo regular (bicampeón 2010, Clausura 2011 y Apertura 2014); tres tres títulos por Copa de Campeones (2016, 2020 y 2021) y dos ascensos en certámenes el Consejo Federal de AFA. Hubo una tarde fría de 2013, el 2 de junio, que se volvió la más calurosa de la historia de Everton al pegar el salto del Torneo Argentino C al Argentino B. Lo consigue a mil kilómetros de La Plata, en Tres Algarrobos. Los héroes amateurs fueron Julián Bidondo (autor del gol agónico que llevó a esos remates) y el arquero Maximiliano Mareco (responsable de atajar dos disparos). Además, son parte de esas páginas del libro dorado José Alvarez, Gastón García, Leandro Felices, Damián Nicolini, Federico Catriel, Gastón Ibañez, Matías Chapetta, Pablo Ferretti, Facundo Acha, Federico Reichenbach, Leandro Díaz Peña, Maxi Yalet, Juan Cruz García y Rodolfo Llanos. Cinco años consecutivos permaneció Everton con viajes y sacrificios económicos donde no faltó el aporte de los mismos muchachos que defendían la camiseta. En un tropiezo deportivo las fuerzas no decayeron y el 30 de abril de 2018 logra reconquistar la divional del Consejo de AFA, el Federal B. Federico Catriel es el jugador que más dirigió Bianco. Libre de Estudiantes (donde fue campeón en Cuarta de AFA) llegó al Club en 2003 cuando todavía no tenía el predio y desde entonces siempre está, salvo un par de años donde fue a préstamo a clubes de Magdalena y de Pehuajó. Con 41 años integra la zaga central en este torneo Apertura 2024 y la razón de su esfuerzo es la motivación que genera el grupo y una buena persona como Gustavo que «me ayuda a encarar con madurez temas de la vida, como los consejos desde que fui padre”. Catriel confiesa que en esos días que no jugaba en Everton, solía volver los jueves para ser el cocinero a pedido de los muchachos. En esos terceros tiempos, una vez Bianco, manteniendo la distancia de técnico, le marcaba el camino. “Ya estás acá, ¿Cuándo te cuento otra vez en el equipo?». La guapeza y el gol fueron sinónimo de «Mono» Ferretti, quien ha sintetizado el estilo Bianco en una frase que «tanto nos ha inculcado él y que los más grandes transmitimos a otras generaciones: el orgullo de pertenecer».
En agosto de 2016 despertaron sin saber si era realidad o ficción la presencia de Leandro Benítez, el talentoso “Chino”, uno de esos regalos que de vez en cuando propicio este fútbol. El ex pincharrata que había levantado la cuarta Libertadores quedó a disposición de Bianco. “Que la pelota pase por el Chino”, fue la consigna del pizarrón evertoniano. Pero en la experiencia más de uno interpretó un poco más el fútbol como un sacrificio. Gastón Galarza tenía 21 cuando sufrió un dolor inmenso al no firmar para el club de su barrio, de su familia, Villa San Carlos. Las heridas se curaron pese a “encontrarme con una Liga desconocida donde decían que me iban a moler a patadas en canchas feas; encontré a un tipo que me dijo ‘vení, ganate el puesto y vas a sentirte muy importante’. En Everton aprendí de la buena energía de un vestuario sano, algo que transmite el cuerpo técnico y la dirigencia desde que pasás el portón del Pachi Funes”. Damián Pasalagua, entrenador de Brandsen, se entusiasma al hablar del colega Bianco. “Te aclaro que te mantenés por los resultados, eh; el sistema es así, sino te descartan, ya sea un grupo de amigos o un proyecto a lo Gallardo en River. Hay que estar en el día a día y para resolver tenes que estar capacitado, y además a Bianco en Everton le sonrió la vida. En este ambiente nos conocemos todos y sé que es querido por sus dirigidos”. Jorge Casanueva, campeón varias veces con ADIP, dirigió por última vez en Lezama, “y me elimina este Everton. Bianco me parece una persona muy correcta y hay que sacarse el sombrero porque siempre ha sido protagonista”.
