El ex futbolista profesional Roberto Luis Trotta a los 59 años, radicado en Estados Unidos, con un amplio y rico historial en el fútbol argentino e italiano (doce clubes, de los cuales “solamente en uno no fui capitán”), y fiel representante del ADN de Estudiantes, rompió el silencio luego de muchos años en una entrevista concedida al periodista platense Martín Cabrera para su ciclo Uno de Batería en You-Tube.
Como tantas veces, el pilar fundamental de la escuela albirroja es la fuerza, el derroche físico y todo lo que rodea al partido, como la estrategia. De esto conversaron y de otros momentos cumbres de su carrera como la coronación mundial con Vélez en 1994, en Tokio, convirtiendole un gol a Milan, y siendo después hombre de la Roma en tiempos de Bianchi.
De la dupla mentada en defensa con Prátola, surgió la primera consulta periodística.
—¿Quién pegaba más?
—Pegaba más el Ruso. Esto no lo hablé mucho con él; después nuestros caminos se abrieron y no lo vi mucho. Pero a Prátola lo veías jugar en la semana y tenía mucha calidad, y después se le salían “las chapitas”, y te metía una patada en la cabeza, que era como tirarte un caño para él, lo disfrutaba. Imagínate que en las inferiores, nosotros eramos la zaga central, y el volante central era Flavio Vaglica que pegaba más que el Ruso y que yo. Imaginate lo que era ese triángulo entre el cinco y los dos centrales en las divisiones inferiores.
—¿Cómo era ese triángulo?
—Trotta, Prátola y Vaglica, no pasaba nadie; yo estaba delante de ellos dos. O sea, yo no los dejaba y si no los agarraba alguno de ellos.

Los “anillos dorados” no le impidieron a Trotta mirar hacia aquel tiempo donde fue un niño de pensión, y donde compartió cancha, vestuario y muchas ilusiones con algunos ex compañero que no llegaron a triunfar por las mismas vicisitudes que tiene el propio fútbol.
Vaglica, por ejemplo. Uno que era bueno para todos los deportes, que desde chiquito integró la selección de básquet platense en categoría mini y la de fútbol en la única liga infantil que existía. Al pasar a Estudiantes, marcando el lateral era una luz. El día que se probó en la desaparecida cancha auxiliar de calle 54 le bastaron unos minutos de prueba para que Juan Ramón Verón llamara a su padre y lo mandara a fichar para AFA. «Fui deportista, mi historia es larga, pero hay tantas cosas en el aire, de ayer y de hoy… Trato de hilvanar, no sé cómo decirlo. También le pifié… le erré».
Lo cierto es que Vaglica Luego, sus progresos futbolísticos se quedaron sin la evolución física necesaria. Consultado al propio Flavio hoy reconoce la cuota de suerte que debe existir y también la predisposición genética para poder “pegar el estirón a tiempo, como lo hicieron ellos (por Prátola y Trotta)”.
Prátola y Vaglica eran vecinos de Tolosa, rubios, aventureros, de mil picados en poteros, ambos pelilargos y pincharratas. Trotta, en cambio, llegó desde el interior (cuando su mamá no quería, pues privilegiaba el estudio) y fichó un par de años después que los nombrados, para la Octava. “Era petiso y un poquito ancho, tenías las piernas media gorditas, le pegaba fuerte y cuando sos chiquito sacas ventaja con la pegada. Siempre fui obsesivo de lo que hacía, de ser perseverante, de entrenar…”, aseguró Trotta.

