Cansados de la falta de respuestas oficiales, los vecinos del barrio San Antonio decidieron tomar cartas en el asunto por cuenta propia. Unas 180 familias que viven y circulan diariamente por la zona de calle 96, entre 137 y 140, organizaron una colecta para financiar la reparación de su calle, que se encontraba «intransitable».
No es la primera vez que los vecinos deben recurrir a sus propios recursos para suplir tareas que corresponden a la Comuna: es la segunda vez en seis años que afrontan el costo y la logística de los arreglos viales. Según denuncian, la situación de abandono es integral:
- Infraestructura: Pozos profundos que dañan vehículos y dificultan el acceso de ambulancias o bomberos.
- Mantenimiento: Zanjas obstruidas y pastizales altos.
- Iluminación: Luminarias fuera de servicio que los mismos frentistas terminan costeando.
A pesar de las constantes comunicaciones a la línea 147 y de haber mantenido reuniones con los delegados de Los Hornos y Arana, la respuesta institucional se limitó a promesas incumplidas. «La respuesta es siempre ‘ya vamos a ir’, pero nunca concretan soluciones», explicaron los vecinos.
Más allá del daño material a los vehículos particulares, la mayor preocupación de las familias radica en la inaccesibilidad para los servicios de emergencia. Los vecinos advierten que, en días de lluvia, la calle 96 se convierte en un lodazal intransitable que bloquea el ingreso de unidades de traslado. Esta situación de aislamiento forzado no solo afecta a las ambulancias, sino que también interrumpe el recorrido de transportes escolares y servicios de seguridad, dejando a las 180 familias en una vulnerabilidad extrema frente a cualquier contingencia nocturna o climática.
Para concretar los arreglos, los vecinos debieron conformar una red de comunicación y logística que excede lo vecinal. Mediante asambleas y grupos de mensajería, coordinaron no solo la recaudación de fondos, sino también la fiscalización de las obras para asegurar que el material dure el mayor tiempo posible. Este nivel de organización vecinal, si bien es destacado como una muestra de solidaridad comunitaria, es vivido por los protagonistas con amargura: es el síntoma final de un Estado ausente que ha delegado la infraestructura básica en manos de los propios contribuyentes.
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