Everton participa hace un par de meses en la nueva categoría creada en la AFA de la era del «Chiqui» Tapia. El Promocional Amateur (un Sub 25) tiene a catorce clubes por un gran objetivo, llegar a jugar en Primera C en 2025. “La idea es poder disfrutarlo y estar a la altura, con muchos chicos formados en casa”, piensa en voz alta el hombre que suele usar gorrita con vicera y hablar pausado, mirando a los ojos, como lo hace en casa con los hijos que vio crecer, Diego Bianco de 19 y Camila Bianco, de 21, se casó el año pasado con el futbolista Tomás Muro (hoy viven en Rusia). El compañerismo es un espíritu que se pasea por 7 y 629, el predio Oscar “Pachi” Funes, nombre que representa el amor de un hincha por los colores, el hombre común y corriente, laburante y apasionado como los que recorren la Liga. Esos que encuentran una salida sana y les cuesta dejar. Como le pasó a aquel capitán que es presidente, Marcelo Mazzacane; al preparador físico que ahora es Director Deportivo, Gonzalo Uranga; a Marcelo Miceli que ganó muchas medallas y copas y muchos más abrazos para que su gente lo eligiera técnico del Senior y hoy dirigente; a Hernán Vercesi que marcaba la punta izquierda en reserva y hoy coordinador el femenino, mientras ayuda en lo técnico a Bianco; a Hernán Vicente, el que recibía los pases al centímetro y acaba de regresar como protesorero. Todos se encontraron allá por abril de 1993, en que Marcelo Fortes tiraba sombreros en la reserva para seducir miradas de hinchas del viejo barrio. No se termina de explicar es lo de «El Negro”, que está mucho más que en las banderas, pero la vida nos pone a prueba y nos trae a préstamo. “Hace dos años él arrancó con esto de afiliarse a AFA, y si bien estábamos todos de acuerdo con la idea, Fortes fue gran artífice, por el empuje y la convicción”, razona Bianco. Es la comprobación que los locos cuerdos como Fortes son los que encaran las obras de los clubes. Una de ellas, una tribuna detrás del arco que concluye con la sala del Departamento de Fútbol Fausto Bianco, el querido «viejo» que no le faltó nunca a Gustavo, hasta que llegó su adiós. Otra vez la finitud de la existencia. Pero las instituciones quedan.
El almanque habla de 9 de abril y es el cumpleaños de «El Decano». Lugar en el que este escriba vivió un pedazo de su juventud. El próximo año serán 120 y mil historias que quedaron en papeles amarillentos y relatos orales se agrupan en la mente, como los jugadores sedientos de triunfos lo hacen alrededor de una pelota. Por allá, cuando el cansancio le gana a los cuerpos y la cabeza piensa en otra cosa, se oye un ¡Vaaamos, Evertooon! Un grito que parece estirarse con los brazos hacia el cielo, como si del más allá pudiera verse a «Pachi», el mismo hombre que entraba con el bidón de agua y el aerosol para ayudar a Bianco en los primeros partidos, en «la cancha de Everton» que nunca fue de Everton. La que tenía entrada por 54 y 26, por donde suele pasar Gustavo en su auto. “En lo posible trato de pasar despacito y la miro… Ahí fueron los primeros años, qué linda época”. En esa frase, antes de cortar, se puede encontrar la razón de estos 31 años de un tipo especial para un club amado. El que nació como 25 de Mayo y en medio de un fervoroso grupo que había visto el toque del Everton inglés en un amistoso en nuestro país (4-0 ante Alumni) votaron para cambiar el nombre, asamblea mediante. ¡Qué lío se hubiera armado hoy! Lo que nunca cambió fue el sentimiento.
Parados: Pachi Funes, Coluzzi (ayudantes), Splendido, Segovia, Menghini, De los Reyes, M. Salinas y Mazzacane. En cuclillas: Hernán Vicente, Polo, González, Mendiburu y Gustavo Bianco
Una de las mejores charlas que nunca publiqué fue con un señor de nombre Alberto Banegas. Uno de esos tipos que muestran elegancia y seriedad pero que dejan acercarse y te abrazan con la energía reconfortante de los espíritus futboleros. No quiero que se tome una nota como una despedida, que fue la que a todos nos sorprendió el pasado miércoles. Nadie muere definitivamente mientras su recuerdo permanezca en la memoria de alguien. Por eso no se fue “El Gallego”, tal vez quiso decir hasta luego, después de dar con su vida feliz 70 vueltas al sol. Berisso se está enterando y hasta el fútbol de ascenso, con esos rivales gordos que siempre fueron camaradas y amigos de la AFA, dieron sus condolencias y han enviado una corona floral en el velorio realizado en City Bell. Pero “El Gallego”, en su porte y actitud que siempre ve más allá, diría: “¡Ya está, muchachos…! A mirar para adelante, vamos que sigue, eh”.
