Valeria Lynch vuelve a La Plata: una voz que no deja de reinventarse

La cantante se presentará el 13 de diciembre en la Sala Ginastera del Teatro Argentino, donde recorrerá sus grandes clásicos y presentará nuevas canciones. En una charla por Zoom con Vive La Plata, habló de su vínculo con la ciudad, de su presente artístico, del rock y de las nuevas generaciones que siguen descubriendo su música.

Hay canciones que no necesitan presentación. Apenas comienzan a sonar, alcanzan unas pocas notas para abrir una puerta hacia algún recuerdo. Una historia de amor, una despedida, una noche, una persona que ya no está o simplemente una época de la vida que vuelve durante unos minutos.

Valeria Lynch construyó buena parte de su carrera alrededor de esas canciones. Y después de más de cinco décadas sobre los escenarios, todavía encuentra motivos para volver a empezar.

El próximo 13 de diciembre a las 21, la cantante llegará a la Sala Ginastera del Teatro Argentino de La Plata con un concierto especialmente pensado para el público platense. Allí estarán los clásicos que atravesaron generaciones, pero también habrá lugar para nuevas canciones y para esa búsqueda artística que, lejos de detenerse, parece acompañarla desde el comienzo de su carrera.

La conversación con Valeria ocurre a través de una pantalla. La entrevista es por Zoom, a la distancia, pero hay algo que inmediatamente acorta ese espacio: cuando aparece La Plata en la charla, la cantante deja de hablar solamente del recital y empieza a hablar de recuerdos.

Hace tanto tiempo que no voy a La Plata”, cuenta. Y enseguida aparece una memoria mucho más personal: Los Hornos, sus tíos, sus primos y aquellos años de infancia que todavía permanecen asociados a la ciudad.

“Tuve familiares allá, mis tíos y primos, pasé mucho tiempo allá de chiquita”, recuerda.

Por eso, la llegada al Teatro Argentino no será simplemente una fecha más dentro de una extensa agenda de presentaciones. Para Lynch hay también algo de regreso.

“Estoy contenta de poder estar allá, en un lugar tan querido”, dice.

Foto: Planeta Urbano

Del Hipódromo a la intimidad de la Ginastera

El recital había sido pensado originalmente para septiembre y para un escenario completamente diferente: el Hipódromo de La Plata. Finalmente, la fecha se trasladó a diciembre y la propuesta encontró su nuevo hogar en la Sala Ginastera, un espacio de características muy diferentes. Para Lynch, el cambio no representa un problema. Más bien todo lo contrario.

El estadio siempre es un poco más frío. A mí me gustan más los teatros”, reconoce durante la charla.

La explicación tiene que ver con algo que aparece varias veces a lo largo de la conversación: el vínculo con el público.

“En un teatro vos podés estar más cerca de la gente. Hay más intimidad”, sostiene.

Y esa cercanía parece ser una de las claves de su presente. Porque si algo cambió después de tantos años de carrera no fue el deseo de cantar, sino la manera de vivir el escenario.

Hoy, cuenta, sale a escena “más tranquila”. Sigue queriendo que todo salga “20 puntos”, pero ya no carga sobre sus hombros cada detalle del espectáculo.

“Antes estaba más pendiente de todo y ahora estoy descansando más, dejo que mi equipo trabaje y yo me concentro más en lo mío, que es salir al escenario”, explica.

Es una frase que resume una transformación profunda: después de décadas de exigencia, Lynch parece disfrutar de algo que antes quizás costaba más. La posibilidad de concentrarse simplemente en cantar.

Foto: Supernovaentretenimiento

Una artista que nunca se quedó quieta

Si algo define a Valeria Lynch es la capacidad de moverse. Baladas, pop, tango, folklore, música tropical y rock forman parte de una trayectoria que nunca pareció aceptar demasiado bien las etiquetas. En 2017 esa inquietud encontró una expresión contundente con “Extraña dama del rock”, un disco producido por Álvaro Villagra y Mariano Martínez, en el que revisó canciones del rock nacional: Pappo, Divididos, Fito Páez, Charly García, GIT, Soda Stereo, Attaque 77 y Serú Girán aparecieron dentro de aquella aventura.

La relación con el rock, de todos modos, viene de mucho antes. El propio Pappo llegó a definirla como una de las grandes voces roqueras y ambos compartieron escenario en 1994 con una versión de “Up Where We Belong”, de Joe Cocker. Hoy, esa búsqueda continúa de otra manera.

Mariano Martínez, guitarrista de Attaque 77, compañero de vida y artístico desde hace siete años y medio, sigue ocupando un lugar importante en ese proceso. Incluso, durante la entrevista aparece espontáneamente en pantalla: Valeria lo presenta, él saluda amistosamente.