—¿Cómo fue tu llegada a Estudiantes?
—En La Plata estudiaba mi hermano y trabajaba mi hermana, en un banco, y tenía un poco de llegada a la Bruja Verón. Surge que después leo el diario El Día que había prueba de las ’69. Cuando me iba de vacaciones, yo llevaba los botines en el bolsito. Cumplo años el 28 de enero y me fui a probar el 25 con el entrenador de esa categoría, que me dice ‘venite el sábado que vas a probarte con los chicos del club’. Ese día fue el mismo de mi cumpleaños, el sábado 28, y me dicen que si quería podía quedarme. ‘Andá con Cacho Pueblas, que necesitaba que le traiga el pase’. En esa época era una firma, no se pagaba nada, y mi club Sarmiento de Pigué se portó bien, hizo la típica, arreglaron por unas pelotas a cambio.
Corría 1984. El domingo iba a ver a una primera todavía “con gente muy importante, Herrera, Camino, Russo, Sabella, Trobbiani, Gottardi, Gurrieri. Hice octava, séptima y a los 17 años me suben a reserva, juego doce partidos y debuto en primera división en el ‘86”. Aquel Trotta que vieron del ’86 al ’91 con la albirroja jugó 146 veces y anotó 18 goles. Temperamental y recio zaguero, con carácter fuerte y provocador, que lo hizo sufrir expulsiones.

El jugador más expulsado en la historia del profesionalismo
Roberto Luis Trotta, con 19 tarjetas rojas, encabeza una lista no muy amable de todas las que se confeccionan en el fútbol argentino. El que lo sigue es Edgardo Fabián Prátola, con 18, siendo el “Ruso” quien recibió la totalidad de esas tarjetas que lo retiraron de un campo de juego en Estudiantes. En tanto, el “Cabezón” fue expulsado en el Pincha 10 veces, en Vélez 5, en River 3, en Unión 2 y en Racing 1, con dieciséis árbitros distintos, según se desprende del informe de Víctor Kurhy, socio del Centro de la Investigación para la Historia del Fútbol (CIHF).
La entrevista siguió por el carril que propuso Cabrera.
—¿Tan difíciles eran Trotta y Prátola juntos?
—Eramos difíciles. Imaginate que el ruso, por el tema de su enfermedad, jugó menos tiempo que yo, pero estábamos ahí en tema de expulsiones. A mí me expulsaron mucho por mala palabra, los árbitros te echaban por eso, pero al Ruso era por pegar… Pegaba más que yo.
Tenía dos compañeros que pegaban más que yo, el Ruso y Víctor Sotomayor, los dos tenían mucha calidad.
—Si fueras el entrenador del equipo rival donde juegan Pratola y Trotta, ¿qué le dirías?
—Andá a buscarlos, que los sacás, hacelos echar… Buscalos… buscalos…
El Ruso era mas fácil de entrar. Yo, al contrario, era el que hablaba con el 9. El ruso no hablaba mucho.
Con ganas de interiorizarnos a fondo sobre aquel equipo de fútbol amateur que tenía al “tridente” defensivo tan mentado, consultamos a varios protagonistas de la época y en los archivos encontramos un clasiquito que se picó…

Sexta: recuerdos de un 3 a 0
En 1985, el Pincha aprovechó los huecos que dejó el Lobo en el segundo tiempo y en un partido con espacios y más abiertos a partir de las cuatro expulsiones, decoró el scorer 3 a 0, arrasador, en la cancha principal de calle 1. Un partido “durísimo”, según los testimonios de varios que lo protagonizaron. El referí Ricardo O’Neille decidió expulsar a Noce (primo del arquero Leo), José Napolitano y Guarracino, todos de la visita, y al batallador cinco albirrojo Grilli.
Recordando las formaciones a través de una crónica de época:
Estudiantes: Juan Sanelli; Vaglica, Trotta, Prátola, Valenzuela; Almandoz, Grilli, Alejandro Presa; Fernando Llano, Jorge Fernández, Maroscio. DT Cicora – Malbernat.
Gimnasia: Gregorutti; D’Angelo, Louguet, Fabián Noce, Pablo Romero; De Marziani, Morales, Guarracino; Napolitano, Basílico y Dellarosa. DT Pedro Efime.
Cambios: Carlos Figueroa por Fernández, Splendido por Presa, en Estudiantes; Coman por Morales y Giusseppin por Dellarosa, en Gimnasia.
“Teníamos una de las mejores delanteras”, dice Fabián Noce, dando a entender que el duelo de la tarde estuvo con esa famosa última línea, que según recordó: “tenía al Cabezón Trotta de cuatro, al Ruso de dos y Flavio Vaglica de seis”.
Hugo Marcelo Giusseppin, por su parte, evocó a la 69 donde “llegaron los dos arqueros, a pesar de tener muy buenos jugadores de campo. Basilico y Napolitano no llegaron en Gimnasia pero sí en otros clubes del exterior y el ascenso. Ellos eran duros en la defensa, todos, también nosotros. Veinticinco años después con un montón nos reencontramos en el senior, mezclados”.
Del lado Pincha, Vicente Splendido ordena ese momento en su memoria: Fuimos con Sanelli; y la defensa que era siempre con Trotta, Pratola, Vaglica y Valenzuela”. Y finalmente, toma la palabra el ex DT Roberto Cicora: “Los tuve en Sexta, eran muy buenos pibes, una división muy linda. Vaglica jugaba de central, era muy buen stopper, aguerrido, pero tenía muy poca altura para ese puesto. Por eso pasó después Trotta como central y Vaglica a jugar más como volante retrasado. Metían que daba miedo…”
Volviendo al partido, las voces a cuarenta años de aquel triunfo pincha, dicen que la cosa terminó mal, con Prátola tirado en el piso, desmayado, producto de una trompada de Noce, fruto de una revancha personal “porque en el corner anterior el Ruso me pegó una piña. Me echaron. Terminamos en el hospital, porque se desmayó. Lo más importantes es que en la vida terminamos siendo amigos, y vivimos su etapa final”.