Así lo escuchábamos en algún que otro partido y después el torneo veía a La Villa como sorpresas, con la enjundia de sus jugadores que jugaban realmente por la camiseta, amén del “billete” que podían tener a cambio. Esos muchachos que hoy le dedican palabras que lo prestigian como dirigente en sus diversos roles, vicepresidente, tesorero y representante de la institución en la Asociación del Fútbol Argentino, en la mesa de alguna de las cuatro divisionales donde anduvo Villa San Carlos durante las dos décadas en que rea,lizó sus labores, desde 1998 a 2018.
Participó en la vida social de los clubes por los que más gozó y donde trabajó para lograr unos cuantos ascensos, ya sea en el mítico Estudiantes como en el sufrido Villa San Carlos. Pero él salió a la vida en las calles de La Plata, de 57 entre 19 y 20, donde se casó y vivió feliz con su muchacha Ana María. Muy joven entró como empleado del Banco Provincia y también se dedicó a la administración de edificios, temas de consorcio, pateando entre relaciones, donde cosechaba más buenos que ingratos. Pero este “Galleguito” sabía meterse en lindos problemas y salir airoso. Quedará en la memoria no de unos pocos que trabajó intensamente por Estudiantes de La Plata, como socio que se sumó apenas se fue al descenso y buscaron apoyo. Su primer amor sacó a relucir la estirpe ganadora y volvió a Primera, quedando en su retina la noche que festejó con el plantel campeón del Nacional B en una casa quinta que tuvo en City Bell.
Alberto conversa con Cascini, a la salida del vestuario que Estudiantes tenía debajo de la platea techada.
Más tarde pasó a ver cómo estaba Villa San Carlos, que curiosamente bajó a la D el mismo año que el Pincha subió a la A. Se llegó a publicar en un periódico que la dirigencia del Celeste, con cierto desgaste, preferiría volver a la Liga Amateur. Entonces, llegó una apuesta gerenciadora. Una tarde en un entrenamiento el técnico Gustavo Vilardell empezó a ver un cambio de aire, ya que le informaban que el manejo del fútbol iba a tener a dos hombres con buenas referencias. Eran Alberto Banegas y Antonio Semplici, precisamente los dos socios que hicieron punta en la ayuda a aquel Estudiantes caído en desagracia. “Gallego”, clase 53, y “Nito”, del 52, se conocían desde el colegio Secundario, aunque no eran demasiados conocidos en el fútbol. Semplici dice “ascendí con Ringuelet en la Liga, pero nada más, pero Alberto era malo, si jugaba te pegaba, aunque todo lo bueno lo tenía como persona”.
Empezó a mirar, a mostrarse y a resolver. En una categoría amateur de entrada no se necesitaba mucho. Fue un brote de gerenciamiento que jamás se debe confundir con privatización. El presidente que lo vio desplegar su plan era Néstor Fernández, otro hacedor del Club de su barrio que dedicó treinta años por la Villa.
Y empezó por abajo, con la excelencia del sembrado de césped en una cancha despareja y con matas. Alberto empezó a descubrir al hincha que era del barrio y a extrañarse cada vez que los veía llegar con la batucada a las canchas inhóspitas de la Capital. Los directores técnicos fueron de entrada con la impronta disciplinada que copió del modelo Pincha: Carlos Pérez (ex ayudante de Sabella y muy amigos) y la dupla de Julián Camino y Ruben Agüero (ex defensores campeones con Bilardo). La Villa hacía amistosos con el Independiente de Trossero, con el Los Andes de Russo y en el armado de sus planteles apuntaba a los jugadores que no le hacían contrato en Estudiantes y Gimnasia.
Y para poder jugar bien en la “D” sorprendió con la excelencia de la cancha sembrada con césped y cuidada religiosamente por el especialista Ferrín. Su cabeza pensaba que “si vienen juveniles con la base de inferiores, una vez que se acostumbren a las canchas, acá sacamos ventaja…”
En el 2000 llegó el primer título (82,22% de promedio en los puntos) pero no hubo ascenso y la revancha llegó en 2001 con otra estrella (93.75%) y esta vez sí el gran salto, que llegó en la cancha de Estudiantes y con un técnico debutante, Carlos Gorostieta, que había llegado el primer día con Pérez.
