Política

¿Quién ordena el territorio de Alak? Delegados caídos, denuncias y un heredero en problemas

Un caño roto en Romero y un delegado que les echa la culpa a los vecinos encendieron una alarma que en el Municipio ya conocían. Recambios en San Carlos y Olmos, tres nombres en tres años en Abasto y denuncias en El Peligro dibujan un mapa territorial que no termina de ordenarse. Y el costo político empieza a tener destinatario.

El último capítulo se escribió en la esquina de 163 y 522, en Melchor Romero. Un caño roto en plena calle obligó a los vecinos a clausurar el cruce mientras el agua empezaba a entrar en algunas casas. Según contaron a La Plata 1, cuando le pidieron la reparación al delegado Juan Simón Mirasso, la respuesta fue que el pozo lo habían tapado ellos mismos con basura. Un vecino terminó sacando los residuos y destapando el caño por su cuenta. En la misma calle, entre 522 y 524, no funciona ninguna luminaria y de noche la cuadra queda a oscuras. Lo que dejaron planteado los frentistas es tan simple como incómodo: si el delegado se va a hacer cargo o si también les toca a ellos comprar los materiales.

El último capítulo se escribió en la esquina de 163 y 522, en Melchor Romero. Un caño roto en plena calle obligó a los vecinos a clausurar el cruce mientras el agua empezaba a entrar en algunas casas. Según contaron a La Plata 1, cuando le pidieron la reparación al delegado Juan Simón Mirasso, la respuesta fue que el pozo lo habían tapado ellos mismos con basura. Un vecino terminó sacando los residuos y destapando el caño por su cuenta. En la misma calle, entre 522 y 524, no funciona ninguna luminaria y de noche la cuadra queda a oscuras. Lo que dejaron planteado los frentistas es tan simple como incómodo: si el delegado se va a hacer cargo o si también les toca a ellos comprar los materiales.

No es un episodio aislado. En las últimas semanas, este medio contó el escrache a Mirasso después de cuatro días sin luz en San Cayetano y la colecta que organizaron los vecinos de El Futuro para arreglar la calle por donde pasa el Oeste 16. Las denuncias recaen sobre una zona altamente sensible para la gestión de Julio Alak, y Mirasso es uno de los pocos delegados que sobreviven desde el inicio de la gestión en una región donde muchos no llegaron tan lejos. Soltarlo ahora tendría un costo extra, porque sería admitir que tampoco ahí funcionó.

La lista de recambios ayuda a entender por qué. En San Carlos, Damián Navarro reemplazó a Cecilia Ávalos. En Olmos, Anabel Gratti ocupó el lugar de Diego Simonetti, a quien se le cuestionaba no vivir en la localidad que debía representar. Por separado, cada cambio puede leerse como un ajuste de gestión. Juntos, empiezan a mostrar otra cosa. ¿Es razonable tanta rotación en la herramienta con la que el Municipio llega a los barrios, o es la señal de un armado territorial que nunca terminó de asentarse?

Abasto es el caso más claro. Tres delegados en tres años. El primero fue Jorge Martínez, presidente de la cooperativa de agua potable de la localidad, que renunció en medio de denuncias de corrupción. El segundo, fue reemplazado después del desgaste que le significó al intendente la disputa por el club abastense. Con dos salidas en la espalda, Alak debió convocar a Guillermo Palazzo para hacerse cargo de la delegación.

El capítulo, sin embargo, no se cerró con el recambio. En los pasillos del Palacio Municipal preocupa que una hija de Martínez aparezca vinculada a un resonante caso de loteos ilegales y estafas en la zona. Nada de eso alcanza por sí mismo al exdelegado, y conviene decirlo con claridad. Pero en política la cercanía pesa, y pesa más cuando el tema es la tierra en una localidad del cordón frutihortícola donde cada lote vale cada vez más.

En El Peligro el tono es otro, aunque el fondo se parece. La delegada Graciela Mujica enfrenta reclamos permanentes de los vecinos, que la denuncian por clausurar comercios cuyos dueños no la apoyan. Es una acusación grave que, por lo que pudo saber este medio, todavía no tiene un correlato formal conocido. Si fuera cierta, ¿dónde termina el poder de policía municipal y dónde empieza la disciplina política? Y si no lo es, ¿por qué el malestar vecinal elige esa forma de expresarse?

Todos estos ruidos llegan al mismo despacho. Las delegaciones dependen de la Secretaría General del Municipio, a cargo de Norberto «Chucho» Gómez, responsable político del armado alakista en el territorio. Hasta no hace mucho, Gómez aparecía en el pelotón de los herederos naturales del intendente. Hoy, con un mapa de delegaciones que se reordena a fuerza de renuncias y reemplazos, sus chances parecen licuarse a gran velocidad. ¿Puede alguien pensar en la sucesión si no logra ordenar la propia tropa en los barrios?

En localidades donde el centro de la ciudad queda lejos, la delegación es la cara más cercana del Estado municipal, el lugar al que se va por un pozo, una luminaria que no prende o una zanja tapada. Cuando esa cara cambia cada pocos meses o queda envuelta en denuncias, lo que se resiente no es solo un armado político. Se resiente la idea de que los vecinos tengan las respuestas necesarias por parte del Estado.

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