Se cumplen dos décadas de una declaración que marcó un antes y un después en los juicios por delitos de lesa humanidad. Tres meses más tarde, López desapareció por segunda vez y su caso continúa impune.
Este 28 de junio se cumplen 20 años de la declaración de Jorge Julio López en el juicio contra el exdirector de Investigaciones de la Policía Bonaerense, Miguel Osvaldo Etchecolatz. Su testimonio fue una de las piezas fundamentales para reconstruir el funcionamiento del aparato represivo durante la última dictadura cívico-militar y resultó determinante para la condena del represor.
López declaró ante el Tribunal Oral Federal N°1 de La Plata en el marco del primer juicio por delitos de lesa humanidad que llegó a sentencia luego de la anulación de las Leyes de Punto Final y Obediencia Debida. Aquel proceso judicial significó un punto de inflexión en la política de Memoria, Verdad y Justicia y abrió el camino para la reapertura de cientos de causas contra responsables del terrorismo de Estado en todo el país.
La causa contra Etchecolatz también quedó en la historia porque el tribunal consideró, por primera vez, que los delitos cometidos durante la última dictadura formaron parte de un genocidio, una definición que marcó un precedente en la Justicia argentina.
Durante su declaración, López reconstruyó con crudeza los 159 días que permaneció secuestrado en centros clandestinos de detención entre el 27 de octubre de 1976 y el 4 de abril de 1977. Luego fue trasladado a la Unidad 9 de La Plata, donde permaneció detenido de manera legalizada durante casi dos años más.
Su relato no se limitó al sufrimiento personal. También aportó detalles sobre las torturas, asesinatos y desapariciones de otros detenidos. Recordó, por ejemplo, el caso de Alejandro Sánchez, sometido durante horas a la picana eléctrica, y el de Patricia Dell’Orto, asesinada delante suyo tras suplicar por su vida: «¡No me maten, por favor, quiero criar a mi hijo, llévenme presa, pero no me maten!«, relató que alcanzó a escuchar instantes antes de su ejecución.
López también identificó a varios integrantes del grupo de tareas que actuaba bajo las órdenes de Etchecolatz, entre ellos Amílcar Tarella, Julio César Garachico, Hugo Guallama y Carlos «Manopla» Gómez, señalado como uno de los responsables de los interrogatorios bajo tortura. Además, mencionó al entonces arzobispo de La Plata, monseñor Antonio José Plaza, a quien vinculó con el circuito represivo.
«Yo hasta pensé, si un día me lo cruzo a Etchecolatz, lo voy a matar. Pero después pensé qué sentido tenía matar una porquería de esas. Era un ser sin compasión», expresó durante una de sus declaraciones ante el tribunal.

La segunda desaparición
El 18 de septiembre de 2006, el mismo día en que se conocerían los alegatos finales y la posterior condena a reclusión perpetua de Etchecolatz, Jorge Julio López salió de su casa y nunca regresó. Su desaparición ocurrió en plena democracia y es considerada una segunda desaparición forzada, en un hecho que conmocionó al país y encendió las alarmas sobre la seguridad de quienes declaraban en los juicios por delitos de lesa humanidad.
A dos décadas de aquel testimonio y casi veinte años de su desaparición, el caso continúa sin resolverse. No hubo condenados, ni se logró determinar qué ocurrió con López, cuya ausencia sigue siendo uno de los episodios más graves de la democracia argentina.
Cada 18 de septiembre, organismos de derechos humanos, familiares, amigos y agrupaciones sociales realizan actos y movilizaciones para exigir justicia y mantener viva la memoria de quien, con su testimonio, contribuyó a romper décadas de impunidad y permitió avanzar en el juzgamiento de algunos de los principales responsables del terrorismo de Estado.



