Pese a que su mandato cumplirá tres años en diciembre, Javier Milei continúa realizando promesas como parche ante el descontento social reflejado en encuestas nacionales. OPINIÓN.
El discurso realizado por el presidente Javier Milei el miércoles 21 de octubre en el Nueva Economía Forum 2026 de Madrid, España, fue el epicentro de la agenda mediática en los días posteriores, tanto en los medios nacionales como internacionales.
Uno de los elementos que llamaron la atención fue la reiteración de promesas en torno al futuro de la Argentina, no sólo en términos cercanos, sino en términos históricos: »Una vez que se tranquilice el contexto internacional y que el año que viene los argentinos validen este rumbo en la Argentina, sin lugar a dudas Argentina va camino a convertirse en investment grade y va a empezar a experimentar un proceso de crecimiento como nunca se ha visto en la historia argentina».
Junto a esto, a fines de septiembre, durante el 62° Coloquio de IDEA 2026, Milei declaró que »lo primero que hay que tener es paciencia. Los procesos de crecimiento no son instantáneos. (…) En el medio está la máquina de impedir y además un shock externo de magnitudes enormes». Ambos discursos culpabilizan a los agentes internacionales y piden tiempo a la sociedad argentina.

Las promesas y el pedido de paciencia vienen acompañadas de encuestas que reflejan el malestar general de la población. Según un relevamiento nacional del CELAG (Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica), el 69,1% de las respuestas de la percepción sobre la situación nacional son negativas.
Al mismo tiempo, la imagen de Javier Milei también fue calificada por el 58,2% de los encuestados en términos negativos.
En cuanto a los sectores que aún apoyan al gobierno, el 59,4% acompaña el proyecto para impedir que el peronismo o el kirchnerismo retornen al poder, mientras que sólo el 37,5% lo hace porque coincide con sus ideas y su forma de gobernanza.
Esto podría explicar la necesidad de realizar discursos que se sostengan en la esperanza y en el futuro, articulado con la »campaña del miedo» de regreso del kirchnerismo, mientras que el presente, pese al aparente superávit fiscal, tiene poco para ofrecerle al ciudadano de a pie.