“Me acuerdo que el Ruso quedó tirado inconsciente en el césped (retoma Vaglica), pero afuera de la cancha ya no pasaba nada, teníamos esos códigos que ya se perdieron. Fijate que en la síntesis dice que expulsaron a Napolitano. Yo no se la dejaba agarrar al Jose… porque me gustaba anticiparme al delantero, era tiempista, no era que pegaba fiero como dice Trotta. Como tantas veces ellos le tiraban el pase largo a Napolitano, y me anticipo, se la gano y empiezo a correr para el área de Gimnasia, la tiré para adelante como en el rugby…. (jajaja) Ahí iba Vaglica, cuando en un momento empiezo a dar vueltas y no entiendo más nada, me reboleó de una patada el delantero… Y te aseguro que no hay como un delantero que te pega estando caliente, eh”.
La despedida de Vaglica, campeón en la Liga Amateur
Jugar en la Liga fue algo alucinante para Vaglica. Con una hinchada que los alentaba en El Cruce, club que dio la vuelta olímpica en Cambaceres allá por diciembre de 1997. La Liga que no le dejó dinero pero sí amistades y alguna otra visita al hospital más cercano fruto de las fricciones desmedidas.
Campeón y retirado en paz consigo mismo, para seguir luego una campaña como DT en las divisiones infantiles del Pincha, donde tuvo al arquero Gerónimo Rulli, y fichó a dos defensores que llegarían a disputar una final de la Copa del Mundo, Marcos Rojo y Federico Fernández.
Vaglica, al que recordó recientemente Trotta, había tenido una época de oro, que empezó en fútbol infantil, siendo cinco veces campeón con Toronto y parte de la Selección de LIFIPA. Era goleador. Al llegar a Estudiantes lo ubicaron en la línea de fondo y luego entre los mediocampistas. Cuenta con orgullo que “una vez Miguel Russo me llevó en su auto a ver un partido de la Selección al estadio de River. Tengo muchos recuerdos, muchas cosas para contar”.
Y Trotta también, porque la nota en Uno de Batería terminó recordando a sus primeros maestros…
“Por el Negro Ruben Agüero tengo un cariño grande, esos tipos que sin decirte nada te enseñan muchas cosas. Me pasaba a buscar con su auto por donde vivía al principio, por la calle 70. Hasta el día de hoy me acuerdo de todo de la tarde que debuto, un 14 de diciembre de 1986 contra Platense, le ganamos 3 a 0”.
N. de la R. (foto de tapa en blanco y negro): cabezazo goleador de Roberto Trotta ante Gremio, el primer gol de la noche del jueves 8 de noviembre de 1990. El triunfo fue 2 a 0 y dio la clasificación a Semifinales. Esa noche fueron expulsados Yorno, Centurión y Trotta y cuatro jugadores brasileños.

