Gorostieta, el DT que logró el primer título con VSC y Banegas abrazando a Camino (foto: Dany Alvarez).
Mauro Raverta fue uno de los capitanes que ayer tomó el teléfono y respondió con la misma emoción que defendía los colores. “Muchos no sabían lo que hacía El Gallego, estuvo desde el primer momento y era esa clase de tipos que hacía todo sin pedir nada a cambio. Era la cara visible en AFA, ponía su auto, su plata para el combustible y se pasaba horas, para lograr la habilitación de un jugador, un fichaje, y siempre en silencio, por el club”. Muchos jugadores como el “Pollo” Raverta —que jugó hasta reserva en Estudiantes— empezaron a pasar directamente por La Villa sin buscar otras alternativas en categorías superiores o en otras ciudades. La Villa comenzaba a tener vuelo propio. Le faltaba embocar un título y optimismo sobraba en su representante, que iba hasta dos veces por semana a la AFA.
“Se involucró y ayudó mucho a San Carlos, siempre a disposición de todos. Una gran persona con la que compartí mucho”, consideró el símbolo celeste Leandro Martini.
Aún en la lucha por sostenerse en el cuarto nivel del fútbol argentino, sin prisas pero sin pausas, valoraba cada punto y en un regreso triunfal desde Ituzaingó, su cara era la de un enamorado, que lanzó esta humorada en off a este periodista: “¿¡Cuánto cotiza mañana tener el diario Olé y leer este triunfazo de La Villa que va hacia la punta!?”. Ese Renault 19 color bordó que llevaba a jugadores y donde hacía zapping de transmisiones deportivas de La Red, Rivadavia o, La Redonda, radio ésta donde hizo una de sus amistades con Martín Ortíz. El comentarista que adoptó al equipo de Berisso por traerle reminiscencias de su Bragado natal. “Un club cálido se encontró con una buena persona como Alberto. Por eso se unieron para siempre. Fue vicepresidente, representante en AFA y malabarista. Sobre todo malabarista. Ponía plata de su bolsillo para tapar los agujeros. Y ponía ese humor callejero, cómplice, integrador”.
En 2003 “Quique” Slezack ganó la intendencia municipal y ayudó a la institución en busca de nuevos sponsors, pidiéndole como hincha y socio al dueño de Costa Manzana y Asia —dos discotecas— la propaganda de la camiseta. Resultó ser que el dueño, Alejandro Colombo, un oriundo de Berisso, clase 67, que seguía al “Lobo” con los amigos de la Filial Fidel, empezó a frecuentar la cancha del Villero y sufrir junto al “Gallego”, detrás del alambrado; bastaron cuatro años para que “Alejo” tomara la presidencia y empezar el mayor despegue de la historia, pero primero con ese suplicio de evitar caer a la “D” por una Promoción que ganaron en el Estadio Unico.
Vestuarios ganadores. Alberto y un “dale campeón” (en la foto tiene el rostro semitapado por su brazo)
Cuando encontraron al técnico ideal para la Villa, Facundo Besada, en 2008-09 la combinación derivó en un campañón y el egreso de la “C” como campeones (66,66%), con 15 mil almas en el estadio del Bosque y logrando la meta en un añejo clásico.
Entre los pibes que lograron la proeza emergerá un dirigente actual, Santiago París, que tomó nota de lo que hacía silenciosamente Banegas: “Fue un tipo que como unos cuantos que logró trascender en el club sin tocar una pelota, pero tirándose a barrer en los pasillos de la AFA para defender a la Villa. Siempre atento, sabiendo lo que somos, y generoso con los que veníamos de abajo. Siempre rondará su recuerdo en la memoria de los villeros”.
A doce años de su llegada al Club, cuando había una platea para 1400 personas, pasaban a otro Estadio, el renovando “Genasio Salice” que en noviembre 2010 recibía a Defensores de Belgrano. Y otra camada ya preparaba la mejor proeza en un torneo de 42 fechas y el primer puesto que fue la llave al Nacional B. Atrás quedaban Chacarita, Atlanta, Estudiantes de Caseros, y clubes que hoy están en la Liga Profesional: Sarmiento, Platense y Barracas Central. El milagro llegó el día patrio, 25 de mayo de 2013, la primera vez en la historia que daban la vuelta en casa y con la batuta de Rezza (esta vez, DT del riñón de Gimnasia).
