El boleto subió otra vez esta semana y el argumento oficial es siempre el mismo: la actualización responde a una fórmula atada a la inflación, nada personal, nada político. Pero cuando se pone el dato al lado del que rige en la Ciudad de Buenos Aires, la ecuación empieza a hacer ruido. ¿La automaticidad del ajuste esconde que unos pagan más que otros por viajar lo mismo?
Desde este fin de semana rige un nuevo cuadro tarifario para los micros que circulan en La Plata y la región, con un ajuste del 4,44% que llevó el boleto mínimo a $1.210,17 y el de mayor distancia a $2.077,96. Para quien usa el transporte público todos los días el número frío se traduce rápido en algo concreto: entre $48.000 y $99.000 por mes, según la distancia recorrida y la cantidad de días que viaje por semana.
El caso más extremo es el de quienes no tienen la tarjeta SUBE registrada a su nombre. Ahí el boleto mínimo trepa a $2.420,35, y una persona que viaje ida y vuelta seis días a la semana puede terminar pagando más de $116.000 mensuales solo en transporte. Es la misma lógica que castiga siempre a los mismos: quien no hizo el trámite de registro termina pagando la tarifa más alta del sistema.
El aumento no aparece aislado. Se suma a una suba previa de hasta el 43% que ya había sido confirmada meses atrás, y llega en un contexto donde, según relevamientos previos sobre movilidad en la región, cada vez circulan menos micros mientras crecen los viajes en auto, moto y bicicleta. El combustible caro y las frecuencias reducidas empujan a la gente hacia alternativas que, paradójicamente, también implican gastos que no todos pueden afrontar.

Ahí aparece la pregunta que no cierra fácil. El Ministerio de Transporte bonaerense sostiene que el esquema de actualización sigue un criterio técnico, atado a la inflación, pensado justamente para sacarle a la tarifa la discusión política de cada mes. Pero cuando se compara la fórmula bonaerense con la que rige en la Ciudad de Buenos Aires, la brecha es difícil de ignorar: mientras que en agosto el boleto mínimo de un colectivo en CABA quedó en $820,99, en la provincia el piso ya es de $1.063,98, y en tramos como los de La Plata puede superar los $1.200. ¿Un mecanismo pensado para despolitizar la tarifa, entonces, termina de todos modos trasladando un ajuste más duro a quien vive del otro lado de la General Paz?
La comparación no es menor porque habla de algo más estructural que el número de un boletín oficial. El transporte público en el conurbano y en el interior bonaerense viene absorbiendo aumentos por encima de la inflación general en varios tramos, mientras los salarios —según coinciden distintos informes económicos difundidos en los últimos meses— no logran seguirle el ritmo al mismo nivel. Quien vive en La Plata y depende del micro para llegar a la facultad o al trabajo no tiene, en la mayoría de los casos, alternativas de transporte más baratas.
Por ahora, el aumento ya está vigente y nadie en el gobierno provincial lo discute puertas adentro: es la fórmula, dicen, y la fórmula no negocia. Lo que queda pendiente es si esa misma fórmula, aplicada mes a mes sin pausa, sigue siendo sostenible para el bolsillo de quien la paga todos los días.



