La conductora Fiorella Sargenti cortó en vivo su programa para denunciar despidos masivos tras un reclamo colectivo de haberes. Lo que siguió fue una imagen potente y un canal en silencio. Pero la crisis también volvió a iluminar la figura de Augusto Marini, el misionero dueño de Blender y Carajo, y la de un operador judicial platense que preside una de sus empresas: Enrique Saraví O’Keefe, ex funcionario vidalista que ahora gerencia la batalla cultural libertaria.
Ayer por la tarde, durante la transmisión de Último Aviso, Fiorella Sargenti paró en seco su programa, miró a cámara y dijo lo que nadie en el estudio quería decir: la empresa había despedido a un grupo de compañeros por hacer un reclamo vinculado a sus salarios. «Hay guardias esperándonos afuera», agregó. Segundos después, la pantalla se fue a negro. El canal quedó en silencio. Y lo que empezó como un conflicto laboral interno se convirtió, en cuestión de horas, en uno de los temas más comentados del ecosistema digital argentino.
El reclamo no era improvisado ni desmesurado. La planta del canal había enviado un correo colectivo pidiendo que se respetaran acuerdos ya pactados antes de empezar el año: el pago de feriados, la aplicación de aumentos trimestrales y la revisión de la situación de empleados perjudicados por cambios internos recientes. Pedían, en definitiva, que se cumpliera lo prometido. La respuesta de la conducción fue el despido. Según fuentes del canal, Marini habría echado a unas veinte personas en una primera decisión.
El SiPreBA (Sindicato de Prensa de Buenos Aires) repudió de inmediato la medida y la calificó como antisindical. Desde otros programas del mismo entorno llegaron gestos de solidaridad. El conductor Marcos Aramburu apuntó directo contra la cúpula empresarial, a la que tachó de «inútil», y cerró con una frase que resume bien el clima de época en ese ecosistema: «Algunos medios ‘nuevos’ se parecen mucho a los viejos». La postura de los trabajadores, mientras tanto, es por ahora inflexible: exigen la reincorporación inmediata de todos los despedidos.
Augusto Marini, el empresario misionero que compró la totalidad de Blender en 2025 y tomó el control del canal, que a partir de ese momento inició un lento declive hasta la crisis que estalló el jueves. Marini también es dueño de Carajo, la señal asociada a la batalla cultural libertaria. Está a un paso de quedarse con el manejo del Canal de la Ciudad, luego de presentar una oferta que superó por 35 millones de pesos la propuesta rival, garantizando un canon mensual de 50 millones. Esta expansión mediática avanza en paralelo con sus negocios estatales: hace apenas un mes, el gobierno libertario le adjudicó una contratación directa por casi cuatro millones de dólares para la reparación de trenes.
La paradoja es bastante evidente: un empresario que financia el canal de la «libertad» y al mismo tiempo acumula contratos con el Estado y está cerca de quedarse con un canal público. Difícil no preguntarse si el discurso anti-casta llega a la administración de recursos propios.
Y acá es donde entra el dato que ya adelantó este medio. Enrique Saraví O’Keefe, conocido como «Mequi» en su círculo, es hoy presidente de Carajo SA. Su trayectoria no viene del periodismo ni de la producción de contenidos: fue funcionario del Ministerio de Justicia bonaerense durante la gestión de María Eugenia Vidal, con vínculos estrechos con el entonces ministro Gustavo Ferrari, y tuvo también un paso por el Colegio de Abogados de La Plata, donde ocupó un cargo como secretario. Desde ese lugar construyó un capital de relaciones que parece haber sido la llave de su salto al streaming político.
El caso Blender, entonces, excede la discusión sobre salarios. Expone la trama de un ecosistema que se presenta como horizontal y rupturista, pero que puertas adentro reproduce lógicas empresariales bastante más tradicionales. Y el descargo de Tomás Rebord lo dejó en evidencia sin querer. El conductor de Hay algo ahí reveló que Blender despidió a toda la producción de su programa mientras él estaba físicamente fuera del país, que intentó comunicarse durante todo el día con las autoridades del canal sin obtener respuesta, y que terminó interpretando la medida como «un superataque» a su persona y a su equipo. Ante el vacío de respuestas, anunció la reactivación de hagov.ar, la plataforma de suscripciones que usaba antes, esta vez con un objetivo diferente: darle respaldo económico a los compañeros que quedaron sin trabajo. Difícil no preguntarse qué diferencia queda entre un medio «nuevo» que despide a veinte personas por un mail y uno de los viejos que siempre se presentaron como el problema.
¿Cuántos de los operadores que construyeron la política judicial bonaerense en la última década terminaron, sin hacer demasiado ruido, gerenciando los medios que hoy moldean el debate político? Para más contexto sobre quién es Saraví O’Keefe y cómo llegó hasta acá, la nota completa está en vivelaplata.com.ar.