También habla con afecto de Álvaro Villagra, a quien define como “divino”, además de destacar su experiencia trabajando junto a grandes nombres del rock.

Pero Lynch no mira únicamente el pasado. Su curiosidad también está puesta en quienes vienen detrás. Cuenta que escucha y admira a artistas jóvenes y menciona a Trueno, Catriel y Paco Amoroso. Le interesa esa generación que mezcla estilos, rompe fronteras y busca una identidad propia.

“Un artista no tiene techo ni límites. Tiene que hurgar por otros caminos”, afirma.

Quizás esa frase explique mejor que ninguna otra su propia trayectoria.

Foto:Gerardo Viercovich- La Nacion

El escenario como estreno

Hay algo particularmente llamativo cuando Valeria habla de sus canciones más conocidas.

“Me das cada día más”, “Qué ganas de no verte nunca más”, “Como una loba” o “Señor amante” forman parte de la memoria musical de varias generaciones. Son canciones que podría cantar casi de memoria cualquier público que haya crecido escuchándola.

Sin embargo, para Lynch no existe la posibilidad de hacerlas simplemente “de taquito”.

“Una no puede cantar los clásicos de taquito. Lo hago como si fueran estrenos”, cuenta. La razón, está en el público que tiene enfrente, porque cada noche puede haber alguien que la haya visto decenas de veces, pero también alguien que esté escuchándola por primera vez. Y esa mirada modifica la responsabilidad del artista.

“Cada vez que veo la cara de la gente, que a lo mejor tiene una sola vez para verte en vivo…”, explica.

Ahí aparece una de las palabras que más repite durante la entrevista: agradecimiento.

“Es el público el que nos mantiene en ese lugar de privilegio a los artistas”, sostiene.

Y quizás allí esté una de las razones por las que, después de más de 50 años de trayectoria, todavía se sorprende cuando descubre jóvenes entre quienes se acercan a sus conciertos.

La música después de cinco décadas

Lejos de pensar que ya está todo hecho, Lynch continúa tomando clases de canto, grabando y buscando nuevas formas de expresarse; su postura frente a la tecnología también tiene algo de esa contradicción que la caracteriza: es una artista de otra época que, sin embargo, no le teme a lo nuevo. Habla del vinilo, formato que le interesa especialmente por su sonido y que incluso tiene ganas de volver a editar: “Me acostumbré de Mariano, que es un gran coleccionista”, sostiene, mientras reflexiona sobre el autotune, una herramienta que conoce desde mucho antes de que se convirtiera en un recurso habitual de la música popular: “En los 90 grabé en EEUU un tema que es Muñeca Rota y Robot Programado, allí fue la primera en hacer autotune. Se puede decir que soy pionera. Fue un efecto que hicimos cuando eso acá ni existía”.

Pero para ella,  esa herramienta puede funcionar como efecto artístico, pero no como reemplazo de la voz, porque, en definitiva, el escenario sigue siendo el lugar donde no hay demasiado margen para esconderse: “Lo que hacés en un escenario es eso. Te estás mostrando vos con tu propia voz”, afirma.

La tecnología cambia. Cambian las formas de grabar, cambian las maneras de escuchar música, cambian los escenarios y también las generaciones; pero hay algo que permanece: una cantante frente a su público: “Me gusta tirarme a la pileta a ver qué pasa”, sentencia.

Cuando se le pregunta qué le queda pendiente después de semejante recorrido, la respuesta sorprende por su sencillez.

“No me quedó pendiente nada en especial dentro de la música. Pero siempre le doy mucha importancia a todos los proyectos nuevos. En lugar de decir, no, esto no, digo, ¿por qué no? Es una forma de crecer, sostiene. Se puede decir que soy una artista de riesgo”, afirma.

Quizás sea precisamente esa disposición la que explique su permanencia.

Porque la historia de Valeria Lynch no parece ser la de una artista que llegó a un lugar y decidió quedarse allí. Es la de alguien que, aun después de haber construido una carrera de 21 discos de estudio y seis registros en vivo, sigue buscando nuevas canciones, nuevos sonidos y nuevas formas de encontrarse con quienes la escuchan.

El 13 de diciembre, la pileta será la Sala Ginastera. La pantalla de la entrevista quedará atrás y habrá un escenario real, músicos, luces y un público que llegará con sus propios recuerdos, algunos conocerán cada palabra, otros descubrirán esas canciones por primera vez.

Y Valeria Lynch volverá a hacer aquello que lleva más de cinco décadas haciendo: cantar.

Pero, como ella misma dice, como si cada clásico fuera un estreno.

Foto: Gabriel Machado

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