Había más hazañas por afrontar y Alberto las gozó con respeto y disfrute, mientras “sus pibes” enfrentaban a Banfield, Defensa y Justicia, Atlético Tucumán y el mismísimo Rey de Copas, Independiente (el pasado 19 de marzo se cumplieron diez años del empate 0-0 en Avellaneda).
En la AFA lo querían todos, incluso aquellos dirigentes a los que le había postergado un ascenso, por caso, Claudio Tapia, “El Chiqui” de Barracas Central, que presidía la mesa de la Divisional y tuvo buen diálogo con Banegas. Eran tiempos de Julio Grondona, quien también compartió un viaje al Mundial de Brasil 2014 con el vicepresidente del sorprendente club que militaba en el Nacional.
“No logró cosas con labia sino con el consenso”, afirma Colombo, quien disfrutó de una amistad familiar más allá de la pelota. “La opinión de él era muy tenida en cuenta, en San Carlos tenía un feeling con los jugadores y en su trabajo en la parte administrativa ha dejado a otros la enseñanza, por ejemplo, de cómo se hace un contrato profesional”.
En el edificio de Viamonte tuvo sus “clásicos” con Sebastián Martinetti, dirigente de Cambaceres entre 2008 y 2017, que no encontraba palabras para “describir la gran persona que fue y la amistad que entablamos a pesar de los colores”. El buen humor siguió en la tribuna durante una Copa del Mundo.
La Villa y el Camba en Brasil. Camiseta celeste para el hijo del presidente de la Villa, Martinetti y Banegas.
Julián Camino (el mismo que Alberto acercó a San Carlos) reconoce que lo conocía desde que “fui jugador de Estudiantes” y lo catalogó de “una persona fenomenal y un dirigente servicial sea cual sea el directivo que se le acercaba por algún tema”. Cuando le preguntamos a Julián si en el Mundial se encontraron en alguna previa, no lo negó pero aclaró… “¡siempre que Sabella nos dejara un ratito libre!”.
Víctor Tiburzi, un berissense nacido en el 56, ex San Carlos y Aldosivi, compartió esas mesas que se extienden y atesora la sonrisa del “Gallego” en una foto junto a Carlos Tempesta, Norberto Paris, Hugo Pauletich, Pedro Kondrasky y Raúl Ferrazuolo. “Futbolisticamente a la Villa siempre la perjudicaban, hasta que Banegas lo representó, llegando a la mesa grande”.
Banegas abraza a Tiburzi y a Tempesta, ex jugadores de San Carlos que ascendieron en la década del 70.
No tenía hijos, pero disfrutaba del cariño con su única hermana Rosa.
El “Gallego” era predisposición, voz de aliento, buen trato, y por algo, apenas cerró su ciclo en la Villa, los dirigentes afistas lo invitaron a colaborar. Si le faltaba un final a pura emoción, don Alberto acompañó a la Selección Argentina en las épicas victorias de las últimas copas, incluida la de Qatar. Pero la reciente operación del corazón y el clima caluroso no dejaron que estuviera en el coronación. Jubilado, viviendo austeramente con el alquiler de un departamento, frecuentó a los amigos de Villa San Carlos hasta la hora de su adiós. “Murió el 3 de abril, día del Aniversario de la autonomía de Berisso”, acertó Colombo, el presidente de las hazañas más grandes. “Como decía Cortazar, hay que vivir la vida sin moverse de la vida”, resoplaba Tiburzi, antes de pegar la vuelta a Mar del Plata, a aquel boliche Pan y Manteca donde Banegas brindó con champán, con la sencilla filosofía de los que aman el fútbol, se enamoran, preguntan cómo se puede mejorar y logran el ascenso, unos cuantos, che. Y ahora que uno lo piensa, el “Gallego” salió campeón de la D, de la C, de la B Metro, todas las veces con el heroico San Carlos de sus sueños, y bebió del trofeo del Nacional B, aquella vez como socio del silencio de su Estudiantes. Mucha gloria y tan bajo perfil. Ahí lo veo, contento con la nota mientras su alma va ascendiendo al cielo. Gran alma, nos vemos. Por acá vamos a hacer de cuenta que todavía estamos yendo a alguna cancha.