En una ciudad donde la universidad, la política y la cultura conviven a metros de distancia, un stream joven empezó a ocupar un lugar que ningún medio tradicional terminaba de llenar. Sección Capital lleva apenas unos meses al aire y ya acumula contenidos con decenas de miles de interacciones.
El formato que en los últimos años reordenó el consumo de medios en el país empezó a hacerse presente en las ciudades del interior bonaerense, y La Plata no quedó afuera. Después de que Luzu, Olga, Blender o Gelatina demostraran que se podía construir audiencia sin señal de aire ni licencia de radio, la lógica se replicó en escala local. En la capital bonaerense podemos encontrarnos con varios de ellos, pero hay uno que comenzó a llamar la atención por su despegue en las redes, Sección Capital, un stream platense que salió al aire hace unos meses, es uno de los proyectos que empezó a ocupar ese lugar en la ciudad.
La apuesta es la misma que hicieron los canales porteños: una grilla que mezcla actualidad, cultura, deporte y humor, columnistas con identidad propia y un uso intensivo de las redes para que cada bloque tenga vida más allá del vivo. Su programa insignia, Tarde Pero Voy, funciona como espacio de entrevistas a bandas, solistas y proyectos culturales de la región, y varias de sus columnas cruzan la agenda nacional con lo que se discute en la ciudad.
Según datos difundidos por el propio canal, algunas de sus publicaciones superaron los 60 mil «Me gusta», con picos durante la cobertura del Mundial. Es un número alto para un medio local emergente, aunque conviene leerlo con cuidado: en la economía de las plataformas, el alcance de un posteo aislado dice bastante menos sobre la salud de un proyecto que la capacidad de repetirlo semana a semana.
Y ahí aparece la pregunta que atraviesa a todos los proyectos de este tipo, no solo a este. ¿Qué se está midiendo cuando se mide un stream? ¿La cantidad de gente que mira el vivo, que en La Plata suele ser modesta, o la circulación de los recortes que después se viralizan en Instagram y TikTok? Buena parte del sector todavía discute cuál de esas dos cosas define el éxito, y la respuesta no es menor: de eso dependen los acuerdos comerciales que hacen viable una redacción.
Lo que sí explica el crecimiento del formato en La Plata es el terreno. Es una ciudad con más de cien mil estudiantes universitarios, una tradición de radios y medios ligados a la UNLP y una escena musical que históricamente tuvo más producción que pantallas donde mostrarse. En ese contexto, un canal que abre el micrófono a bandas locales, a docentes de distintas facultades y a comunicadores en formación encuentra materia prima disponible.

El otro dato es cómo esto reordena la competencia local. Durante décadas, la conversación platense se organizó alrededor de un puñado de medios gráficos, radios y portales. La aparición de proyectos nativos digitales que producen video, cortan clips y disputan la misma atención en las mismas plataformas rompe ese esquema, no necesariamente para desplazarlo sino para obligarlo a moverse. Que un medio joven consiga que un contenido producido en La Plata circule fuera de la ciudad es una señal de que la frontera entre lo local y lo nacional es cada vez más porosa.
Es temprano para saber cuáles de estos proyectos van a seguir en pie dentro de dos años. La historia reciente del streaming argentino tiene tantos casos de crecimiento veloz como de cierres silenciosos, y la diferencia casi nunca estuvo en la calidad del contenido sino en el modelo de negocios que había detrás. Lo que ya quedó demostrado, en todo caso, es que la audiencia existe y que en La Plata había una conversación esperando pantalla.



